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miércoles, 24 de junio de 2020

La Vida… ¿es sueño?

 

Algo que nos intriga, nos preocupa, nos tira abajo el sueño del ego…pero no hay nunca que tomar enseñanzas sin reflexionar lo que aportan a nuestro mayor bien…si no…mejor dejarlas de lado.

Muchas se personas se inquietan cuando se les dice que esta vida es un sueño…tal vez se debiera diferenciar entre vida y Vida…o sea la vida temporal, pero no poco importante, de esta personalidad humana, y la Vidala Vida Una y eterna en la que siempre existimos fluctuando entre estar encarnados o nutrirnos en la no forma del Espíritu.

Las enseñanzas de no dualidad que dice que la manifestación de este universo no es más real que un sueño, es una de las más malinterpretadas. La enseñanza original, como los más entendidos maestros advaita señalan, apunta a que, en este universo temporal, cada objeto parece estar separado y ser independiente, y esa independencia entre los objetos es lo que es como un sueño…la apariencia de ser entidades separadas e independientes. Todo es Conciencia, por lo tanto, cada cosa que aparenta estar separada, en este mundo dual, es en realidad un aspecto dela Conciencia Una y nunca independiente de la misma.

Así que no significa literalmente que el mundo es una ilusión, sino que no es lo que parece. Significa que nuestra visión del mundo no es completa ni objetiva, que hay realmente más de lo que vemos superficialmente.

Si miras alrededor, un pájaro aparenta ser diferente de una mesa, un ordenador aparenta ser diferente de una flor o un árbol: cada uno es un objeto independiente. Todo aparenta estar separado y ser independiente, pero es solo una apariencia, como en sueño en donde creemos que eso que aparece es real, pero nada puede existir independiente del soñador, ya que su mente lo sueña…por eso, la naturaleza de la ilusión en la que creemos que todo está separado, es como la del sueño.

La verdadera realidad que subyace por debajo de las formas, es que TODO ES UNO.

Sin embargo,nuestro sistema nervioso está configurado para percibir las cosas separadas…esta forma de percibir es parte de la manifestación. No es un error nuestro, sino que, en nuestro aspecto temporal y humano, necesitamos la separación aparente para, por ejemplo, distinguir un alimento de un veneno, una planta medicinal de una roca…o sea, es un sistema organizativo, ya que sería muy confuso que todo fuera una mezcolanza. El cerebro y la mente individual, que también es temporal, alinea, separa y clasifica, en el Todo, para movernos en la dualidad. Esta es la forma en que nos manejamos en el mundo. Si no podemos distinguir entre las diferentes cualidades de los diferentes objetos, no podemos funcionar.

 Reflexionemos… universo es espíritu, y por lo tanto el universo, aunque temporal,  es verdaderamente real .  La enseñanza del advaita no está diciendo literalmente que el universo es irreal, sólo que no tiene una realidad independiente. Depende del Espíritu para su existencia; está impregnado de Espíritu, y no puede existir sin él.

Por supuesto, si en cambio tomamos las enseñanzas de Un Curso de Milagros, en que se considera que Real significa eterno, no lo es, pero eso ya forma parte de cómo tomemos el término...REAL.

El mundo no es irreal en sí mismo. Lo que es irreal es creer que todo funciona independientemente cuando lo sabio es estar conscientes del Espíritu subyacente tras esa aparente separatividad.

En sí mismo el mundo es inseparable del espíritu. Es una manifestación del espíritu.

El mundo tal como lo vemos normalmente puede que sea una realidad parcial, pero se infunde con el espíritu. En el despertar, nos damos cuenta de que no hay dualidad, ni materia ni espíritu, ni materia ni mente. Nos damos cuenta de que el mundo físico y el mundo espiritual son uno, sin distinción. El mundo está gloriosamente infundido con espíritu y es gloriosamente real…como tan bien lo expresa Steve Taylor.

