sábado, 30 de junio de 2018

El arte de la limpieza




 

En el ajetreo de nuestra vida actual, nos vemos atraídos a una actividad incesante que a menudo nos separa de la dimensión más profunda de nuestro ser. 

Con nuestros teléfonos inteligentes y pantallas de computadora, a menudo permanecemos atrapados “en la superficie” de nuestras vidas, en medio del ruido y el parloteo que continuamente nos distraen, que nos impiden enraizarnos en nuestra verdadera naturaleza. 

 En este momento, me parece cada vez más importante tener actividades externas que puedan conectarnos con lo que es más natural y ayudarnos a vivir en relación con la raíz profunda de nuestro ser, y en una conciencia del momento que por sí sola puede dar un significado real a nuestra existencia cotidiana.

Nos han convencido de que lo importante es “lo espiritual” y dejamos de lado la sabiduría de la unicidad de ambos aspectos, material y espiritual, en alas de ilusorios sueños  del más allá y otras dimensiones…siendo que como todas ellas se interpenetran, raro sería que tener nuestro entorno físico sucio pueda no ser parte de “lo sagrado” que consideramos Todo.

 Podemos llevar a cabo una serie de prácticas sencillas que combinen la acción y la atención plena, o una conciencia más profunda, que nutrirán nuestras vidas de manera insospechada. 

Estas actividades, como caminar a conciencia, cocinar con amor y atención, pueden ser nuestra interconexión natural con la vida en su belleza y maravilla. Pueden ayudarnos a "ordenar" nuestra vida externa y a enraizarnos en lo que es simple y real. Una de estas prácticas, que combina la acción con la atención plena, es la limpieza.

El arte de limpiar es una actividad espiritual simple que a menudo se pasa por alto. La imagen del monje barriendo el patio tiene un profundo significado, porque sin la práctica de la limpieza no puede haber espacio vacío, ni espacio para una profunda comunión con lo sagrado. La limpieza externa e interna pertenece a la base de la práctica espiritual, y cuando la escoba del monje toca el suelo, tiene una relación particular con la Tierra. 

Necesitamos crear un espacio sagrado para vivir en relación con lo sagrado dentro de nosotros y fuera también.

En los tiempos modernos, limpiar la casa de uno a menudo se considera una tarea cansadora e incluso innecesaria. Podemos gastar tiempo y energía (y productos caros), pero el arte simple de limpiar nuestro espacio de vida rara vez tiene prioridad. Nuestra cultura nos llama a usar productos que matarán a todos los "gérmenes" que nos rodean, productos que a menudo son más tóxicos que los gérmenes, pero ¿prestamos atención, atención plena, al cuidado del espacio en el que vivimos? ¿Estamos completamente presentes con nuestro cepillo o aspiradora?

Una vez que nos damos  cuenta de que todo es parte de un todo viviente, que nada está separado, entendemos que todo necesita cuidado y atención. Podemos llevar  esta sensación y conciencia a nuestra  limpieza.

 Limpio una mesa, desempolvo un estante, brindo atención y amor, porque todo responde al amor y la atención, no solo la gente, los animales, las plantas, sino todo

Creo firmemente que así como debería tener solo lo que necesito, debería tener solo lo que puedo amar y cuidar. Es un simple reconocimiento de lo sagrado que está presente en todo, y una forma de vivir desde el corazón en la vida cotidiana. Esta creación está tejida por amor. Y cuando limpio, también cuido lo que me rodea, sabiendo que también necesita ser amado.

Al limpiar mi espacio vital, estoy creando vacío, limpiando los desechos que se acumulan tan fácilmente. Y cuando uno limpia con amor y atención, uno no solo aspira el polvo, sino también los desechos psíquicos, incluso las formas de pensamiento sin valor que permanecen en el aire. Debido a que nuestra cultura valora solo lo que puede ver y tocar, no entendemos esta acumulación invisible. Pero es real, y sin atención consciente desordena nuestra vida más de lo que creemos. 

Alguien  que viajaba dando charlas me comentó que algunas veces se quedaba en la casa de un terapeuta. Recuerda que una noche le dieron una cama en la "habitación libre", que también era la sala de terapia de su anfitrión. Después de algunas horas inquietas, dejó de intentar dormir y se dio cuenta de que estaba inmerso en la sopa psíquica de todos los pacientes de su anfitrión. A través de su trabajo de terapia, sacó sentimientos inconscientes a la superficie, sombras,  ira y depresión a la conciencia. Y entonces estaban flotando por la habitación, esperando atarse a la siguiente persona que ingresara. El terapeuta no entendía la limpieza psíquica. Tristemente no había sido parte de su entrenamiento o práctica. El aire era denso con contenidos psíquicos descartados.

Esto no es raro.  A menudo, las personas que  curan se lavan las manos después, pero luego la enfermedad simplemente ingresa en el agua o en el aire, para ser bebida o respirada por otra. Por eso la limpieza del ambiente es imprescindible.

Cuando brindamos una calidad de atención en nuestra limpieza, los desechos psíquicos pueden ser absorbidos junto con el polvo. A menudo, la atención está vinculada a la respiración, por lo que los dos trabajan juntos. Cuando trabajamos de esta manera, los desechos no nos perjudican, y podemos encontrar una profunda satisfacción en esta práctica.

Nuestra cultura actual nos enseña a acumular, pero no a vaciar.

 Pero como trabajo espiritual en los mundos interno y externo, a fin de dar espacio a lo divino, para regresar a lo sagrado, tenemos que practicar la limpieza en nuestra vida cotidiana.

 Aprendemos a comer conscientemente, a estar atentos a nuestro entorno exterior, a barrer nuestro patio. También tenemos que aprender a limpiar nuestra casa, tanto física como internamente. Así como tenemos que aprender a vaciar nuestra mente en meditación, a despejar el desorden de pensamientos innecesarios, también necesitamos limpiar conscientemente nuestro espacio vital. Al desempolvar, barrer, pasar la aspiradora con atención, a llevar conciencia al terreno de nuestro ser. Esto tiene que ver con el respeto por nuestro medio ambiente.

En algunos viejos rituales celtas después de una boda, la pareja camina hacia la celebración precedida por un niño y una niña con escobas, que están barriendo desechos pasados para que la pareja tenga un matrimonio feliz. Estos rituales antiguos llevan una comprensión de los mundos internos y cómo pueden afectar nuestra vida diaria. 

No solo estamos trabajando con el mundo físico exterior, sino también con los mundos internos, y debemos respetar esto.

 Tenemos que volver a dejar la menor cantidad de basura detrás de nosotros como podamos. Necesitamos volver a aprender cómo barrer con nuestras escobas, la externa y la interna, que están íntimamente relacionadas.

 Es más importante de lo que pensamos.

TODO ESTÁ RELACIONADO. TODO ES SAGRADO. TODO ES UNO.

¡Y las bendiciones fluyen!

Tahít

Pertenecer no es Encajar


Todos sentimos la necesidad humana de “pertenecer”.A una familia,  un grupo de trabajo o meditación, a una sociedad o país. Sin embargo, para quienes  optamos cada día por vivir en consciencia, se hace obvio que  también optamos por no “encajar” con todos los que nos rodean …o sea, jugando con la palabra…“no considerarnos todos metidos en la misma CAJA” (en-cajar) en lo que respecta a seguir en piloto automático comportándonos como la totalidad de ese entorno de personas.

Cuando llegamos al centro, el anhelo de pertenecer permanece, pero el anhelo de encajar se disuelve.

Existe una diferencia entre desear pertenecer y desear encajar. Podemos pensar que es lo mismo o que para experimentar lo primero, lo último debe suceder. No es verdad. L as personas que experimentamos  el verdadero sentido de pertenencia no somos aquellas que intentan mezclarse con los demás mimetizándose en un sentir o pensar colectivo, sino aquellas que sostenemos y vivimos nuestra autenticidad y nos sentimos cómodas con nuestras propias elecciones.

 En algún momento del camino (generalmente en la infancia), muchas personas aprenden que pertenecer a su familia, escuela o vecindario significa : “ser como todos”. Por ejemplo, mamá o papá eran rígidamente controladores, críticos y / o narcisistas, por lo que se desalienta a los niños a desarrollarse de manera diferente. Los niños aprenden que para ser amados o aceptados, tienen que reprimir su individualidad o independencia, una lección que llevan a la adultez, donde ya están programados a “no salirse de la caja de lo que se espera de ellos”.

 De esa manera, nos negamos...Curar, sanar y liberar los vínculos.

 Pertenecer no es encajar. De hecho, encajar es la mayor barrera para pertenecer. Pertenecer es algo completamente diferente: nos mostramos, nos dejamos ver y re-conocer como somos en realidad, les guste o no a los demás. Podemos cometer errores, ser vulnerables y sentir intensamente, no importa lo que los roles de los demás nos exijan.

Es fácil camuflarse con “los otros” y desaparecer hasta que tu auténtico yo se evapora. Es simple y cómodo, y a menudo parece que todos los demás lo están haciendo también.

Una vez que decidimos pertenecer en lugar de encajar, comenzamos a regresar a nuestro ser auténtico. La autenticidad es donde sentimos la totalidad, una de las mayores fuentes alegría y paz.

 Pertenecer viene de ser uno mismo, lo que incluye hacer lo que disfrutamos o escogemos de forma única y expresar nuestros pensamientos y sentimientos, aunque sean diferentes de los de los demás. Pertenecer comienza con la auto-aceptación. Nuestro nivel de pertenencia, de hecho, nunca puede ser mayor que nuestro nivel de auto-aceptación, porque creer que somos autosuficientes y capaces, dignos de ser amados y valorados, es lo que nos da valor para ser auténticos, vulnerables e imperfectos. Cuando no tenemos eso, cambiamos de forma y nos convertimos en camaleones, tratado según la circunstancia y el entorno de “encajar”, dejando de lado la dignidad de lo que SOMOS.

Por ejemplo: …tratamos de encajar… usando  ropa de determinada marca porque hemos visto a otros usarla y nos hace aceptables a sus ojos. o… participando  de  una conversación que nos deja sintiéndonos culpables o insatisfechos o… asistiendo a  movimientos sociales debido compromiso, culpa o soledad. Pertenecemos realmente…cuando usamos  ropa que nos haga sentir cómodos o bien, que nos permita mostrar nuestra singularidad…cuando somos parte de una conversación que nos desafía a pensar, nos permite expresarnos sin necesidad de corazas y decir lo que sentimos…cuando participamos en una movilización o evento debido a sentimientos de disfrute o identificación plena con una causa.

 Tomémonos  un minuto para examinar el precio que estamos pagando por tratar de encajar en esa caja (familia, empleo, grupo, etc.) que cercena completamente el sentido de pertenencia alimentado por el amor a lo que SOMOS, por elección o cuestión de vida, pero sin duda, con autenticidad, sin imposiciones.

