sábado, 28 de septiembre de 2013

LA FE QUE MUEVE MONTAÑAS


Ésta mañana visité nuevamente el Templo de piedras. Necesitaba el silencio, la soledad del sitio y el sentimiento de reverencia que me abraza cuando en él me entrego al verdadero templo, que no es uno hecho de materia física.

Estuve de pié, me dejé acariciar por la brisa fresca y al fin decidí sentarme en las piedras, con mis custodios caninos muy cerca.

Hace días que me urgía ese escape…no como escape de lo que llamamos realidad, que a veces es todo lo contrario, solo apariencia humana, sino un escape a entregar todo lo que estaba siendo una opresión, una carga, cierta tristeza, mucha tarea.

Luego de sentarme, entoné el HU por unos minutos, y puse en mi pantalla y en mi corazón los rostros de dos seres que están en éstos momentos en procesos difíciles de su vida, uno, Marcelo, internado en terapia intensiva, y otra hermosa y valiente hermanita que enfrenta también una enfermedad con la cual aún está muy enojada…es más :está enojada con ella misma.

Allí estaban conmigo esos dos bellos seres a los que envié toda la energía de Hoóponopono y Luz…y descendió a raudales una profunda paz.

Cuando salí de mi estado meditacional, escuchaba lejos una radio emitiendo cánticos cristianos…y me resultaron diáfanos. Al instante, mis guardianes comenzaron a gruñir…me levanté para tomar el camino de regreso, cuando veo a unos 30 metros a un hombre que me observaba desde un terreno lindante. A medida que yo me comencé a desplazar hacia la calle, él se animó a acercarse, entonces, al verlo venir hacia mí, me detuve.

Cuando se acercó bien, percibí a un ser a los que ignorantemente llamamos “dawn” (ese termino significa, bajo, o por debajo de algo).Sonreía todo el tiempo como suelen hacerlo aquellos que están por encima de las complicaciones de la mente, no por debajo (dawn), y tuvimos éste diálogo…

-Hace mucho que la veo por aquí. ¿Se sienta a orar?-

-Sí…me siento a orar.-Era muy complicado decirle que estaba practicando Hoóponopono, así que como en esencia es casi lo mismo, lo reafirmé-

-¿Usted sabe orar, señora?

-Sí, sé orar.

-Entonces, por favor, ore por Marcelo, que está muy mal.

En una sincronía total me venía a pedir que orara por una de las personas por las que yo estaba haciendo Hooponopono.

-Precisamente por él estaba orando, y por otra persona que lo necesita-

-¿Si?...¿Estaba orando por Marcelo?-

-Sí querido.

No les puedo explicar la alegría que mostró su rostro en ese momento, y su cuerpo lo acompañaba con gestos de júbilo. Entonces me dijo…

-Yo también oro. ..Cristo puede mover montañas.

-Así es…la FE mueve montañas, querido. Sigue Orando.

Y me sorprendí a mí misma diciéndole que hiciera algo que generalmente no hago, al menos como la gente lo hace, o sea :pedir…mas su trasparencia y su FE eran tantas, que sin duda, surtirían un efecto movilizador de montañas.

Yo no sé si la oración es la que mueve las montañas…ni si Cristo las mueve, ya que la gente dice Cristo, y espera que Jesús, las mueva, no su Cristo interno.

Pero sí sé que la inocencia, la entrega y la FE mueven montañas de desamor, de descuido, de rencor, de odio, de miedo, de olvido, de dolor,…de todo cuanto podamos imaginar.

Después de éste diálogo, este ser que muchas veces es evitado o desatendido, permaneció hablándome del templo, de lo que recordaba de su infancia (creo que debe tener entre 45 a 50 años) y me animó a que tomara el lugar a mi cuidado.

Me abrió muchas puertas, pero sobre todo, me abrió su corazón y me re-cordó (volver a cordar, dar a las cuerdas del alma la tensión justa) esa fuerza impulsora que es la FE…revestida o disfrazada de cualquier creencia…mas siempre poderosa.

Se despidió diciéndome.

-Me llamo Miguel, como el angel de Cristo- y se rió turbado, sonrojándose.

Gracias Miguel, ángel de Cristo...por mover en un segundo tantas montañas que cargaba en éste día sobre mis humanas percepciones.

GRACIAS!> Tahíta>

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