domingo, 24 de abril de 2016

LA LUZ EN LA HERIDA


La muerte no existe…la vida no acaba…es otro comienzo…

Son frases que repetimos siempre cuando alguien pasa por la experiencia de la  “muerte” de un ser amado.

La vida y la muerte son un misterio. Ese es el único concepto real.

Sin embargo tenemos que atravesar por cada experiencia  y aunque cueste reconocerlo, nadie está exento de miedo y de dolor en la encarnación humana, por tanto, negarnos a que seremos tocado por la experiencia del tránsito de las formas es una ilusión.

Negar es el primer obstáculo a que podamos fluir con la experiencia, por eso hemos  pasado de enseñanzas como las metafísicas y otras de psicologías antiguas en las que se nos decía que debíamos quitar de la casa las fotos de personas que habían partido, regalar de inmediato sus pertenencias y no permitirnos estar con el recuerdo de las mismas a otras más graduales y menos impositivas, más permisivas y amorosas  que nos aconsejan lo contrario.

Desde ya, es importante lo que cada quien sienta en su corazón, sin embargo, sabemos por los estudios de otras amorosas corrientes de vida, como la Dra. E.  Kubbler Ross que en el duelo pasamos por varias etapas…

1.Negación, aislamiento e incredulidad: en un primer momento no aceptamos la pérdida, no nos lo creemos, no nos ha dado tiempo a encajar la noticia.

2.Ira: sustituimos la incredulidad por el resentimiento, por la rabia. Aparecen los por qué, se carga contra los médicos, contra quien provocó el accidente, contra el familiar que no estuvo presente… Esta ira es una fase normal, y como tal, no se debe tener en cuenta como algo personal.

3.Negociación: intentamos buscar una salida al hecho a través del pacto, del regateo, de la negociación, con Dios, con nosotros mismos…

4.Depresión y tristeza: nos invade la tristeza, el sentimiento de soledad. El apoyo de los más cercanos es completamente necesario, y es un periodo preparatorio para la última etapa.

5.Aceptación: hemos llegado al final del camino. Llevamos un tiempo sin la persona, han surgido nuevos planes, proyectos, actividades… Le recordamos con añoranza, pero ya miramos la vida de otra forma.

Cada una de éstas etapas debe ser respetada y experimentada hasta el final para recuperar la paz, y si es otra persona la que pasa por el proceso de haber “perdido” a un ser amado, recordar la sucesión de etapas puede hacer que  nos ayude  a  acompañar adecuadamente dicho tránsito, teniendo en cuenta siempre no forzar los tiempos y dejar que todo salga a la luz. La frase que antecede a éste artículo es muy explícita…. Por la herida y la cicatriz que deja... entra mucha luz, mas si negamos la herida, no hay manera de que la Luz al fin lo ilumine todo.

Enric Corbera cuenta la situación de profunda tristeza en que se encontraba su suegra ante el tránsito de su compañero de vida, y cómo  pensaban en esconderle cuanto le recordara a él…por su parte Enric hizo todo lo contrario se sentó con ella a hablar de su compañero largo rato, recordando momentos vividos y hasta miraron muchas fotos y álbumes…la mujer hizo lo mismo con sus amigas, y eso le permitió poder superar con mayor prontitud la tristeza.

Todo lo que se enmascara, esconde o niega, interrumpe la sanación, y esto va para cualquier proceso doloroso, por lo tanto, además del amor, de la demostración cariñosa e incluso el silencio que podamos compartir con quien sufre una pérdida, es importante sacar la herida a la luz para que sane. Todo lo que se guarda, en su momento aparecerá multiplicado, en nuestras vidas o en la de los que nos continúan en nuestro clan familiar. Los conscientes, estamos para eso, para concientizar cada situación cuanto podamos para que no quede como residuo tóxico.

Lo demás depende de la creencia que cada quien albergue  con respecto a lo que hay más allá del velo de lo que llamamos muerte y eso…ES PARTE DEL GRAN MISTERIO!!!

 

Luz en sus vidas!!!

 

Tahíta

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