Tomemos nota de lo que hemos reprimido y entregado  para ser queridos y aceptados. Prestemos especial atención a cómo nuestra  educación programó cómo nos sentimos  acerca de nuestro cuerpo, nuestro peso, apariencia en general, etc  y lo que teníamos que hacer para adaptarnos a nuestra familia. Luego establezcamos la intención de experimentarnos siendo NOSOTROS MISMOS.

 Estemos dispuestos y preparados para estar solos cuando comencemos el viaje de regreso a nuestro ser auténtico. Preparados para sentirnos solos, desorientados y desafiados al principio; desnudos cuando elijamos la autenticidad. Los consejos bien intencionados, que a menudo sentiremos como críticas, vendrán de aquellos que se sienten más cómodos con una relación con alguien amoldado (metido en moldes) o que “encaja” con los demás…Pero ninguno de nosotros quiere estar metido en cajas o moldes que no nos dejen expresarnos. Recordemos cuánto merecemos integridad, paz y alegría.

Irónicamente, cuanto más sigamos el ritmo de  nuestro propio tambor y nos aceptemos, más nos acercaremos a la verdadera pertenencia…PERTENECERNOS A NOSOTROS MISMOS…y paradójicamente a lo que nos rodea e interpenetra, aquello con lo cual interactuamos, constantemente, pero con los pies bien puestos sobre una Tierra “elegida”

Y las bendiciones FLUYEN!
Tahíta

A corazón Abierto



 
Sigue rompiendo tu corazón hasta que se abra. - Rumi

Siempre se nos dice que hay que ser lo suficientemente valientes como para abrir el corazón
La palabra "abrir" evoca en mí espacios expansivos, amplios horizontes.

Lo que a menudo olvidamos es que, de manera hermosa, el mundo funciona por contrastes. Todo es cíclico, al igual que las mareas y las fases de la luna, entramos y salimos de la expansión y la contracción.

Así también, el corazón.

La apertura a menudo es provocada por una explosión, una presencia o una situación que nos desarma…o sea, nos deja vulnerables y aparentemente inermes.
Nos olvidamos del contraste. Rogamos por la luz. Aunque sabemos que todas las cosas son temporales.

En eso, el corazón es un gran maestro. Nos lleva a profundidades que no teníamos idea que existían hasta ahora dentro de nosotros, esas  partes que pretendemos ignorar, y nos las agita en la cara.

Es importante recordar que nos estamos impactando todo el tiempo, en oleadas, en palabras e interacciones, en abrazos y maltratos no visuales, sino energéticos.

Aunque el amor es el combustible de gran parte de nuestra experiencia :conducidos por el ego llevamos la planificación a su punto más alto en búsqueda de esta vibración por la cual no es necesario trabajar intelectualmente.

 Simplemente debemos rendirnos.

Pero nos encanta el desafío: desafiarnos a nosotros mismos, nuestras creencias, nuestros cuerpos. Lo que  también puede significar que amamos la lucha y aún la elegimos, que amamos encarnar al guerrero.

Pero a menudo, ser un guerrero significa bajar los brazos y rendirse.

Para despertar  el corazón debemos permitir que su intensidad y calor  quemen todas las otras cosas que se interponen en el camino, como el deseo de lucha. No hay otra opción que rendirnos a su fuego.
Por supuesto, experimentaremos  gran alegría y gran tristeza. Lo que llegue podrá arrollarnos y trastornarnos  repentinamente. Y aunque aprendamos a encontrar quietud  en nuestras meditaciones, con nuestra respiración, aun así, la experiencia de una mayor conciencia lo agudiza todo y una sensación de requiebre, de caos antes de la tormenta nos  invadirá una y otra vez.

Siempre estará allí, como un recordatorio de que tenemos cuerpos, pero no somos solo cuerpos. De que estamos vibrantemente conectados, e interactuamos más que físicamente, de que  Somos campos de fuerza ambulantes, pequeños rayos de todo lo imaginable, reducidos, condensados y empaquetados en hermosos vasos que se fusionan.

Diciendo "sí" a la apertura del corazón y la interacción, elegimos ser desafiados. Estamos asintiendo con la cabeza a ser lastimados y sorprendidos, así como abrazados y contenidos. Aun podemos aplaudir ante la oportunidad de enfrentar todo y levantarnos.

La rendición es la clave.

Sin importar hacia dónde dirigimos nuestra energía amorosa, hay que sostener la intención de  permanecer abiertos, incluso cuando sentimos que hemos sido heridos, quebrantados. Hay una lección allí, en ese quebrantamiento.

Hay una lección en reconocer cada experiencia que tenemos es simultáneo con la de otros, o que experimentamos por todos los que nos rodean. Hay un aprendizaje en dejar que el corazón dirija el camino, en permitir que sea su luz la que guíe y conjure nuestras idas y venidas diarias, logros y fallas.

Cuando elegimos despertar nuestro corazón abierto, permitiéndole latir como opción primera, estamos de acuerdo con una vida expansiva. Estamos de acuerdo en pasar por alto lo que a menudo se nos dice que es aceptable. ..para explorarlo internamente sin creencias preconcebidas.

Elegimos conscientemente desviarnos de lo mundano, lo restringido, lo oprimido y lo autocensurado.
Ser verdaderamente de corazón abierto es latir con el pulso de lo divino, en la luz y la oscuridad, en la alegría y en el dolor, en la aceptación y la agitación, rindiéndonos a lo que llegue.

La vida conscientemente vivida…no deja piedra sin remover, y el camino consciente comienza con el compromiso de expandir nuestra percepción cada día.

Eso, es vivir a Corazón abierto, pase lo que pase.


Desde el corazón les abrazo.

Tahíta

martes, 29 de mayo de 2018

Dejando que el Silencio nos sane del Ruido



En sánscrito, la palabra “mouna” significa "silencio". En su esencia más básica, esto se puede traducir como: no hablar. Para muchos, la idea de no hablar, incluso por unas pocas horas, es desalentadora: la mente entra corriendo con preguntas como "¿Pero cómo me comunicaré?" Y "¿Qué haré sin poder conversar?"

Hablar sobre experiencias y relacionarlas, formar opiniones y hacer que otros estén de acuerdo o en desacuerdo con ellas crea un falso  sentido de identidad y así se perpetúa un concepto basado en la mente acerca de lo que pensamos que somos. Nuestras mentes, luego, crean pensamientos para continuar con ese impulso... y antes de que nos demos cuenta, quienes pensamos que somos está definido por nuestros pensamientos y nuestras conversaciones con los demás.

Nos perdemos totalmente dentro de eso.

Tenemos que darnos la oportunidad de simplemente mirar para observar la actividad de la mente sin involucrarnos en sus juegos de roles. Cuando observamos nuestros pensamientos y cómo ellos activan nuestras emociones e impulsan nuestro comportamiento sin involucrarnos, la mente egoica se aquieta y surge una consciencia profunda que nos revela la verdadera esencia de todo.

En el silencio podemos comenzar a escuchar más allá de lo que nuestros oídos pueden percibir.

Comunicarse de una manera auténtica, incluye incorporar el silencio a nuestro día a día.

Pensamos  que el mundo se crea a través de palabras y conversaciones. Pero si nos tomamos el tiempo para acallarnos, podemos descubrir un mundo mucho más rico y completo.
Con tanta tecnología para comunicarnos e incomunicarnos…tal vez necesitemos más silencio. Tal vez necesitemos más quietud.

Por supuesto, tenemos que hablar. Tenemos que manifestarnos y ser escuchados, pero nos es casi imprescindible encontrar pequeños espacios de tiempo sin ruido y sin hablar.Muchas veces las palabras suelen oscurecer y complicar una situación. Pueden ser vacías, innecesarias, y convertirse en: ruido.
Y cuando las palabras se convierten en ruido, el ruido nos distrae. Nos tienta a responder siempre de la misma manera, a tener algo que decir, a ofrecer un contraargumento, a mostrarnos y “demostrarnos” abusivamente.

Silenciarnos nos abre a escuchar nuestra propia mente, nuestro propio corazón y poder tomarnos el tiempo para “sentir y sentirnos”. En el proceso, nos abriremos por añadidura a una visión más intuitiva de todos nuestros procesos y de cómo relacionarnos.

El silencio no solo puede proporcionarnos espacio y paz, sino que también puede derribar nuestra complacencia exigiendo toda nuestra atención a algo más grande que las palabras. Cuando alguien elige no hablar, como dice el refrán, su silencio puede "decirlo todo".

Con el aquietamiento, se nos da acceso a un conocimiento sin palabras.

Las personas por lo general, cuando afrontan una crisis, tratan de distraerse, de subir el volumen de los ruidos, música, voces, y de acompañarse para no “pensar” en lo que tienen que afrontar. Sin embargo  es un sucedáneo  momentáneo, y el conflicto golpeará una y otra vez a la consciencia hasta que le atiendan.

En mi caso descubrí que esas crisis solo se atenuaban y  comenzaban a resolverse cuando me entregaba al silencio y la soledad y me permitía abrirles todos los recovecos para que hicieran lo que tenían que hacer, y al fin agotaran su energía. Eso es enfrentar…sin resistir ni pelear, solo ponerse de frente y dejar que suceda…sin meternos en el ruido, que solo sumará más RUIDO al problema.

Esa es una forma de meditación: ni huir ni atacar. Dejar que el silencio supere al ruido que llevamos dentro.

Y llevamos demasiado ruido, consciente e inconsciente. A veces lo elegimos y otras nos lo imponen cientos de programas instalados en la mente ante los cuales solo “reaccionamos” porque no podemos responder a ellos adecuadamente. Una respuesta proviene de una decisión consciente, y los ruidos inconscientes nos arrasan desde huellas de disco rayado que llevamos generación tras generación…porque no se han encontrado con un miembro del clan que los asuma sin miedo y los “enfrente”…un miembro de clan que los desbarate desde una elección genuina de SILENCIO.

Esa es la importancia de nuestro enfrentar los ruidos desde el silencio: una entrega que tendrá efectos fuera del espacio-tiempo y generará una acción en cascada en todo nuestro ascendente y descendente rompiendo barreras y afectando positivamente a otros clanes y otros campos energéticos.

Mi invitación es hoy  generar espacios de silencio y compartirlos, con la misma actitud de respeto y  sacralidad con que intentamos usar las palabras, desde que advertimos su poder inmenso.

Consideremos el poder del silencio como sanador, pues en él se tejen hilos de Luz, imperceptibles para quienes se dejan distraer por los ruidos.

Discernamos a menudo si estamos honrando las palabras mermando su cantidad y aumentado la calidad, para poder re-descubrir la Matrix Divina que el silencio representa.

¡Y las bendiciones siguen fluyendo!