Sin embargo, la idea de que el mundo es una ilusión es conveniente para muchas personas, ya que ofrece una forma de eludir los problemas.  Si no queremos enfrentarlos, es muy conveniente decirnos: "Bueno, todo es sólo una ilusión ". En otras palabras, ofrece un medio de evasión espiritual, es decir, usamos las creencias espirituales como una forma de escapar de los problemas que necesitan abordarse.

Lo mismo hacemos con el cuerpo…total, si es una ilusión, podemos llenarlo de chatarra, mal usarlo, u olvidarlo, sin reconocer que es manifestación del Espíritu, y, por tanto, parte del Uno, aunque temporal, y digna de ser considerada y cuidada.

El cuerpo está infundido con espíritu y es uno con el espíritu. Y es maravilloso.

La diferencia entre una persona corriente y un sabio, o despierto, es que el sabio se maneja muy bien este mundo, aun reconociendo que TODO ES UNO, O SEA DA MÁS TRASCENDENCIA AL ESPIRITU QUE SUBYACE TRAS LAS FORMAS.

 

Gracias. Gracias. Gracias 

 

Sufrimiento y Aceptación en Advaita

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Muchas enseñanzas de la no dualidad comienzan con el concepto de que “tú eres eso” …tú eres dios, tú eres la fuente.

Me resulta más fácil ir de lo manifestado, aunque sea temporal, o sea donde nos encontramos como seres separados, para ir luego en dirección a la fuente. Otros dicen, comenzar a descartar lo que esencialmente no somos, Para llegar a vislumbrar lo que sí somos.

Finalmente volvemos a “lo que es” …pero hay una apariencia de separación en la que percibimos a los organismos interactuando entre sí como si se tratara de entidades independientes, lo que crea un drama extraordinario. Ese es el drama de la vida personal que diariamente experimentamos.

Hay momentos en la vida en lo que todo parece ser una porquería, y otros de alegría o felicidad. Lo doloroso y lo placentero forman un círculo y se presentan alternativamente. No están separados: son diferentes puntos de un mismo círculo. Por cierto, podemos diferenciar una caricia de un golpe, porque hay diferencias entre el placer y el dolor en términos de experiencia.

 Aunque decimos que son lo mismo, obviamente, no son experimentados de la misma forma, pero significa que tienen la misma raíz. Son aspectos de la experiencia dual.

Nada en el mundo es capaz de brindarte felicidad y satisfacción verdaderas y duraderas. Nada.

Me tomó varios años apreciar la inutilidad de tratar de obtener felicidad duradera e inmutable de experiencias, objetos, relaciones o cualquier cosa externa a mí. La razón de esto es que todo está en un estado de flujo constante. El objeto, evento o persona que te llena de alegría hoy es tan probable que mañana te traiga miseria. Es por eso que la dependencia emocional de factores externos siempre cambiantes, que siempre están fuera de nuestro control directo, es una receta para una vida de continua frustración y sufrimiento.

La danza de la creación es un movimiento impersonal. Ocurre independientemente de nuestros deseos y aversiones. Si bien podemos gestionar y elegir ciertos aspectos de nuestra vida, la realidad fenomenal se rige por su propio conjunto de leyes y una cadena insondable de causas y efectos interrelacionados sobre los cuales no tenemos el control.

Aun así, tener preferencias forma parte del vivir, y ciertamente preferimos el placer al dolor. No hay problemas en tener preferencias.

El sufrimiento surge, cuando a la vez surge el sentimiento de que el dolor “no debería” estar ahí, que lo feo o lo malo “no debería” existir… que la existencia es imperfecta, o que, de alguna manera, el Universo ha cometido un error.

 El sufrimiento no es causado porque no nos guste algo, el gustar o no gustar, es parte de “lo que es”

La fuente del sufrimiento es el sentimiento de que “lo que es” no debería ser. O sea, falta de aceptación.

