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sábado, 29 de agosto de 2020

De las fe a la Fe…un puerta abierta

 

Cuando recibimos conceptos, palabras…los archivamos  en la memoria, pero no por ello  creamos  que accedemos a la verdad. La Verdad surge de un amplio espacio que trasciende las zonas conocidas de la mente. Si llegamos a ella, comenzamos a mirar con ojos nuevos aquello que, invisible, se encuentra detrás de las apariencias.

Para acceder a la Realidad, sinónimo de Verdad, tenemos que  descubrir lo desconocido…nuestra realidad más íntima, que no puede ser pensada, programada ni repetida por la memoria…esa  Verdad Última, es laque está abierta a lo infinito.

Las apariencias superficiales parecen controlar y moldear nuestras vidas, pero cuando desde la profundidad de la Conciencia que somos surge la intuición primero, y luego la evidencia o certeza de la Verdad, comenzamos a vivir  en la Luz que algunos llaman Fe.

Aclaro que,  cuando uso  la palabra  Conciencia me refiero a Conciencia infinita para distinguirla de los estados de conciencia comunes no absolutos y cuando escribo Verdad, también me refiero a la Verdad última no a las parciales verdades individuales.

Descubrir la Fe es contactar con el Espíritu, y no tiene nada que ver con religiones ni filosofías que suelen inundar superficialmente nuestras mentes.

Esta Fe es una Fe sin objeto, que no se apoya en nada. No es fe en las afirmaciones de un grupo, un maestro, una época…es una íntima certeza acompañada  por una total confianza, una guía que da sentido a nuestra existencia, inexplicablemente. Y a medida que se instala y crece, se expresa como AMOR A TODO, A CADA SITUACIÓN, PERSONA Y COSA, y es inexplicable, salvo desde la infinitud que somos.

Solo abriendo mente y corazón y remontando la vía de la contemplación, para nada mental,  entramos en contacto con la Verdad y vivimos en la Gracia de nuestro Ser Real.

Este camino, que no va a ninguna parte, pues descansa en lo Eterno, nos ha siso indicado por muchos, mas no lo comprendimos. Jesús lo expresó con claridad al decir “Lo que nace de la cerne es carne, y lo que viene del Espíritu es Espíritu” Pero no lo comprendimos en su totalidad porque él no alude simplemente al cuerpo físico, sino que usaba la palabra “carnal” para referirse al  ámbito superficial,  limitado de lo humano, lo temporal, lo separado. Lo que aparece en la temporalidad y en ella muere….tanto sea un cuerpo, como un pensamiento, una emoción o acción…eso es carnal, ilusorio, aparente.

Todos son diseños trazados por la Conciencia Sagrada.

Nuestra mirada humana y superficial es tan restringida que no deberíamos confiar tanto en ella, sino zambullirnos en la contemplación, guiados por la Fe, pues…de vez en cuando en esa aun limitada conciencia se abre una misteriosa puerta que nos permite un atisbo de la Verdad, y una vez allí…imposible no ansiar abrirse camino hacia lo eterno.

Estamos frente a una de esas puertas…siempre.

 

Gracias. Gracias. Gracias.

 

 

sábado, 15 de agosto de 2020

TODO ES UN ASPECTO DE LA FUENTE

No hay nada en lo que convertirse. Todos ya somos Eso. Todos somos Conciencia. Eso es lo que todo el mundo es: el Uno. No hay nada más o menos que el Uno.

Pero la mayoría de las personas experimentamos la presencia de un sentido de separación, y es como es, o sea, mientras nos integramos a la Unidad sin separación, nos experimentamos separados y podemos manejar tanto nuestra dualidad, como nuestra esencial no dualidad.

Ese es el juego temporal humano.

El fracaso de algunas enseñanzas extremas del advaita consiste en que se interpreta mal la enseñanza desdeñando lo que es el yo humano, cuando, en realidad, nada puede estar separado o fuera del campo de conciencia infinito, o sea que hasta nuestro ego o persona se mueve dentro de ese campo sagrado de conciencia que a veces llamamos Dios, y hay que gestionar día a día las vivencias del mismo, sabiendo que no es la esencia eterna, pero respetando su aconteces en el presente de nuestro proceso.

De allí nacen estos escritos en los que tratamos de enlazar amorosamente lo que nunca ha estado separado, honrándolo todo.