Tahíta

Acepta, luego actúa



Sea lo que sea que contenga el momento presente, acéptalo como si lo hubieras elegido.
Colabora con él, no contra él”.
Eckhart Tolle

Suena bien. Parece posible. Entonces sucede algo molesto, y todo ese pensamiento de fluir con la vida sale volando por la ventana, y estamos de vuelta, atrapados en la resistencia y el sufrimiento, luchando por resolver las cosas, tensionados.

 ¿Por qué? ¿Por qué no puede ser más fácil aceptar las cosas tal como son?

 Porque, tal vez, se siente muy peligroso hacerlo. Una parte muy primaria de nuestras mentes supone que la aceptación automáticamente significa no-acción, resignación. La falta de acción nos suena a que nada se soluciona, y que nada se arreglará en última instancia. Significa que estaremos peor, inmersos en el dolor o la desesperanza.

 Preferimos sufrir un poco y sobrevivir, que parar y aceptar y arriesgarnos a ponernos en una peor posición.

 Entonces la pregunta es, ¿cuál es la forma más efectiva de vivir? ¿Cuál es la forma más efectiva de resolver problemas? ¿Es la resistencia o es la aceptación?

La resistencia funciona en cierto grado. Si no funcionara, al menos un poco, no nos resistiríamos a la vida ni a los demás. Si estamos enojados con alguien, podemos gritarle y hacer que cumpla con lo que queremos. Si alguien está molesto por algo, el malestar puede ser una fuerza motivadora para la acción.

 Debido a que funciona un poco, y es cómo nos han programado para funcionar, comenzamos a creer que la resistencia interna a la vida es la única forma de encontrar cualquier acción que pueda mejorar las cosas.

 ¿Es verdad?

 ¿Alguna vez has estado en una situación de emergencia, donde tuviste que actuar sin pensar? 
En esos casos actuamos rápida y automáticamente, sin pensar. Si al cerrar la puerta de nuestro auto  un amigo o hijo se agarra un dedo con ella, no podemos darnos el lujo deponernos a pensar: "Oh, no, está sufriendo", o "Oh, no, ¿por qué pasan cosas como estas?" O incluso "Oh, no, manchará de sangre todo mi auto". En cambio, la inteligencia del cuerpo toma el control, bloqueando  al yo personal que generalmente está lleno de opiniones. Actúas rápido, pero no sentiste que hiciste nada. Actuó por ti.
Eso es lo que sucede cuando no estamos atrapados en la resistencia.

La aceptación no significa "Acepto que la vida es así para siempre, y me desconecto del universo para tomar cualquier acción". No. Esto es lo que nuestras mentes tienden a pensar que la aceptación debe ser.

 Realmente, la aceptación es ALINEAMIENTO. Se está alineado completamente con la situación, de modo que es casi como si la situación nos usara para corregir las cosas. Pero ni siquiera lo intentamos, simplemente nos movemos en la acción correcta y necesaria. De ahí el dicho…DÉJATE VIVIR POR LA VIDA…o sea, deja de resistirte y permite que todo se solucione desde una perspectiva superior.

 En algunas ocasiones, la acción puede que ni siquiera sea necesaria; algo más sucede fuera nuestro para ayudarnos. En otras ocasiones, literalmente, no hay nada que podamos hacer, y la cordura que surge de la falta de resistencia nos muestra que no importa cuánto nos estresemos, el estrés no producirá ninguna acción fructífera.

La acción fructífera tiende a venir de la claridad. Piensa en las personas más inteligentes que hayas conocido o conoces. Cuando están en su mejor momento, ¿se están preocupando? ¿Están resistiendo? ¿Están diciendo "ay de mí"? Por lo general, tienen una actitud de decir  más "Sí" hacia la vida.

 "¿Hay un problema? De acuerdo, arreglémoslo”. Rara vez escuchas a una persona muy eficaz decir:" Oh, no, no tiene arreglo"

La vida es agotadora cuando siempre interponemos un "No"…un bloqueo, una resistencia al flujo de la vida. Después de un tiempo, de constantes "No" a los desafíos inevitables de la vida, ésta se convertirá en una pesada carga, una carga terrible.

 Si comenzamos a decir "Sí" a las cosas, primero experimentando para ver si funciona, pronto veremos que el "Sí" no solo hace las cosas más agradables, sino que activa una inteligencia mayor, potente, ilimitada, dentro de nosotros, que actúa automáticamente siempre que sea necesario. . Ahora no depende tanto de nosotros, personalmente. Simplemente sucede, sin esfuerzo.

Es la Vida Una, el Todo, el Campo, Maestro Interior o como quieras llamarlo, al que permites, con la aceptación, que no es inercia, poner todo en su lugar.

 Vale la pena permitirnos experimentar  ese poder del “Sí” en lugar de resistirnos, porque resistirnos, aunque al principio pueda parecer que funciona, no solo nos agota, sino que impide que nuestro poder interior actúe.

 Alguien una vez me dijo…”La palabra preferida del ego es “No”…la palabra que el Universo ama y utiliza es “Sí”

 Digamos "Sí" a este momento y veamos lo que sucede.


Y… ¡Las Bendiciones siguen fluyendo!

Tahíta


¿Estás atrayendo lo que quieres en tu vida?




Cierto día me encontraba haciendo compras en la Buenos Aires. El paso de los peatones es controlado por semáforos que se ponen en rojo cuando no puedes cruzar…así estaba el que tenía enfrente cuando un hombre pasó por delante de mí con el ceño fruncido por tener que esperar.Energéticamente podía percibir sus emociones como un remolino de ira. Como lo supuse, inmediatamente comenzó a cruzar la calle, esquivando los coches se escurrió hasta el otro lado. Estaba haciendo un buen progreso, cuando tuvo que saltar a un lado cuando un coche lo tocó antes de frenar bruscamente.Ya del otro lado,con una risa irónica hizo un gesto obseno al conductor, siendo que él estaba errando en su comportamiento.

Para muchos, cruzar con luz roja no es gran cosa, y en sí mismo, no lo es. Pero me pregunto con qué frecuencia un niño que ve esto piensa que las reglas de tránsito están hechas para romperse….y cuántas veces éstas acciones llevan a consecuencias insospechadas. Lo que estoy diciendo es que todas nuestras acciones envían ondas de energía, energía que afectará a muchas personas antes de volver a la fuente original.(o sea,nosotros)

Todos hemos oído el refrán, lo que va, vuelve. Con esto en mente, repito ... nuestra energía afectará a muchas personas antes de regresar a su fuente. La mayoría de la gente se imagina que la energía que sale volverá en su forma original, pero esto no es así. La energía que sale vuelve multiplicada por toda la gente a la que ha afectado de alguna manera…Y esa enorme carga,nos afecta en última instancia a nosotros.

Imagínate haciendo caso omiso de los semáforos de peatones habitualmente sin pensar, y que un niño está observando. Un día después, el niño, como tú, hace caso omiso de las luces, y es gravemente herido por un coche. Tu energía está directamente relacionada con el niño y su accidente así como con la cadena de hechos que siguen. Lo que va, vuelve!

Tampoco se termina aquí. El niño tiene una familia, y todos ellos están afectados emocionalmente. El padre reprende al niño preguntando "¿Por qué cruzaste cuando el semáforo estaba rojo? Te hemos enseñado a no hacer eso".  Y la respuesta del niño, " Pero vi una persona ayer, cruzando cuando el semáforo estaba en rojo, y no se lastimó".  El padre concentra la energía de la ira y el resentimiendo en ti, ya pesar de que no tienen idea de quién eres, su energía de cólera se conecta al instante con tu propio campo de energía. Esto es inevitable.

Echemos un vistazo a la vida a través de los términos de la energía humana. Sin que seamos conscientes de ello, estamos generando y expresando un enorme campo de energía física, mental y emocional.Esta energía está, bien bajo nuestro control - lo cual es raro - o se trata de energía que es completamente reactiva a cualquier situación en la que se encuentra. Esto es muy sutil. La energía humana reactiva continuamente atrae y reacciona ante potenciales negativos, como la ira,el odio,etc. Si no comenzamos a hacernos conscientes de ésta energía, puede ocasionarnos muchos trastornos y enfermedades. Asimismo, el campo energético humano es tan poderoso que, para bien o para mal, puede afectar - y atraer - a una persona del otro lado del mundo. No sólo nuestro campo de energía atrae poderosamente energías afines, sino que crea energía continuamente…volviendo al hombre que hizo el gesto obseno… ¿Qué está creando para él? Solo ira y violencia.

La energía que generas hacia otro ser humano es el campo de energía que magnetizas y atraes a tu propia vida. Es tu vida la que se ve afectada. Todo lo que deseas negativamente a otra persona va a volver a ti - con el aumento enorme energía negativa que ya he detallado.

Hay dos principios en la base de éste artículo: "No hay nada fuera de Tí " (todos somos un mismo campo de energía o matrix), y " La relación contigo mismo es tu relación con la vida." Sólo tener en la conciencia uno o ambos de estos principios puede transformarlo todo . Parece bastante simple de hacer, pero no es fácil!

Considera que eres un ser de energía. En lo que te enfocas eso atraes.

Puedes fácilmente cambiar Tu vida por la elección, la dirección e incluso el contenido de tus pensamientos. Opta por centrarte en el bien. Deja de criticarte. La autocrítica atrae más de lo que criticas a tu vida porque esta es tu enfoque.

Opta por centrarse en lo que te gusta de ti, en lugar de lo que no te gusta.

Opta por centrarse en todo lo que es brillante y positivo en tu vida. Todo lo lo negativo en que centras tu atención, entra en tu vida

Ve todo lo que se pueda apreciar, y se céntrate en ello. Cuenta tus bendiciones.

Alguien me dijo ayer que no había nada en su vida para apreciar. Al abrir los ojos por la mañana, da las gracias por poder ver. Millones de abren sus ojos por la mañana, pero no pueden ver nada, porque están ciegos. Al salir de la cama, céntrate en el don y la bendición de que tu cuerpo y tus extremidades se pueden mover. Millones tienen cuerpos que no pueden mover! Cuando oigas el sonido de los pájaros por la mañana o de tráfico, da gracias por el hecho bendito de poder oír. Millones de personas se despiertan en un mundo silencioso, sin escuchar las voces de sus seres queridos, o la risa de los niños.


Gracias...Gracias...Gracias...por la gracia de darnos cuenta.



Con Amor.

Tahíta-

jueves, 5 de abril de 2018

Escuchando a las piedras


Las piedras comunes que vemos todos los días, las que arrojamos a los estanques y alineamos  bordeando nuestros jardines y caminos de entrada, se crean a partir de la misma energía viviente que nosotros.

Todo se crea a partir de esa energía viviente, que parece ser nada más que espacio vacío para nuestra percepción de mente pequeña. Y es que aun creemos que el vacío y la nada no contienen “nada”. Cuando en realidad  son el origen de todo lo manifestado temporalmente.