Cuando hablamos de aceptación, tenemos que tener en cuenta que aceptación no quiere decir aprobación. Puede haber enfado, puede haber frustración, puede haber impaciencia, y, aun así, puede haber aceptación. La aceptación subyace bajo “lo que es”. El enfado que surge, es parte de “lo que es”. La frustración, cuando surge, es parte de “lo que es”. Y aun sin no somos capaces de aceptar algo, para nuestra paz, aceptemos ese no poder aceptar, aceptemos no aceptar ira, la frustración, o lo que sea. Es un gran alivio proponernos una aceptación radical, aun de lo que no podemos lograr.

La aceptación es total: es absoluta. Gustos y disgustos, aprobación y desaprobación, son parte de cada ser humano.  Surgen natural y espontáneamente de acuerdo con la naturaleza de cada persona.

En cambio, nuestras respuestas son el resultado de condicionamientos. Todo organismo funciona según condicionamientos.

Lo que sí hay que clarificar en nosotros es permitirnos momentos de una observación y una atención cada vez mayores para conectar con esa aceptación que podemos sentir cada vez más intensa y frecuentemente, dándonos cuenta de que lo que surge en la dualidad forma parte de un yo-ego que tanto se culpa por lo que surge y no le gusta, como se enorgullece por lo que considera bueno para sí mismo.

Lo que está ausente en un ser realizado es la culpabilidad y el orgullo, ya que, no aferrándose a un yo falso, no considera ser el actor tanto de lo bueno como de lo malo, sino solo un instrumento de la Conciencia una.

Esto no implica actuar de cualquier forma, ya que, al hacerlo, aun en la ilusión del ego, cosecharemos lo mismo que ponemos en escena. La trampa para muchos es no dar importancia a la manifestación dual de la vida con la excusa de que no es real. Pues temporalmente lo es, y para nuestra paz como humanos, sigue siendo importante cómo pensamos, cómo sentimos y cómo actuamos…con consciencia, mas sin culpa.

Podemos llegar a la conclusión cierta de que no somos los pensamientos que pasan por nuestra mente, por ejemplo, pero optar por mantenerlos en ella obsesivamente o dejarlos pasar, hace una diferencia en nuestra quietud o inquietud.

Siempre digo que somos como una leona de dos mundos…nuestro hogar primigenio está en la Unidad, sin embargo, actuamos en la dualidad, y tener consciencia de esa Unidad esencial nos facilita movernos sin culpa y también sin soberbia, sabiendo que, en última instancia, la Consciencia es la que vive y se mueve a través nuestro.

Claro que somos parte de ella, pero como seres separados formamos parte de ese círculo de placer-dolor, amor-odio, bueno-malo en el que seguimos experimentando uno u otro punto de esas polaridades…conservando nuestra INOCENCIA.

Por eso soltemos la culpa, y el orgullo egoico de creernos especiales también.

 

La realidad de lo que ves es solo una ilusión,

Aunque sea una muy persistente

Albert Einstein

 

La Totalidad del Momento Presente

 

Este momento presente es “todo incluido”.

Cuando digo que es “todo incluido”, quiero decir que lo incluye absolutamente todo. Incluso las distracciones y los sentimientos de separación. Por supuesto, nos gustan más los momentos en que nos sentimos conectados, en presencia, mas la esencia del advaita es que ambos estados existen, y que son fenómenos alternos inevitables y dignos de ser aceptados.

En los momentos de auténtica meditación o en la presencia que a veces surge en las reuniones espirituales, somos conscientes del momento, porque todo está muy quieto. Después, cuando volvemos a la vida cotidiana, en el trabajo o las relaciones, nos involucramos en esas cosas y vuelve a surgir la sensación de separación. Y no hay que sentirse frustrado, porque esa alternancia fenoménica, que es parte de la conciencia Una, se produce en el flujo de esa conciencia y si lo hace, es para ser experimentada como su manifestación.

Los grandes sabios llegan a un estado muy elevado en el que creemos que todo es presencia, sin embargo, no es así…para el sabio, ninguno de esos dos estados alternos existe porque no experimenta el fenómeno de los opuestos. Experimenta un estado, si es que puede llamarse estado, de completa Unidad en que hay ausencia, tanto de presencia, como de ausencia, su opuesto. Lo que hace es dejar fluir los eventos del momento, la experiencia de lo que sea que esté ocurriendo: alegría, pena, felicidad, tristeza, frustración, satisfacción. Los experimenta todos porque su organismo vive en la dualidad…pero lo que está ausente en ese ser realizado es el implicarse, y la separatividad que son características que nosotros sumamos a “lo que es”.