Es importante darnos cuenta de que lo que ocurre, simplemente ocurre. Todo es parte de lo que es, porque está ocurriendo. Aun si sentimos incertidumbre, duda o miedo…son parte de lo que es.

Todo lo que existe es un aspecto de Dios.

Si entendemos eso, empezamos a desarrollar una verdadera humildad y aceptación de nuestros defectos y de los de los demás. Todo lo que existe es de naturaleza divina. Normalmente la gente no tiene ningún problema con esta idea, mientras se trate de cosas bonitas o positivas. El problema viene cuando las cosas son desagradables, despreciables. La paz que buscamos está en aceptar todo como manifestación de Dios. ¡En la aceptación de todo!

Ahora, aceptación no quiere decir que tenemos que aprobarlo todo o tratar todo de manera igualitaria. No vivenciamos igual la dicha que el dolor, la partida de un ser querido que la gracia manifestada en cada sublime acto de amor. La aceptación es la comprensión de que todas las cosas provienen de la misma Fuente, incluyendo todas nuestras reacciones, pensamientos y sentimientos.

Si nos remontamos a la Fuente de nuestras bendiciones, y después tratamos de remontarnos a la Fuente de nuestros horrores, veremos que es la misma. Conocer la Fuente de donde todo eso proviene, nos lleva a la humildad…y a la libertad de abrirnos a lo que es y no pudo ser de otra manera. La humildad lleva al no juicio, o al menos a la disminución de juicios.

Es muy liberador entender que algo no podría haber sucedido de otra forma. La libertad viene de reconocer que nuestros actos, no importa los horrorosos que nos parezcan, son parte de una inimaginable, enorme y compleja función. Funcionamos como parte de un proceso mayor, y al reconocer esto accedemos a una paz…que supera todo entendimiento. Esa paz coexistirá con todo lo que surja, lo que sea.

Ese coexistir con lo que es nos lleva a vivir en disfrute, sin tener que renunciar a nada.

¡Qué mundo tan aburrido y desanimado sería este si para concienciar a Dios, la Fuente, o como le llamemos, ¡tuviéramos que renunciar a la vida! ...renunciar a la abundancia material, renunciar a tener una pareja, renunciar a comer determinada comida.

 No es necesario abandonar la vida, para acceder a determinado nivel de conciencia.

La directriz de esta enseñanza es que lo que se manifiesta a través del alcohólico, del abstemio, del célibe, del ninfómano, de un santo o de un asesino…a través de todos y de cada acción, es la misma Fuente. Todo es el funcionamiento de la misma Totalidad. A veces es trágica, a veces es dolorosa, a veces conlleva un gran sufrimiento, a veces existe una Gracia enorme, a veces existe una paz inmensa.

Esto es un alivio increíble. Es una libertad enorme. La carga se aligera a medida que se profundiza en el entendimiento de que toda cualidad que poseemos -  buena o mala- es un aspecto de la Fuente. Igualmente, en los otros.

Después, el personaje cualifica esa energía que sale de la fuente, y, aunque el argumento está trazado, cada cosa que en presente hacemos va dando forma a esa energía prístina en la que tejemos la trama de nuestra vida temporal humana en cada ciclo.

El hecho de que la enseñanza nos diga una y otra vez que no somos el autor de nada, sino que la Conciencia lo es, no significa que somos títeres, sino que somos instrumentos de expansión de infinitas posibilidades, y que, según profundicemos en el reconocimiento de esa Conciencia Una y permanezcamos concientemente reconectados a ella, más podemos expandir el Amor que es la base de todo este sistema de redes que no creamos, pero que enriquecemos, alimentamos y expandimos.

Así, podemos dejar el conflicto que siempre se plantea entre si tenemos libre albedrío o somos manejados sin libertad alguna. Es como tomar el camino a Santiago, o cualquier otro…la Conciencia te lanza al camino, pero cada cosa que haces con lo que encuentras en el mismo, cambia el proceso, y a la vez se suma al Campo de conciencia.

Desechar todo lo que hagamos como que no nos corresponde gestionarlo porque no somos el autor…no tiene que ser mal interpretado…el autor, la fuente, el gran manejador de todo, es la Conciencia, más nosotros, consciente o inconscientemente alimentamos el Campo, y es liberador sí saber que todo el movimiento de Conciencia existe en un engranaje mayor que encaja todas las piezas y accionar, perfectamente.