Los científicos más brillantes del mundo sugieren que si pudiéramos cavar hasta la esencia más pequeña del espacio que llena todo, descubriríamos cadenas de energía vibrante e imperceptible. Todas las cosas, en su núcleo, están hechas de estos pequeños hilos de “nada” incluso las piedras aparentemente sólidas.

Los maestros de sabiduría sugieren que la esencia de la vida también es una energía de la “nada”, que vibra a diferentes frecuencias o densidades. Dicen que incluso nuestros pensamientos son energía vibrante. Como las vibraciones tienden a resonar con vibraciones similares, lo que expresamos en el mundo se refleja en nosotros.

Es por eso que es  inspirador tener una relación consciente con los pensamientos de nuestra mente pensante.

Debido a que son tan densas, las piedras vibran a un ritmo mucho más lento que los pensamientos. 

Ellas nunca tienen prisa. Son tan antiguas como las entrañas mismas de la Tierra. Son los huesos de la tierra. Y tienen ideas para compartir con nosotros si podemos ralentizar nuestras mentes llenas de pensamientos lo suficiente como para escucharlas.

Hace tiempo que  escucho mensajes y señales del Campo al que llamamos Dios, o Espíritu…y los escucho no con voces audibles sino con imágenes, flashes, pensamientos y sensaciones. Y es que como SOMOS UNO con todo, todo refleja partes nuestras que  colaboran con el concientizar y la evolución. Solo tenemos que no distraernos con la mente, el ego y los asuntos mundanos y encontrarnos atentos y vigilantes para no pasar por alto ese tesoro.

Muchos de nosotros creemos que somos la generación más importante que jamás haya existido. Actuamos como si las generaciones futuras no importaran mucho…y desatendemos la sabiduría de las generaciones pasadas (hablando linealmente, claro). Engullimos todos los recursos y matamos especies tras especies, como si no fueran nada, solo globos de diferentes colores en un tablero de dardos de una feria, esperando ser explotados para que obtengmos un insignificante premio… ¿los han visto?

Fuimos enseñados a pensar y comportarnos de tal forma que olvidamos cómo escuchar el mensaje de las piedras.

Pero no es tarde para aprender una lección diferente dentro de la vorágine que nos suele rodear: reducir la velocidad y “escuchar".

Tengo una piedra de cuarzo lo suficientemente grande y pesada como para trabar la puerta de mi habitación cuando en verano el viento juega a cerrarla. Tengo otras  más pequeñas y redondeadas. Muchas veces sostengo una de ellas en mi regazo cuando medito. Me mantiene asentada, ancla mi mente normalmente rápida e inquieta al aquí y ahora.

 A pesar de estar hecha principalmente de espacio vacío, la piedra parece una cosa sólida. Y trato de alinear mi conciencia con su aparente solidez y quietud  para desacelerar mi mente y volverme más parecida a ella.

Una piedra tiene una energía consistente. Esta consistencia refleja la de la Tierra, es parte de su entraña. Y esto es lo que quiero sintonizar cuando medito con cualquier piedra: también somos la consistencia viviente de la TierraEs por eso que suelo acunar la piedra en mi regazo, para ayudarme a desacelerar mi mente y para ayudarme a recordar  la solidez protectora de la Tierra que anima mi sangre y me potencia.

Al ser los huesos de la Tierra, las piedras llevan la memoria más profunda dentro de su materialidad. Ellas son los testigos de la cronología de la Tierra, y lo han sido desde el principio. Son un puente hacia el conocimiento de la información energética guardada en las lineas de tiempo de la Tierra. Esta información sostiene toda la vida en equilibrio y gracia.

Cuando podamos reducir la velocidad de nuestras mentes, dando la bienvenida a un estado más meditativo, las piedras compartirán sus recuerdos intemporales con nosotros. Se abrirán esos registros planetarios  para recordarnos principios eternos.

Básicamente  dos:  todo es sagrado y todos estamos relacionados.

Al observar nuestro mundo moderno, es evidente que hemos olvidado los principios originales y cómo escuchar el mensaje de las piedras. No entendemos por qué estamos aquí. Y dentro de nuestro malentendido, hemos olvidado hasta cómo reír. Estamos demasiado ocupados, lanzando dardo a los globos sin pensar. Ya nada consideramos SAGRADO, por lo tanto podemos mancillarlo, y eso de “todos estamos relacionados” suele hasta ser causa de burlas.

Creemos que la Tierra es algo aparte de nosotros. Creemos que el tiempo de las máquinas, que se distingue de los sistemas vivos del planeta, es más real. Por eso pasamos más tiempo frente a la ilusión de una pantalla que en la naturaleza o en el tiempo no virtual.

Este malentendido es un cáncer en la vida. 

¿Cómo podemos estar separados de la energía que nos da a nosotros y al universo entero una existencia  vibracional?

“Nunca olviden la Tierra por las máquinas”, parecen enseñarnos las piedras.

Nuestros huesos están hechos de la misma sustancia que las piedras. Nuestros huesos también llevan el sello del conocimiento original. Y nos dicen que también somos sagrados y estamos relacionados con toda la vida de la manera más íntima. Y si aprendemos cómo reducir la velocidad de nuestras mentes y aflojar nuestro enganche mortal al tiempo de las máquinas, podremos escuchar el mensaje de vida sellado hasta en nuestros huesos.

Es entonces cuando recordaremos que humanamente, estamos en la Tierra y ella en nosotros.

 Y nos reiremos juntos de la vorágine que ineficientemente trató de absorbernos para que olvidáramos lo Sagrado de Todo, y la eterna Reconexión de la Vida.

¡Y las bendiciones siguen fluyendo!

Tahíta

miércoles, 4 de abril de 2018

Sintiendo lo que Sentimos



Hace muchos años, y en medio de una agitada relación, fui a ver a mi sabio amigo y mentor de esa época. Después de sollozar y quejarme del comportamiento del que creía mi futuro compañero, comencé una largo discurso acerca de que se suponía que debía aceptar lo que estaba sucediendo y que mi incapacidad para hacerlo demostraba un fracaso en el área de la aceptación total.

Habiendo encontrado recientemente por ese entonces las enseñanzas de la Nueva Era, me había fijado como meta, sin cuestionar, la idea de la aceptación incondicional y la rendición. Creí, por un período breve que todo mi sufrimiento se debía a que algo malo estaba haciendo, si me sentía herida.

Mi amigo escuchó, pacientemente. Y luego tomó un lápiz afilado de su escritorio.

"¿Qué pasaría si te pinchara los ojos con esto?", Preguntó.

Vacilante, respondí. "Bueno, realmente dolería".

"Exactamente", dijo, y sonrió.

Me tomó un momento darme cuenta de lo que estaba tratando de que viera. Me dolía, no porque hubiera algo inherentemente malo en mí, sino porque lo que estaba sucediendo era hiriente. El comportamiento que había supuesto que debía aceptar no era aceptable. Mis sentimientos estaban ahí para guiarme, en lugar de ser reacciones inconvenientes que debería reprimir, censurar o superar. Porque solo después de mucho andar comprendí que si no puedo aceptar sentirme como me siento, eso también es aceptable.

La creencia de que no debemos sentir lo que sentimos es una gran fuente de angustia.

 Esta creencia puede venir de una variedad de fuentes. Es posible que hayamos crecido diciendo que ciertos sentimientos son inaceptables (en algunas familias, por ejemplo, la ira siempre se reprime o la tristeza no se reconoce). 

Es posible que nuestra cultura, religión o espiritualidad nos haya enseñado que ciertos sentimientos particulares son signos de deficiencia, debilidad o maldad. La sociedad sanciona o castiga los sentimientos según la raza, el género y la sexualidad. Entonces, cuando nos encontramos en medio del enojo, el dolor, la envidia, la ira, el miedo o cualquier otra emoción que haya sido etiquetada como "negativa", creemos que hay algo mal en nosotros. Suponemos que tenemos que arreglar, resolver o deshacernos de la sensación. 

Además de sentir la sensación en sí misma, también tenemos que lidiar con la vergüenza o la auto-culpa por ella, en primer lugar. Nuestra confianza se viene abajo, dudamos y nos criticamos.

En el corazón de este asunto se encuentra la autoimagen idealizada de un yo ficticio que permanece para siempre inalcanzable. La autoimagen ideal varía para cada uno de nosotros, por supuesto. Creada en la infancia y refinada a medida que avanzamos en la vida, medimos nuestro yo real y deseamos ajustarnos al ideal. Quizás nuestra autoimagen ideal sea la de una persona serena y calmada que puede enfrentar cualquier eventualidad. Nos “pillamos” furiosos y hostiles y nos juzgamos a nosotros mismos en consecuencia.

 O nuestra autoimagen ideal es intrépida, valiente  y arriesgada, y nos encontramos temblando con una ansiedad incontrolable, y atrapados en un ciclo de auto desprecio como resultado de no encajar en lo idealizado.

 Independientemente de lo que creemos que  debemos  ser y sentir, estamos atrapados en la realidad actual de lo que realmente somos o sentimos, y más atrapados  parecemos estar al esforzarnos frenéticamente  tratando de que nuestro yo se ajuste a la imagen ideal. Esto es cometer violencia para con nosotros mismos y, a menudo hasta con los demás, porque muchas veces intentamos mantener intacta nuestra imagen ideal haciendo notar cómo se equivocan los demás. Otra forma de atascarnos en el proceso de soltar la idealización.

Si estamos dispuestos a investigar más a fondo, descubriremos los hilos de este nudo gordiano, y nos permitiremos sentir con más honestidad y profundidad en lugar de reprimir o negar lo que obviamente está aquí. 

Vayamos a concienciar…Primero, notamos la presencia de un  “debería” o “no debería”

No debería sentirme así. Se supone que debo aceptar esto. No debería estar enojado. 

Y luego lo cuestionemos. 

¿Qué o quién nos dice que no debemos sentirnos así? 

¿Cómo sabemos que se supone que debemos aceptar esto? 

En la investigación, no estamos haciendo estas preguntas desde una perspectiva intelectual. Por el contrario, las respuestas provienen de un lugar más profundo: desde la memoria, desde los escondites de información inconscientes que hemos almacenado tanto en la mente como en el cuerpo. 

Puede ser que descubramos que prometimos nunca sentir enojo porque tuvimos un padre furioso que nos traumatizó. O nos intimidaron en la escuela por atrevernos a llorar en el patio de recreo. Las posibilidades son infinitas; cada uno de nosotros descubre cómo esas inhibiciones, votos, reglas y demás funcionan dentro de nosotros.

Siempre llegará un momento en el que finalmente sentiremos esos sentimientos previamente denegados, prohibidos o tabú. Si le damos espacio, la sensación puede ser ella misma al fin. 

