domingo, 28 de julio de 2013

EL AUTOCONOCIMIENTO NOS DESNUDA A CADA TRAMO


A diario, la revisión de nuestros propósitos tiene que acompañarnos para no opacar la tarea...Una tarea que consiste, principalmente, en mantener el equilibrio en ese centro interno en el que los vientos de la cotidianeidad no sacuden tan amenazadoramente nuestro paisaje.

El afán de protagonismo, suele ser un estímulo temprano...mas a medida que nos refrescamos en la corriente amorosa de la cual provienen nuestras envolturas humanas, comprendemos que es un afan inutil y hasta pesado para cargarlo a nuestras espaldas.

Puede ser que hayamos asumido muchos cometidos...ellos se transforman, juegan y parten, y solo nos quedamos con los que vibran en el corazón como mandato del alma, no más. Y aún así, no perder la perpectiva de lo esencial de la humildad, es imprescindible.

La soberbia es un freno, es un negarnos a vernos a todos como llamas de un mismo fuego.

Nadie hay por sobre nosotros en el Hogar de la consciencia plena, todos portamos la verdad, aún quienes menos pensamos...solo que el momento de despertar y permanecer atentos a lo que la parte angélica susurra, es actualizado según nuestra atención, aspiración, apertura y ritmos.

Eso de creernos en "el camino"...diferenciándonos...nos retrasa.Todos estamos en el camino, absolutamente todos, no importa con qué disfraz...y quitado el mismo, reaparece ese maestro que somos...que aceptó el anonimato y la densa responsabilidad de olvidar quien es, para sumar a la experiencia del Todo, su viaje en la dualidad que co-creamos y sostenemos mientras deba parte del escenario de aprendizajes.

La vanidad, la soberbia , la intolerancia y la inflexibilidas nos enseñan a quedar desnudos en la humildad, mas no antes de dejar echo jirones nuestros egos...que de a poco, se entregan a la comprensión y al abrazo del Espíritu.

Todo ese vaje es lo acordado. Todo nos des-ilusiona para mostrarnos lo real de la Unidad, sea como sea.

Quien aspira a ser llamado "maestro", tiene que ponerse en la fila de los aprendices, para reconocer que el árbol es maestro...el viento es maestro...el águila es maestro...la piedra es maestro...y es maestro tanto aquel que nos perfuma el camino, como quien arroja piedras a nuestro paso.

Tal vez aprendemos más del segundo que del primero.

Por eso el autoconocimiento va dejando fuera el deseo imperioso de protagonizarlo todo. Comenzamos a sentir en cambio la aspiración silenciosa, la necesidad de volver por momentos al útero de la soledad, para recargarnos de unicidad...el amamantarnos de la fuente en la que el tú y el yo se disuelven y queda una huella de Luz que nada sabe de nombres y de roles.

Cuando asumimos cada día recordandonos como servidores ...solo entonces podemos sostener firmemente la lámpara que permanece encendida para alumbrar todos los caminos...el propio, el del otro...el del que perfuma y el del que arroja piedras...el del que comprende y el del que centrando su poder en un centro ficticio, niega la lámpara hasta que la Luz le despierta.

Todo y todos...SOMOS LUZ EN EL CAMINO...Una Luz que no necesita ser alabada ni reconocida.

UNA LUZ QUE SE REFLEJA EN CUANTO TOCA...AQUÍ Y AHORA.

Mi corazón les abraza!

Tahíta

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