A medida que la comprensión se vuelve más profunda, se entiende además que todo, aun lo material, es espiritual, que eso incluye todo lo que existe, no solo el arcoíris, las flores y lo bello, sino también los sádicos, los violadores, los asesinos. Todo es espiritual, girando en un ciclo de expansión.

Por supuesto, no invitamos a los asesinos y psicópatas a nuestras casas. No confiamos nuestros objetos de valor a un ladrón. Seguimos discerniendo de manera práctica, pero existe el entendimiento de que incluso los que consideramos más viles son un aspecto de la fuente.

Todos son aspectos de la misma cosa, y eso de lo que son aspectos, es espiritual.

Esa es la belleza de esta enseñanza, todo lo que hacemos es una parte natural del fluir de Lo que es, que expandimos en aparentes distintas direcciones y procesos, en los que no ha lugar para la culpa, solo para la conciencia.

Repito…Esto es un alivio. Es una libertad enorme. La carga se aligera: todo es un aspecto de la Fuente.

Lo que eres en este momento, - en este mismo instante- es Perfecto y no podría ser de otra forma.



jueves, 30 de julio de 2020

Felicidad, miedo, control, rendición

 

La felicidad y la tristeza son los dos extremos de un mismo palo.

Si hubiera un palo con un solo extremo, podríamos tal vez tener solo felicidad en nuestras vidas, pero no es así. Imaginemos que en la vida solo hubiese felicidad, entonces no habría nada con qué contrastarla y con el tiempo, la tristeza emergería.

Eso es lo que significa el símbolo del yin y el yang. En cada cosa está la semilla de su opuesto. Podemos separar los dos contrastes, pero con el tiempo se volverá a completar a sí mismo en la totalidad, que contiene ambos elementos.

En la dualidad, la vida es un péndulo con un movimiento siempre oscilante entre dos polos opuestos, y lo que queda es tratar de mantener cierto equilibrio, mas ese equilibrio lo logramos moviéndonos constantemente entre esos dos polos, porque lo único constante aquí es el cambio. El péndulo se detiene solo en lo que llamamos muerte. La vida dual es el movimiento entre los dos polos opuestos.

La fantasía de los buscadores espirituales y los artífices del pensamiento positivo es quedarse todo el tiempo en lo más alto de ese movimiento pendular, sin embargo, ya que no existe un estado fijo en la dualidad, eso es imposible.  Para la mayoría, lo más acertado es permitirnos movernos en esa oscilación, sin sufrimiento, con aceptación y viviendo de a un momento por vez.

Para los más realizados, el despertar es la disolución del personaje que sube y baja, pero mientras nos experimentamos como personajes separados, seguiremos en esa oscilación.

Sin embargo, ya consideramos que el efecto de ese movimiento es distinto si nos consideramos autores de todo lo que ocurre, desde la mente pequeña, o solo instrumentos. Si podemos vernos como instrumentos, se atenúan los efectos dolorosos.

Algunos efectos dolorosos son el miedo y la necesidad de control.

Solo existe una fuerza vital que se expresa a través de diferentes instrumentos. Esos instrumentos están afinados para crear diferentes sonidos: uno de ellos es el miedo.

El miedo principal del ego es dejar ir, porque teme ser arrojado a la deriva en el Presente, en el cual el ego no existe, porque se proyecta en el pasado y el futuro…y paradojalmente, cuando somos arrojados al presente, en ese Presente no existe el miedo, porque el ego no se manifiesta en tiempo presente. Es iluminador darnos cuenta de que el miedo es solo de ese fragmento manifestado que es el ego.

Una de las ilusiones que el ego fabrica para no sentir miedo es el control.

Para la parte biológica de un ser despierto, el deseo de control es puramente funcional, necesita manejarse, aprender cómo se hacen las cosas, para a su vez, funcionar mejor.

La personalidad humana de un individuo identificado con su ego, en cambio, quiere controlar no solo por cuestiones funcionales, sino por el sentimiento egoico de poder y seguridad. Tiene la idea de que: “Si consigo más control seré más completo. Cuanto más pueda controlar, más seguro estaré” Es el ego diciéndose “Si consigo más control, este sentimiento de inseguridad, este sentimiento de impotencia que se mueve dentro de mí y me hace sentir incómodo, desaparecerá” Así que inicia una búsqueda de poder económico, social, físico o político, y después de conseguido, el sentimiento de inseguridad, el miedo y la incompletitud continúan.