E incluso si es insoportablemente dolorosa, hay un alivio en poder estar con la realidad de lo que es, presentes, sin escapar, ni idealizar cómo deberíamos sentirnos. La sensación puede expresar, decir y mostrar su mensaje después de muchos años. Podemos sorprendernos al descubrir la sabiduría que yace en todos nuestros sentimientos. Nos volvemos más honestos con nosotros mismos. Nos acercamos más a la realidad de nosotros mismos, ya que no nos aferramos tan firmemente a la autoimagen ideal.

 Nos encontramos más dispuestos a sentir lo que está aquí y ahora, y menos dispuestos a validar rotundamente las enseñanzas y las reglas que nos dicen cómo ser o qué sentir.

Todos nuestros sentimientos, cualquiera que sea su naturaleza, y cualesquiera que sean nuestras ideas o creencias sobre ellos, son respuestas naturales o reacciones a la experiencia. Surgen naturalmente, no porque estemos equivocados o por culpa de nosotros, sino porque nuestros sistemas están diseñados para eso. Son una parte esencial de la experiencia de ser humano. Ser críticos con ellos, sean nuestros o de otros, es no entender el punto por completo.

 Cuando desarrollamos la capacidad de sentir lo que sentimos y le damos un espacio seguro para hacerlo, ya no necesitamos actuar de manera destructiva o dañina. Al llegar a ser plenamente conscientes de lo que estamos sintiendo, podemos estar presentes para nosotros mismos sin la vergüenza o la autocrítica que nos lleva a la negación. 

Comenzamos a sentir el espectro completo de nuestros sentimientos y nos conectamos con nuestra vivencia interna, soltando los  “debes  y  debería”.

 En lugar de tratar de ser super-yoes revestidos de caparazones  invencibles, nos volvemos humanamente vulnerables, abarcando todos los aspectos de nuestro ser.

 La vida nos toca, y tocamos la vida, cada vez más profundamente.

No nos perdamos la belleza de esos toques, que son la esencia de la mayoría de los aprendizajes en la dualidad en la que nos vivenciamos…aquí y ahora.

Y LAS BENDICIONES FLUYEN!

Tahíta

domingo, 11 de marzo de 2018

CAER…ABANDONARNOS…DESAPRENDER-


11 de Marzo de 2018



Nos enseñaron a no sentir, a no notar nuestra respiración, a distraernos de mil formas para no experimentar conscientemente el momento, la Vida manifestándose de infinitas maneras delante nuestro. Porque la mayoría lo hace, nos volvamos a la televisión, la tecnología en sí, los conflictos ajenos amplificados por los medios…y los miedos.

Nuestra desconexión del aquí y el ahora creó la adicción de escapar de todo. ..De la vida, del momento presente, de lo que nos duele, y por dualidad, de lo que podríamos gozar.

Nos crecieron garras por ese loco afán de huir o atacar…de luchar con todo lo que se presenta.

 Y en esa lucha dejamos de escuchar la voz del viento, de detenernos a observar y oler una flor, de cuidar no envenenar las aguas, de prevenir no  terminar hundiéndonos en un mar de plástico, o lo peor, hundiéndonos en la indiferencia, en el “qué me importa”, en una esquizofrénica manía de encerrarnos en el ego…que es tan sutil y a la vez tan temporal.

De esa manía surge en algunos la avidez por la marihuana, las pastillas mágicas, el alcohol, la religión o la espiritualidad, los gurúes o los enamoramientos, el egoísmo o el olvido total del amor propio verdadero, ese que se expresa hacia nosotros y hacia los demás…y en lugar de expandirlo, lo buscamos en todos los lugares, menos donde abunda: dentro.

Somos buscadores eternos de lo que nunca vamos a encontrar fuera, pero algún día nos daremos cuenta más que con palabras que lo de “afuera” es lo de adentro reflejado, y comenzaremos a crear mejores reflejos.

Es hora de salir del cascarón de esa clase de vida…al menos para mí.

Darnos cuenta que la vida sucede aquí y ahora, volver a enamorarnos  profundamente de la Presencia que nos contiene como expresión humana temporal recreando la interrelación que tenemos, en ella, con TODO. Los nativos norteamericanos lo expresaban diciendo… “Mitakuye Oyasín”…que significa TODOS ESTAMOS RELACIONADOS.

Se nos ha puesto tanto de moda la palabra “desaprender”…y sin embargo nos quedamos ahí, en  leerla, pronunciarla, sin atrevernos a echar mano a todo lo que aprendimos, que  ya no es incuestionable, porque tenemos que someter a “consciencia” no a juicio, todas esas supuestas verdades y a través del discernimiento y la intuición combinados, tirar fuera lo que no queremos y no nos sirve.

Des-aprender todo lo que hemos aprendido de otros es enamorarnos nuevamente de la vida sintente:  sentir el cuerpo,  escuchar nuestra respiración, ver nuevos  colores desplegándose frente a nosotros, a los que no les prestábamos ATENCIÓN…que fue algo que se nos olvidó por el ajetreado camino en que fuimos RESISTIENDO, huyendo o atacando, no pudiendo gozar de cada movimiento, de cada sensación yendo y viniendo, de observar cada pensamiento surgiendo y disolviéndose de nuevo en la infinita Presencia que ignorantemente llamamos NADA.

El juego de la vida no es algo fijo. Por eso lo que nos grabaron, etiquetaron y sellaron, podemos soltarlo, borrarlo, reescribirlo, desaprenderlo.

Todo el aprendizaje del pasado puede decirnos que las cosas son fijas y estables, preestablecidas, estáticas, dadas…eso no es VIDA…es programación muerta…pero la cargamos, nos aferramos a ella con miedo de que al soltarla perderemos nuestra identidad. Y es al contrario…no podemos llegar a lo que SOMOS sin soltarla.

Soltando  todo ese bagaje descubrimos que hay fluidez en todo lo que surge, que lo nuevo no es nuevo sino un reciclar continuo de energías que juegan con nosotros, y con las que podemos jugar magistralmente.

Quién soy, quién eres, qué es la vida, qué es la verdad, en dónde hemos estado, hacia dónde vamos…Ante tantos cuestionamientos no hay ningún lugar donde podamos beber de la certeza. Pero podemos renunciar a ella para ver qué se siente estar despiertos a LO QUE ES…sin certeza alguna, abriéndonos a lo inédito, a lo no pre establecido y dado por cierto…es lo bello de la VIDA, lo bello de CAER en la Vida, como caemos en el AMOR.

 En esta caída, la certeza es olvidada, dejada de lado por la urgencia de vivenciar cada instante.

 Es una caída en la paz y la aceptación, una caída sin lucha…y por eso es imprescindible desaprender…porque cuando le preguntamos a otro o nos preguntan ¿Cómo andas?, lo común es escuchar “En la lucha”…””Resistiendo”…”Sin bajar la guardia”.

BAJEMOS LA GUARDIA.

No hay atacantes, salvo esa actitud que el miedo nos alimenta al verlo todo como lucha, resistencia y cuidarnos del otro.

La paz no florece en donde regamos y alimentamos el miedo.

Alguna vez saboreemos la dulzura de abandonarnos con confianza. Permitámonos el resplandor de la RENDICIÓN…soltemos las resistencias y  dejemos al cuerpo sanar en la flexibilidad  y aún en la vulnerabilidad.

La paz y la aceptación siempre están aquí. Esta caída no se puede aprender. Es el des-aprendizaje lo que la permite.

Después de ella, dejamos que las olas de la vida nos lleven hacia el siguiente momento.

Tras ella podemos levantarnos y relacionarnos con todo de forma diferente, porque deja espacio para lo nuevo. Las certezas indiscutidas nunca dejan espacio para lo nuevo. Sólo dejan espacio para más especulaciones, más búsqueda, más cansancio. Un círculo de los tantos preestablecidos por patrones mentales “indiscutidos”.

Ya es hora de permitir esa caída fuera de lo aprendido, sin escuchar a los miedos, ni a la sociedad, ni a lo establecido. Solo escuchar al corazón…ese que quiere abrirse, palparse vulnerable y aun así aceptar el juego de esa vulnerabilidad encubierta, porque sin ella ni siquiera se atrevería a SENTIR LA VIDA.

Permitámonos esa caída que nos dejará  finalmente VIVIR.

Sin ella, seguiremos solo sobreviviendo en el tapiz del tiempo, fuera de la Vida que es Eterno presente.



Miro en este instante por la ventana, y veo, con gozo, cientos y cientos de semillas de diente de león volando empujadas  por el viento, entregadas, dóciles, sin lucha, dejándose llevar a donde se las siembre para continuar el eterno fluir de la Vida.

Algo aparentemente tan pequeño  me muestra en un instante consciente, todo lo que intentado expresar. Si estuviéramos atentos a esas señales, no necesitaríamos libros, ni palabras, ni certezas.



Tahíta-



miércoles, 28 de febrero de 2018

Si no me importa…No importa



Hace mucho tiempo vi una película en la que un anciano de una reserva de nativos norteamericanos era visitado por un niño blanco que era víctima de una encarnizada lucha entre sus padres que se estaban divorciando. La película mostraba como ambos padres le desgarraban el corazón pretendiendo tener la razón. Al final de la misma, el niño va a volver a su hogar en otro estado y el nativo le dice…

”En la Vida, recuerda aplicar éstos dos principios:
  • No te preocupes por una pequeñez.
  • Todo lo que pasa es “pequeñez”

Fue hace décadas que la vi, sin embargo esa enseñanza me marcó.

Nuestra mente suele conspirar abierta o discretamente en contra de nuestra paz. Por eso es que tantos autores hablan de “los demonios de la mente”. Y sí…puede elaborar pensamientos inquietantes y convertir un grano de arena en un desierto, solo para tratar de convencernos de reaccionar ante una situación, en lugar de responder a ella. Oponerle resistencia y luchar contra la mente  no es efectivo, por lo que es mejor, con el respeto y aprecio que merece, ponerla en su lugar cuantas veces nos sorprendamos enredados en sus artilugios.

La mente es compleja y variable, como el jabón, resbaladiza y difícil de contener. Un día está alegre y sociable, y al siguiente nos empuja a la soledad y el aislamiento. De acuerdo con su estado de ánimo, agranda o empequeñece un suceso, sin tener en cuenta una perspectiva realista.

Sin embargo en ella existen muchos niveles de consciencia operando, y cuando podemos detectar y situarnos en el nivel de “observador” de los propios pensamientos, podemos desde esa perspectiva más objetiva decidir “no pensar”, aunque dure poco, o no prestar atención al caudal de elaboraciones que corren río abajo arrastrándonos en la pena, la ira, el miedo, o lo que sea. Si podemos no darles tanta importancia, no alimentarlas con una atención inmerecida, dejarlas pasar sin considerarlas como problemas…DEJA DE HABER PROBLEMA. Cuando no los consideras problemas, no hay problema.

