domingo, 24 de abril de 2016

El padre y yo somos UNO


 

Hace más de dos mil años se cree que vivió un ser tan despierto para su época, al que confundieron con la totalidad de la fuente, que sembró en la consciencia de miles, una verdad que pocos comprendieron…

EL PADRE Y YO SOMOS UNO.

Entonces las mentes de esa época, veladas por  un sistema de creencias que aún persiste, creyeron  que había un “alguien” llamado “Padre” y que quien predicaba esa unión mística era la personificación de ese alguien. Y no era incorrecto como comienzo.

Llegaron nuevos mensajeros y cada uno de ellos  sumando o restando claridad a tan sencilla pero contundente frase, no pudieron sin embargo nunca refrendarla…

EL PADRE Y YO SOMOS UNO.

Cuando quienes son llamábamos “buscadores espirituales”  fuimos acomodando medianamente las piezas de éste puzzle consciencial, nos dimos cuenta que la expresión “Padre” podía significar diferentes aspectos de una misma realidad, dependiendo el proceso que cada quien estuviera vivenciando.

Unos llamaron “Padre” a una entidad más o menos personalizada denominada también “Dios”…otros interpretaron que se refería a una entidad  que había tomado a éste avatar bajo su proyección, y lo  etiquetaron como “el Arcángel Miguel”…muchos, aún anclados en el plano físico, llaman “Padre” a su Yo Superior, o a su Alma individualizada…y unos pocos comienzan a entrever o  casi a cerciorarse de que Padre…es la totalidad de LO QUE ES…en la cual como humanos…vivimos, nos movemos y tenemos el ser…el más pequeño, ya que toda individualidad o separación nos comienza a resultar pequeña, fragmentada y limitada.

Lo cierto es que ese fragmento del Uno al que muchos llaman Jesús, fue quien primero nos despertó al sentido de la Unicidad con la FUENTE, lo que no es poco.

EL PADRE Y YO SOMOS UNO…

Realmente podemos llamarlo cómo queramos o concebirlo como nos alcance nuestro ámbito consciencial…pero en todos resuena esa nostalgia de filiación y Unicidad cuando escuchamos o pronunciamos una verdad que no necesita de defensa alguna ni de comprobación…solo un sentir interno de anhelo de integración al que no hace falta doctrina ni religión en la cual apoyarse.

Hace dos mil años lo tomamos de forma velada como alguien a quien aferrarse, alguien a quien necesitábamos para ser “salvos y perdonados” (¿por qué y de qué?)…hoy podemos comprender cuán difícil  pudo haberle resultado a un ser tan despierto tratar de trasmitir a una humanidad dormida  vislumbres  de una Real-idad de tal magnitud. Y le idolatraron, y lo subieron a la cruz de los incomprendidos y enaltecidos espíritus “despertadores” que siguen  sembrando aquí y allá pequeñas migajas de un banquete al que aún no accedemos porque nos seguimos considerando “poca cosa”, pecadores, necesitados de ser salvados externamente, SEPARADOS DEL UNO…no UNO MANIFESTADO.

EL PADRE Y YO SOMOS UNO…

Una frase para repetirnos desde nuestro Ser más profundo, con nuestra propia identidad y voz, no la de ningún muy amado y eternamente UNO EN NOSOTROS fragmento “despertador de consciencia”.

Hasta él nos diría…

SUELTEN YA LA CRUZ…EL PADRE Y NOSOTROS SOMOS UNO.

¿La soltamos?

Hay libre albedrío…puedes seguir experimentandolo como sientas.

Todo es perfecto…no hay juicio…el tiempo no existe, y SOMOS UNO.

 

TE ABRAZO!

 

Tahíta

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