Entonces recurre al poder espiritual, a los poderes ocultos, o a cualquier tipo de poder que cree espiritual para llenar ese vacío. Para el sabio no hay vacío, no hay nada que llenar…pero el buscador, aún no ha llegado a ser sabio.

Al buscador, cuando cree que no está en control, le acompaña un sentimiento de impotencia, un sentimiento de que, si no tiene control, no tiene nada. Aunque intelectualmente se diga que la Fuente está al control, persiste un sentimiento de inquietud, y hasta de desesperación.

La inquietud no proviene de la falta de control, sino de no tener suficiente poder.

 Solo en la Unidad hay verdadero poder completitud, y el ego se cree separado de la fuente de todo poder.

En realidad, no lo está, porque es parte del Todo, del Uno, pero no lo sabe…si lo supiera se disolvería en él, y dejaría de ser, se convertiría en la Fuete del Poder.

Solo en la rendición, en la aceptación total de la falta de poder del ego, hay libertad total.

 

No hay nada en lo que convertirse. Todos ya somos Eso. Todos somos Conciencia. Eso es lo que todo el mundo es: el Uno. No hay nada más o menos que el uno.

 

Con esta frase comenzaremos la siguiente reflexión.

 

miércoles, 15 de julio de 2020

Una sensación de autoría que hace temer la muerte

Muy traumáticos resultan para el personaje humano dos momentos que situamos en el tiempo: el nacimiento y la muerte. Pero ¿Qué nace y qué muere?

Lo que nace y lo que muere es el cuerpo-mente individual. Como todo es Conciencia, sin duda el mismo forma parte de esa Conciencia todo-abarcante, sin embargo, solemos aceptar la verdad de que LO QUE SOMOS NUNCA NACE Y NUNCA MUERE…y es porque el cuerpo-mente es una manifestación temporal, efímera, de la consciencia, un instrumento a través del cual se manifiesta. A través del cuerpo la Conciencia se proyecta y manifiesta en el espacio-tiempo.

Por lo tanto, quien teme a la muerte es ese “yo” que se ha proyectado y se cree, aun dormido, desconectado de la fuente, la conciencia que ES. Ese “yo” que se cree autor de todo, no mero instrumento.

No solo teme la muerte sino las consecuencias de todo acto y situación a la que se siente conectado como “autor” (no actor) cargando con la idea de que es responsable de todo. ¿Seré capaz de manejar esto? …y proyecta ese temor a través del tiempo… ¿Qué será de mí? No solo teme a la muerte, sino al sufrimiento…pues creerse un núcleo aislado, responsable de todo y sapiente de que tiene, como todo lo que navega en el tiempo, un fin, le llena de agobio.

La fuerza de éste “yo” puede debilitarse a través de una práctica espiritual, como la auto-indagación, el silencio y la contemplación o enseñanzas que nos ayuden a despertar de este sueño de autoría y separación. La Presencia que envuelve estas enseñanzas, este darse cuenta desde un profundo núcleo interior, van echando abajo ese sentido de autoría y el sufrimiento que genera creerse un pequeño yo separado, mortal y vulnerable.

El “yo” que se cree autor, es una quimera. El autor siempre es la Consciencia que se mueve a través de todo lo visible e invisible.

Ese “yo” no tiene ningún poder, aunque diga “” Yo he hecho eso” …” Qué bien lo he hecho”, o, por el contrario, se agobie en la desvalorización y la culpa creyendo “Soy culpable porque todo lo he hecho mal” …proyectando su individualidad en el futuro y creando más sufrimiento y sentido de vulnerabilidad.

Volvemos al problema de esa sensación del yo de ser el “autor”, de estar al mando o control, y de tener una existencia separada que lo empequeñece, lo deja sin más ayuda ni responsabilidad ante esa creencia irreal de autoría que lo sitúa muy lejos de ser lo que es, un instrumento, un vehículo de información temporal que bien haría, para soltar ese sufrimiento en considerarse una caña hueca, en manos de la conciencia, la corriente divina que pasa por esa oquedad y puede hacer surgir melodías y vibraciones de las cuales no es autor…solo con la entrega, con la rendición, con soltar también ese miedo de ser “nadie” para pasar a considerarse parte del Todo, pero no aislado.