Eso no significa, ni esconderse ni huir. Solo observarlas pasar.

Dudo que lleguemos en esta etapa evolutiva a no pensar a voluntad completamente o la vacuidad mental, así que estar alertas al río que corre sin problematizarnos de que lo haga, suele ser una solución pacífica y no tan traumática como oponernos y pretender “no pensar” las veinticuatro horas del día.

El río corre, lleva muchas cosas. No me importa. Y si no me importa, no importa.

Lo dijo Mark Twain sobre la edad…”La edad es un asunto de mente sobre materia. Si no te importa, no importa” ¿Y no es este el caso con muchas otras cosas en nuestras vidas? Si no parecen importarte, entonces esas cosas realmente no importan.  La edad es uno de esos asuntos, otras cosas pueden ser los hábitos de las personas, por ejemplo, si el nivel de limpieza de la casa de un amigo no coincide con nuestros estándares exactos, los malos modales de un conductor por la ruta, la música de los vecinos molestamente alta, o incluso ver nuestro propio cabello ponerse gris. Y la lista puede ser larga.

¿Por qué en algunos días nada parece molestarnos  y en otros días una situación similar puede hacernos caer en el mal humor o la ira? O bien, reaccionamos o respondemos a la misma persona o situación de diferentes maneras dependiendo del impulso de la mente. Necesitamos entender que, a menos que observemos a la mente y le quitemos poder reiteradamente haciendo caso omiso de sus vaivenes, va a continuar vacilando y creando disturbios y confusión.

Lo dice en cada charla mi  querido Jorge Lomar…”Déjate en Paz”…o sea no dejes que la mente inferior te perturbe con todo lo que carga.

Si permitimos que mil cosas insignificantes nos molesten, estaremos constantemente enojados, agraviados e infelices. En otras palabras, si añadimos dolor a la situación, no estaremos en paz. Si decidimos no darle a “una pequeñez “nuestra atención, entonces dejará de molestarnos.

Un día comprenderemos que TODO ES PEQUEÑEZ.

La situación no importa, sino la mente que ponemos o no en ella. El aderezo placentero, irritante o neutral. Sea el que sea…SI NO TE IMPORTA, NO IMPORTA…si duele, ya has delegado el poder en la mente, y en ella, no es PODER…es fuerza…fuerza litigante.
Déjala en paz.
Las situaciones aparecerán y desaparecerán, pero si nos damos cuenta de que realmente no importa, podemos dejarlas ir. Es un caso de "preocuparnos por nuestra mente" para que se comporte de manera apropiada según las circunstancias. Pero: nada importa tanto, nada vale más que nuestra  paz y cordura.

Es la mente arrogante la que trata de tomar el control de nuestras vidas y nos hace juzgar si merece la pena prestar atención o no, ya sea amor u odio, respeto o falta de respeto. Si el ego está herido, entonces la mente encuentra fallas en una persona o situación, recogemos la tristeza como botín y desde allí…eso 'importa'. Si, por otro lado, el ego se siente complacido, todo tranquilo, entonces no importa.

Pero podemos  nosotros decidir de antemano que NO IMPORTA.

Decidir dejar ir las cosas que realmente no importan. Elegir aquello en lo que preferimos enfocar la atención y mantenernos en lo posible libres de estrés, acunando paz.

Pégalo en tu auto, en tu heladera, en tu escritorio…y siéntelo…

SI NO TE IMPORTA, ENTONCES… ¡NO IMPORTA!

¡Y LAS BENDICIONES FLUYEN!

Tahíta


martes, 27 de febrero de 2018

Bajando el volumen de lo Externo -  por Tahíta


En nuestra vida diaria continuas distracciones llaman nuestra atención aquí y allá. Algunas nos invitan a participar en las cosas más inverosímiles o inútiles. Otras nos invitan a escapar, a evadirnos… y aún otras a reaccionar.

Esta es la razón por la que a lo largo de la historia muchos en el camino espiritual se aislaron en monasterios o se convirtieron en ermitaños lejos de otras personas: la vida mundana es extremadamente ruidosa en muchísimos sentidos.  Es tan ruidosa, que de hecho, requiere un toque consciente poder  escuchar la voz quieta y sutil, la voz interior genuina.

Esta voz interior es la principal forma en que podemos conectarnos con lo Divino, que también podemos llamar intuición, Fuente, etc.

 Es nuestra conexión con TODO LO QUE ES, y cuando no podemos escucharla, fácilmente sucumbimos a sentirnos confundidos, abrumados, perdidos en el ruido exterior.
Pero no todos podemos recluirnos en monasterios o cuevas en lo alto de las montañas.
 ¿Cómo hacer para escuchar la guía interna que siempre está ahí?

A primera vista, parece que la respuesta es simplemente hacer silencio, mejor aún, hacer silencio  y meditar. Sin embargo, cuando trato de hacerlo, las voces, la charla y el ruido del mundo no solo me siguen a ese espacio silencioso, sino que comienzan a rivalizar y a causar más alboroto.

Estas voces, están siempre allí, y hábilmente compiten por mi atención, embargándome, cuando me pillan fuera de foco, en potentes emociones para ganar posición, para que crea que el pensamiento es importante. Estas voces a menudo son incluso más fuertes que las que trato de evitar en el mundo exterior. También hacen todo lo posible para ahogar la única voz pura de cordura que reside dentro.
Lo único por hacer es agregar conciencia y el discernimiento al proceso. Sin lucha, sin supresión, sino un agregado.

Cuando  traigo la consciencia al proceso del pensamiento entonces puedo vislumbrar o ver directamente patrones que están enfocados en el pasado o en el futuro, siendo casi siempre proyecciones, especulaciones, historias o medias verdades sobre lo que está sucediendo, que no tienen nada que ver con lo que en realidad sucede en el momento presente.

Esos patrones mentales  me solían cargar de culpas, temores y hasta angustia.

La voz quieta y pequeña de lo Divino o de la intuición no es para nada así.

Es amorosa, amable, paciente y sabia, aunque puede ser firme y directa, sin ambigüedades.
No hay en ella caos.

 Está enfocada en el presente, es sumamente tranquila, y solo pone su intención en el mayor Bien para cada fragmento de su Ser.

 Su intención es afirmar la vida, no todas las tonterías que el mundo que nos  rodea  dice que son lo mejor. Está ahí para guiarnos en el camino de la evolución del Alma.

Se requiere coraje y práctica para rasgar los velos de pensamientos y ruidos alrededor nuestro, para filtrarlos, para dejar de presionarnos, para descubrir y descartar las conductas y actividades que nos agotan la energía y aniquilan los planes del alma. Si aprendemos a escuchar la diferencia entre esta charla interna y externa, que en definitiva, es siempre externa al SER, y escuchamos la Voz real en nuestro interior, ya no nos sentiremos solos o perdidos.

Tenemos acceso a una guía que nos llevará exactamente a donde necesitemos ir y hacia lo que elegimos  hacer.

Escuchar no puede quedarse allí, sino que tenemos que seguir las instrucciones de esta guía interna. Cuando lo hacemos, descubrimos que siempre se nos cuida, cosa que tratan de negar muchas veces los pensamientos aleatorios en nuestra  mente o los pensamientos de los demás.

Para elevarnos por encima del reino de los meros pensamientos, es necesario sintonizar una frecuencia más alta, la que está alineada con esa  Voz interior.

Entonces, la vida misma nos habla donde sea que estemos. Recibimos señales en el mundo externo que identificaremos con certeza como guía perfecta.

Lo he experimentado por más de sesenta años…y cuando lo he olvidado, cuando  llevada por otros vientos promuevo una virtual separación de esa inmanente Presencia…entonces sí vuelven a tomar poder los fantasmas que tratan siempre de convencerme de que “soy poco”, fragmentada, inerme, no amada…

Los pensamientos no son el enemigo. Son una herramienta diseñada para servirnos, pero nunca para tomar la delantera. La personalidad tiene un papel que jugar, pero nunca se suponía que condujera nuestra vida.

No sabe nada sobre nuestra esencia.

Cuando bajamos el volumen de todos los pensamientos y preocupaciones propios del ego personal, lo que estamos haciendo es abrirnos a volver a conectar con nuestro Ser auténtico.

Ahí está la liberación de tanto ruido innecesario.

Lo que es sorprenderte es que en esa aparente vacuidad, en lugar de sentirnos extraños, confundidos, desorientados, perdidos, angustiados…nos sentimos como si hubiéramos vuelto a casa. Y esto…está siempre disponible para todos, sin excepción.

Solo hay que des-aprender los ruidos…estén o no, como primer mandato y a la vez re-aprender a escuchar por sobre todas las manifestaciones faltas de verdadero Amor, compasión, comprensión infinita, paciencia…una Voz que siempre nos confirma como INOCENTES…una Voz que nos mantiene enhebrados en el hilo del Espíritu, como cuentas valiosas y luminosas en el collar de Lo Eterno.

Y LAS BENDICIONES FLUYEN!

Tahíta

sábado, 17 de febrero de 2018

¿Lo miserable de la no Coherencia?


En Facebook comencé a sintonizar con lo escrito de un personaje de la Vida, como nosotros ,que ha inventado, según él y su libro, la “Biodescodificación Cuántica”. Uyyyy…suena importante!

Es risible que cada uno que quiere lucrar con la biodescodificación le cambie de nombre, ese simple y genuino que utilizaron los pioneros del tema, para poder ponerle su sello y registrarla como propia. Desde ya me reí desde un comienzo de la pretensión de llamar “cuántica” a la biodescodificación, porque parece que como es una palabra poco comprendida en su esencia, pero de moda, todos la adicionan a sus métodos para hacerlos parecer más completos y complejos, y así nos encontramos con Astrología Cuántica, psicología cuántica, etc…

La cuestión es que los fragmentos de sus libro que sube a su Facebook eran muy interesantes y reflexivos, pero nada nuevo bajo el sol, o sea los conocimientos de Salomón Sellam, Christian Fleche, etc…con palabras nuevas y determinación de formular como nuevo algo  que ya está bien estudiado y sacado a la luz. Lo seguí por un tiempo y me agradaba la osadía con que presentaba las “posibles verdades” de la sintomatología, y hasta pensé en crear un apartado en InterSer para sus escritos…sin embargo  miraba sus videos por YouTube…y mi intuición  hacía que me “doliera la panza”…eso me ocurre siempre que me alerto desde otras dimensionalidades acerca de lo genuino de algo. Lo vi como una persona atormentada (eso es lo que surgió desde dentro, sin análisi mental), sin facilidad de palabras, bajando la mirada cuando habla, lo que inequívocamente habla de una sombra que no ha sido liberada y ya te da pauta de la poca seguridad  de sus conocimientos…pero me dije a mi misma…”no juzgues”…cuando en realidad la intuición te lleva a sentir por algo, a discernir.

La semana pasada comenzó a postear frases  grosera y algo violentas…y todos los seguidores seguían embelesados aplaudiéndole…por lo que solo observé…Algo así como “Todo es una mierda”…y me dije, este hombre no está bien en su proceso. Luego sacó otra frase en la que decía que indudablemente los “agentes de la sombra” contaban con más recursos de los de la Luz (jaja)

Un biodescodificador sabe que la sombra que ve es la propia y que los agentes de la sombra somos todos los que la creamos y ahora tenemos que disolverla, y no la creamos porque “somos malos y oscuros” sino porque vinimos a experimentar con la dualidad sombra-luz…y en el fondo SOMOS LUZ…energía ni buena ni mala. Por lo visto esos capítulos en sus estudios imprescindibles para alguien que dice biodescodificar se le pasaron…además, creo que él se auto-otorgó el título…como yo podría mañana inventar una academia de “El Método de Tahíta para el despertar Cuántico” (cuando me considere falsamente despierta  lo hablamos).

Fui tan bien pensada que me dije…”Nos está probando  publicando aberraciones” para que saltemos, dejemos de aplaudirlo  y darnos una lección de…SOLO SIGUE  TU INTERIORIDAD…pero no. Hace unos días sacó algo así como que el primer paso del despertar es descubrir “lo miserables que somos”. ¡Pobre personaje abrumado!...y lo peor es que los seguidores de su página le daban la razón creándose un clima de ayyy ayyy aayyy…¡qué miserables somos! que bajó la vibración de cuantos se dejaron arrasar por este personaje humano que se siente tan miserable que tiene que compartir y distribuir su enorme carga con los demás espejos.

Entonces mientras observaba el proceso surge otro personaje, más despierto que él, que le dice: “José…hoy sí que la has pifiado…no es mi caso, yo no me siento miserable, me siento bien en mi proceso”….¡Por fin alguien recuperando la coherencia¡…y este señor José, autor de un primer libro de Bidescodificación Cuántica y bla bla bla…al verse enfrentado por su “espejo-maestro”, rehuyendo esa enseñanza, simplemente le dijo que se retirara del grupo porque evidentemente no era para él. No…evidentemente este tipo se pseudos gurúes de la materia o ciencia o pseudo ciencia que sea: no son para personas que con coherencia pueden ver su “inocencia” y la de todos, para quienes vamos con paciencia corriendo los velos y reconocernos cualquier cosa menos miserables o nefastos o agentes de la sombra. En ese momento sí intervine para ponerle simplemente que no necesitaba invitarme a mí también a dejar de seguirle, pues desde ese momento, me liberaba y lo liberaba de “abrirnos todos a considerar  lo que estaba trasmitiendo”.

Él también es inocente de lo que hace. Si el Todo lo permite y los demás lo dejamos avanzar es para “abrirnos los ojos” acerca de los rollos mentales que personas que aún no han alcanzado la coherencia para sí mismos puedan sembrarnos, llevándonos a sentirnos miserables, poco merecedores o sombríos, solo porque ellos se sienten así y su energía se propaga debilitando y socavando nuestra energía desde su campo sombrío. Ni bueno ni malo.TODOS HACEMOS LO MEJOR QUE PODEMOS DESDE NUESTRO CAMPO DE CONCIENCIA. SÍIII

Solo quería compartírselos para que permanezcan despiertos y atentos acerca de la manipulación subjetiva de energía a la que estamos expuestos en las redes, en el barrio, en nuestra casa, en todo sitio…ATENTOS Y VIGILANTES…para perdonar, saltar por sobre, y hasta trasmutar esa energía en lo que queramos. Somos co creadores, lo asumamos o no…La energía es Una pero sus vertientes  nos llegan de una manera y podemos subverterla en otra…la que deseemos.

 

BENDICIONES EN ÉSTE ETERNO JUEGO!!!

Tahíta

 

viernes, 16 de febrero de 2018

LA SEGUNDA CAPA DE DOLOR


Como Buda lo expresó, cuando a una persona le embarga un sentimiento de dolor se aflige, llora, se lamenta y angustia y le aquejan  dolores físicos y mentales.

Esta clase de dolor es inevitable. Casi en todos los casos añadimos otra capa a ese dolor… el dolor que generamos en respuesta al inicial, al resistirnos quejándonos y deseando que las cosas sean de otra manera. Éste tipo dolor es el que podemos aprender a gestionar, el que no es inexorablemente  inevitable.

El no poder gestionarlo y añadir otra capa nos lleva a un tercer dolor, no siempre manifiesto inmediatamente, pero derivado de la no aceptación, el intento de negación, y el impulso de huir…lo que solo hace que la cuota a saldar se acumule y aumente. Y se huye de muchas maneras, casi siempre a través de los sentidos…comida, televisión, entretenernos en otra cosa. Aunque suele considerarse un tercer dolor…solo surge del segundo…esa capa que adicionamos al no poder gestionar el inicial…y el intento de camuflarlo

Ya hace mucho que los psicólogos más profundos han descubierto que esto puede aliviarte por un corto tiempo, pero que tirar al inconsciente el dolor alimenta su regreso triunfal.

Para dar un ejemplo ficticio: Me siento sola porque mi pareja me abandonó. Es un dolor inicial.

Pero luego re-creo el dolor diciéndome cuán terrible es mi vida, o diciéndome a mí misma que debería ser más "desapegada". De cualquier manera, sufro de nuevo. Esto es sufrimiento fabricado…es la segunda capa que nos regalamos, sin quererlo, claro.

Alternativamente, podría tratar de reprimir mi soledad comiendo demasiado chocolate. Y mientras lo saboreo, experimento placer. Pero el chocolate llega a su fin, y vuelvo a sentirme sola y abandonada. Ese es el sufrimiento que llega cuando nuestros mecanismos de evasión terminan.

Y es que cada energía que llega tiene que agotarse hasta el fin. Nada de esconderla, ni de negarla, y menos taparla con distracciones, llámese chocolate, sexo, tele, o lo que sea.

Yo misma lo he hecho infinidad de veces hasta que  leyendo los escritos del Dr Hawkins y Jeff Foster, no me limité a decir “Qué bien”…sino que me animé a no “sacarle el cuerpo” a nada y resultó toda una revelación que agradezco a los hermanos-espejos que nos trasmiten esa posibilidad que resulta la más sencilla, si le quitamos el miedo.

Muchas veces  paso por momentos familiares en que flaqueo…y casi siempre, aun estando de pie y cocinando o limpiando la casa, tengo que parar, reconocer lo que me está agobiando, o no…simplemente reconocer el síntoma…la sensación de opresión en la garganta o en el plexo solar…y ya no huyo, ni con una pastillita, ni con una llamada a una amiga, sino que respiro varias veces hondo pongo mi atención amorosa en donde siento dolor u opresión, física o emocional…y  me abro a sentir esa energía sin que se acumule en  mis deudas…y como dice el doctor Hawkins…hasta me animo a decir…”Padre, dámela toda”…Esa energía dura en promedio un minuto y medio…más o menos…la recibes y sientes y se agota. Eso es todo…cuando surge otra…heces igual, paras, le das toda tu atención amorosa…la dejas manifestarse y SE ACABA.

Vale para todo.

Muchos me escriben sobre la pérdida de un ser amado. No soy consejera de duelo, pero he pasado por varios aún sin las perspectivas aliviadoras que el abrirnos a las experiencias nos dan

El dolor puede ser tremendo. Lo primero para enfatizares que el dolor de la pérdida es muy natural y que debe ser aceptado. Es común pensar que sentir dolor “no es aceptable espiritualmente”, pero cuando nuestra vida ha estado profundamente enredada con la de otro ser, los dos somos parte de un sistema emocional, una especie de amor compartido que fluye entre nosotros. En ese tipo de relación no somos, en un nivel emocional, dos seres completamente separados. Y cuando perdemos al otro, parece que una parte de nosotros ha sido arrancada. Se siente de esa manera porque eso es exactamente lo que sucede energéticamente.

Así que, si estás en ese trance u otro doloroso, toma  un respiro y di: "Está bien sentir esto". Realmente lo está.

Incluso los más iluminados sienten dolor.

Cuando pensamos que hay algo mal acerca de sentir dolor, agregamos una segunda capa de sufrimiento, que a menudo es mucho más dolorosa que la primera. Esta segunda capa de dolor viene de decirnos cuán terrible es la experiencia que estamos teniendo, cómo no debería haber sucedido, etc. Aceptemos que está bien sentir el dolor inicial, y es menos probable que agreguemos  esa segunda capa.

Considero que el dolor es una expresión de amor. El dolor es como se siente el amor cuando perdemos, o así lo consideramos, el objeto de nuestro amor. Y eso vale para todos, aun los que se han leído y releído los libros sobre desapego y mil más. Intenta ser consciente del dolor y verlo como valioso, porque es Amor. Muchos me dirán “es apego”…puede que el apego sea una fase  menos madura del Amor  libre de todo lazo…pero no demasiados llegan a éste último sin pasar por el más personal. En la dualidad…sin amor, no hay dolor. Pero sin dolor, no habría amor. Entonces, tenemos que ver el dolor como parte del paquete de la experiencia dual, por así decirlo.

Me ha servido poner mi atención en ese dolor, detectarlo, reconocer que una parte de mi expresión está sufriendo y enviarle mucho amor compasivo…para no agregar una segunda capa de dolor…sino para que se sienta reconocido, vivido y se diluya.

Mientras presto atención consciente a la parte de mi humanidad que está sufriendo (notando en qué parte del cuerpo se encuentra el dolor), suelo decirme cosas como "Está bien". Sé que duele …estoy aquí, fuerte para ti” . También me digo “Lili…te amo, el Espíritu responde aquí y ahora y te abraza en Luz y Amor”

La única diferencia entre nosotros y alguien con maestría emocional es que nunca agrega una segunda capa de dolor.

No he llegado a ese nivel…pero  confío plenamente que no huyendo, todas esas energías que capa a capa deben caer, lo hacen cuando me abro sin miedo a sentirlas y permito que la Vida viva a través de mí…y a la vez sé por experiencia que la energía aceptada, no golpea más con la misma intensidad.

Y LAS BENDICIONES FLUYEN!!!

Tahíta

miércoles, 24 de enero de 2018

Una Bondad Amorosa que se toma su tiempo


La bondad amorosa es una práctica que se  hace eficiente de a poco y con ligereza. Sin forzarla.

Sería abrupto después de años de ser programados para el ataque y la defensa, deponerlos y abrir el corazón vulnerable a su espaciosa perspectiva amorosa.