A medida que nos permitimos ahondar en ese no ser individual, la sensación y aun la convicción de la autoría, disminuyen, y a la par, claro, el sufrimiento y el miedo a la muerte de esa forma disponible por la cual el viento de la conciencia pasa creando y diluyendo formas reemplazables, temporales y aun así sagradas y amadas…porque la Conciencia y el Amor son Uno también, indivisibles. Algunos místicos llaman a este instrumento…la flauta de Dios.

Tal vez por eso el sinsentido de odiar o desechar el ego que sustenta ese yo, en lugar de abrazarlo y trasmitirle el conocimiento de que aun temporal, dormido, o lo que sea, forma parte de una CONCIENCIA Infinita que todo lo mueve, y en la que puede descansar, no como autor, sino como momentáneo contenedor y vehículo de LO QUE ES.

Difiero en eso, de la interpretación sesgada que se suele hacer del Curso de Milagros, en la que se desprecia todo lo que proviene del ego, como si no fuera expresión de esa Conciencia…que por algo se manifiesta, aun en la corriente del tiempo lineal.

 

 

domingo, 12 de julio de 2020

Conciencia sin búsqueda

Cuando hablamos de la conciencia o la fuente, hablamos sobre “ello” como si se tratara de un objeto, de una cosa, porque nuestro lenguaje no permite ninguna otra forma de hablar sobre ello o de concebirlo. Si hay un concepto mental, lo hay sobre un objeto. No importa cuán amorfo, infinito  o indefinido sea ese objeto,  sigue siendo un objeto, con esas cualidades  infinitas, amorfas o indefinidas.

Sin embargo, la Conciencia no es un objeto…más bien es la fuente y la sustancia de todo: de ambos, del campo en que aparece el objeto, y del objeto. Es total.

Solo un objeto puede ser percibido en su totalidad. La conciencia solo se puede percibir en la manifestación de su forma, que es el universo físico.

 Así que, si quieres conocer a Dios, o la Consciencia Infinita, mira a tu alrededor. Esto es Conciencia en su forma manifestada.

Por más que se diga que esto es un sueño…en todo caso es un sueño dentro de la Conciencia única, pues nada hay fuera de ella.

Y no se trata de que tengamos que trascender todas las cosas mundanas para llegar a una inmaculada Totalidad inmanifiesta, porque esa Totalidad se ha expresado en ésto, en este campo de acción manifiesto en donde podemos honrar su perfección prístina y expandir su principio básico, el Amor.

No necesitamos hacer un viaje hacia “algo”, lo que a veces se siente como tratar de llegar al “hogar”, a un lugar de plenitud, de completitud, de conexión. Es lo que se hace en la búsqueda: tratar de llegar “ahí” para sentirse en casa con “ello”. En el proceso puedes experimentar más paz,  satisfacción y equilibrio y hasta algunas personas te dirán que te notan más “espiritual” Te puedes sentir  como “anidando” en ello, en la conciencia, en casa.

Pero como no hay nada externo a la Conciencia, en mi caso, y en el de muchos que antes éramos buscadores, se produce  ese darse cuenta de que estamos inmersos en la Consciencia, y surge un movimiento  el en que en lugar de salir a buscar  anidarse en la conciencia, se abraza todo para incluirlo todo en el “hogar” que somos como consciencia única. No buscamos ya el hogar, traemos todo absolutamente a ese estado en nosotros.

Al incluirlo todo en su magnificencia y variedad como manifestación de Dios,  todo se vuelve milagroso.

Ese movimiento  engloba todo en lo “espiritual”, incluso lo que eres y su manifestación  en lugar de tratar de alcanzar algo en la búsqueda. A medida que la conciencia se expande comprendemos que todo es una parte de la divinidad, incluso las cosas que no nos gustan, las que nos dañan…los abusos, Las torturas: todo es aceptado como un  aspecto de la divinidad, sin juicio.

Aceptar que todo está dentro de la Conciencia Única o Espíritu no quiere decir que todas estas manifestaciones nos gusten. Podemos reaccionar con horror, indignación,  o lo que sea ante un hecho particular, pero ahora, ese hecho está incluido en el contexto de lo espiritual, y eso, de paso, genera que ya no podamos juzgan nada ni a nadie como no siendo espiritual, o hacer la división de “ser de luz” y “ser oscuro”. Se acabó esa miopía, y el creernos distintos o mejores que lo que es uno con nosotros, y comparte el ser Luz, aunque temporalmente no lo manifieste.

Este es un cambio maravilloso cuando ocurre.