Aunque no lo crean, la mayoría de las personas se quedan detenidos en el primer estadio de la meditación de la Bondad Amorosa…porque es la etapa en que la tenemos que aplicar a nosotros mismos, sentirla, experimentarla para expandirla después. Otros, más abiertos al arte de amarse, pasa esa etapa sin demasiados tropiezos y la siguiente pero se estancan  en la tercera o la cuanta. Y es que las etapas son…mostrarnos a nosotros bondad amorosa, mostrarla a los seres amados, extenderla a personas desconocidas con las que no tengamos historia, abrirla luego, y debe ser la etapa más dura, a  aquellos con los que tenemos conflictos, enojo, enemistados…y al fin hacerla extensiva a TODO SER…lo que, paradójicamente parece ser menos difícil que abrazar con ella a nuestros presuntos  “enemigos” a quienes nos han herido, maltratado, no tenido en cuenta, abandonado, etc.

Debe hacerse de la manera más fácil posible para que la experiencia brote con suavidad y naturalidad. Hacerlo de la manera más fácil posible significa primero usar frases que nos sean significativas.

 Y esas frases, que podemos elegir entre las que más nos resuenen, las aplicamos primero a nosotros mismos:

Que me llene de bondad amorosa; que me acoja con bondad amorosa.

Que me sienta a salvo y tranquilo.

Que me sienta protegido.

Que sea feliz.

Que me acepte tal como soy.

Que alcance la paz.

Que llegue a conocer la alegría natural de estar vivo.

Que mi corazón y mi mente se abran para recibir el amor.

Que me libere de todo pesar, dolor y duda.

 

Dejamos que la mente descanse en las frases. Podemos acompañarlas con respiración consciente o no: el foco de la atención son las frases. Permitimos a los sentimientos ir y venir.

Podemos usar cualquier frase que sea poderosa para cada quien. Deben ser significativas no solo de manera temporal: aprobaré este curso, sino algo profundo que desearíamos y deseamos a los demás. Los pensamientos son muy importantes al hacer la práctica de bondad amorosa, no luchamos para tener cierto tipo de sentimiento y otros no. 

Solo dejamos que la mente descanse en las frases.  A veces se sentirá glorioso, será extraordinario.

Otras  veces será muy común, muy mecánico, pero no importa. No significa que no está pasando nada o que no está funcionando. Lo importante es hacerlo, es formar esa intención en la mente porque estamos uniendo el poder de la bondad amorosa y el poder de la intención, y eso es lo que producirá el efecto de ese flujo libre de bondad amorosa.

Las frases funcionan. Lo corroboran personas que no creían en su efectividad, que las repetían a veces con hastío, otras no…y al tiempo encontraron que les era más fácil amarse, perdonarse y hacerlo con los demás.

En la siguiente fase, extendemos esas frases  un ser amado o a varios, de a uno por vez. Podemos cambiar las frases  de lo que deseamos se manifieste en su vida, de acuerdo a las necesidades que reconocemos en cada quien.

Después de haber estado aplicando las frases en un ser amado, la hacemos extensivas hacia alguien neutral, alguien desconocido o sin historia emocional con nosotros. La primera tarea, por supuesto, es encontrar alguien neutral porque a menudo, tan pronto como conocemos a alguien ya  tenemos un juicio: Me gusta. No me gusta. Eso ya no lo califica como neutral

Si podemos posicionarnos ante alguien de manera neutral, es una práctica menos personal enviarles bondad porque no hay ninguna historia con ellos.

En útil darnos cuenta que esa persona, sea como sea su apariencia o vida, solo desea como nosotros, estar en paz, ser feliz, vivir…sin juzgarlo.

Podemos repetir:

Que te llenes de bondad amorosa; que estés acogido en bondad amorosa…que sientas ahora mi amor.

Que te sientas seguro y en paz.

Que te aceptes a ti mismo tal como eres.

Que seas feliz.

Que alcances la paz..

Que conozcas la alegría natural de estar vivo.

Que despierten tu corazón y tu mente.

Que seas libre.

Después de hacer eso por un tiempo, para avanzar, enviaremos bondad amorosa a alguien con quien tenemos dificultades. La etapa más difícil, porque esa persona, de alguna manera, simboliza la diferencia entre la bondad amorosa  condicional, y la incondicional, que va más allá de elegir quién es merecedor de bondad amorosa (todos lo son),de satisfacer nuestros deseos, una etapa en la que ni siquiera pretendemos que el afecto regrese, o que las personas nos traten bien. 

Es esa persona la que define la línea entre lo que es finito y lo que es infinito.

 Sin embargo, no es fácil. Muy a menudo  pensar en esta persona  aviva sentimientos como: enemistad, enojo, miedo, o lo que sea. Cuando enviamos bondad amorosa a una persona con la que sostenemos una relación difícil, solemos sentir todos estos otros sentimientos manifestados como  ira. 

Si es posible, tenemos que intentar  soltarla. Recitamos las fases anteriores, o las que sintamos. Si es demasiado fuerte, entonces podemos aplazarlo hasta que nos sintamos más preparados.

No sirve forzarse. Prestemos especial atención al sentimiento desagradable hasta que comience a disminuir un poco, no necesitamos juzgarlo ni juzgarnos. 

Permanecemos con ese sentimiento hasta que disminuya. Siempre disminuye. Ahora, cuando podamos, retomamos la práctica de bondad amorosa nuevamente.

Práctica guiada de amor y bondad

Una vez que se nos hace  habitual la bondad amorosa puede surgir de nosotros en todo tiempo o lugar: en un transporte, en la calle, en un supermercado, con un vecino, un médico, un vagabundo, un animal o planta…pero al principio  la mayoría de las personas prefieren  hacer meditaciones cortas , en silencio, para extender la misma. Cada quien sabe si lo siente hacer.

Para comenzar, tomamos una posición sentada cómoda  cerrando los ojos.

Encontramos frases que nos gustaría usar. Tomando algunas respiraciones profundas, relajando el cuerpo, encontrando las frases que reflejan lo que deseamos más profundamente para nosotros. Muy suavemente las repetimos. Podemos poner las manos sobre nuestro corazón.

Luego traemos a la mente a un Ser amado, o alguien por quien sentimos respeto, admiración, afecto o gratitud, y tratamos de mantener la imagen de esa persona o pronunciamos su nombre mentalmente. Dirigimos esa fuerza de amorosa bondad hacia ellos, deseándoles seguridad, felicidad y paz.

 Muy suavemente, una frase a la vez, dejamos que la mente descanse en cada frase.

Y si se viene a la mente cualquier otra persona amada, admirada o apreciada, dirigimos las frases hacia ella, deseando su felicidad y su bienestar.

Ahora traemos a una persona neutral a la mente. Observamos cómo se desarrolla el sentimiento de bondad amorosa. Que sea alguien en nuestra vida con quien no tenemos un fuerte sentido de agrado o desagrado.  Extendemos la sensación de bondad hacia ella. Si  nadie viene a la mente en esta categoría, entonces seguimos con un conocido poco implicado con nosotros.

Pasando a la siguiente fase, si podemos, recordemos a alguien con quien tengamos dificultades. Si hay alguien con quien tenemos tal vez una dificultad no muy grave, comenzamos con él: alguien con quien hay conflicto, hay tensión. Hay inquietud, alguien de quien diríamos “no me gusta”. Recordando que esa persona, también, en su alma, solo quiere el bien; que por ignorancia, todos cometemos errores que crean daño o sufrimiento, y que causar sufrimiento inevitablemente traerá sufrimiento a esa persona. Veamos si podemos extender esa fuerza de amorosa bondad hacia ella. 

Enviar bondad amorosa no significa que aprobemos o desaprobemos sus acciones, significa que podemos ver claramente las acciones que son incorrectas  y  aun así no perdemos la conexión y podemos comenzar a abrirnos para amarle, como sea…aún en el futuro. Sin forzar.

Una vez que la traemos a la mente repetimos para ella las frases anteriores o las que sintamos…. Si podemos encontrar algo bueno de esta persona, en medio de todo lo demás, si nos podemos enfocar en esa cosa buena, encontraremos que hay una sensación de acercamiento, apertura, y todo el resto se puede comenzar a ver desde otra perspectiva.

Que te llenes de bondad amorosa; que estés acogido en bondad amorosa…que sientas ahora mi amor.

Que te sientas seguro y en paz.

Que te aceptes a ti mismo tal como eres.

Que seas feliz.

Que alcances la paz..

Que conozcas la alegría natural de estar vivo.

Que se te despierten el corazón y la mente, que seas libre.

 

Ahora, expande ese amor a todos los seres, en todas partes, sin distinción, sin exclusión:

Que todos los seres vivos estén libres de peligro, pueden tener felicidad mental, pueden tener felicidad física, pueden tener bienestar.

Todas las criaturas, conocidas o desconocidas, cercanas o lejanas, nos gusten no nos gusten o nos sean neutrales: a todas las abrazamos en esa bondad amorosa.

Todos los individuos... los felices, los que están sufriendo o causando sufrimiento: sean sin distinción abrazados en la bondad amorosa de nuestros corazones.

Todos los que existen 

Cada ser, en todos los lugares, pueden ser capaces de acceder a lo que deseamos para nosotros mismos.

Que todos los seres se llenen de bondad amorosa.

Que todos los seres conozcan una enorme paz.

Que haya paz en la tierra; paz en todas partes.

Que se despierten todos los seres; que todo se liberen.

 

Cualquier cosa, frase recordatorio o gesto que pueda inspirarte en esta meditación, puede ser recreado.

 

A mí particularmente me resuena mucho el texto de la Bendición a la Tierra del maestro sanador Choa Kok Sui, que les comparto debajo…

 

Bendición de la Tierra con bondad amorosa

 

Desde el Corazón de Dios,

Que toda la Tierra sea bendecida con bondad amorosa.

Que toda la Tierra sea bendecida con gran alegría,

felicidad y paz divina.

 

Que toda la Tierra sea bendecida

con comprensión, armonía, buena voluntad

y voluntad encauzada hacia el bien. ¡Así sea!

 

Que los corazones de todos los seres sensibles se llenen

de amor y bondad divinos.

Que los corazones de todos los seres sensibles se llenen

de gran alegría, felicidad y paz divina.

Que los corazones de todos los seres sensibles se llenen

de comprensión, armonía, buena voluntad

y voluntad encauzada hacia el bien.

¡Con gratitud, así sea!

 

Co creamos con cada pensamiento, sentimiento, palabra y obra, y podemos con intención y aún sin ella, y de echo lo hacemos, influir en el campo energético de nuestra aura y el de los demás…DE TODA VIDA.

Así que los invito a encontrar las herramientas para que aún a la distancia podamos ser fuente de Paz y Amor

Y…LAS BENDICIONES SIGUEN FLUYENDO!!!

Tahíta