Puede haber paz con “lo que es” o puede haber separatividad, un implicarse y antagonismo y hasta resistencia y lucha contra “lo que es” y esa variación entre estados es lo que la mayoría de la gente experimenta

Nosotros, por supuesto, seguimos prefiriendo sentirnos conectados o en presencia…para el ser realizado, no existen estos estados porque él es Unidad. No niega ni rebaja estos estados, los absorbe en la Unidad, mientras nosotros aun experimentamos los dos lados del movimiento dual, alternando. Estamos en presencia o conscientes, o nos involucramos en el día a día y nos distraemos de ese estado de presencia.

Sin embargo, ambos estados son parte del Todo, y si aparecen son honrados y experimentados cada vez con más paz y aceptación.

La conciencia da vida a los dos estados. Todo es provocado por fuerzas mayores a nuestro ser egoico.

La gracia lo conduce todo, y aun aquello que puede parecernos que es para nuestro mal, en realidad no puede ser juzgado como tal y tiene un motivo trascendente.

Empleo mucho el término gracia, y la utilizo cuando surge una bendición inesperada. Lo curioso es que muchas cosas que ocurren y sentimos como des-gracia, son en realidad una gracia.

Un conocido maestro de advaita cuenta que durante diecinueve años abusó del alcohol y las drogas, teniendo repercusiones de salud muy serias. Después de tres días seguidos de juerga, no pudiendo más se tiró en su cama y esa obsesión y compulsión por sustancias dañinas…simplemente lo abandonó.  La sintió irse, abandonándolo, y su reacción fue de terror. No quería eso, y era obvio que él no estaba teniendo nada que ver con el asunto. Supo en ese momento que se había transformado, pero su reacción inmediata fue pensar “Esto no está bien”. Dase cuenta de que no podía volver a beber ni drogarse le resultaba horrible. Ni siquiera le gustaban las personas que no bebían o se drogaban, y ahora…era una de ellas.

Después de mucho tiempo recién reconoció que eso fue una gracia, una completa y total gracia. De hecho, fue el comienzo de su búsqueda espiritual porque quería saber qué demonios le había pasado ¿Qué poder en el Universo podía haber producido eso? Antes, creía que era el amo de su destino, y esta acción de la gracia era evidencia irrefutable de que la vida podía impactarle de diversas formas, sin él quererlo.

No estamos, como entidad humana al control de la Vida que fluye.

Sabiendo que lo que mueve las cosas es una consciencia mayor, y de que somos, como humanos, instrumentos de esa consciencia, el consejo es…si surge una pregunta haz lo que pienses que es mejor en ese momentono importa lo que surja más adelante, aunque sea conflictivo. Lo que sientas que hay que hacer, también es el fluir o manifestación de una Conciencia mayor...y aunque lleve a acontecimientos o situaciones que aparentemente puedan ser juzgadas como errados...NUNCA PODRÍA HABER SIDO DE OTRA MANERA. Porque el fluir de la conciencia es perfecto al fin, y en otro momento podemos rectificar o no la decisión, con otras implicancias...y otras aún más sutiles que la conciencia pone en juego.

Lo que está funcionando siempre es la Conciencia.

Todo forma parte del mecanismo de la Conciencia, porque Consciencia es todo lo que hay…y en esta enseñanza, la palabra Consciencia es usada para señalarlo y abarcarlo todo, la fuente y la sustancia de todo…un Todo que está disponible en la eternidad del momento presente.

Iniciando el proceso


No tengo ninguna técnica para vender, ningún plan, ninguna instrucción, ninguna promesa de que si hacen esto o aquello que les comente, obtendrán lo que están buscando.

Estas son simples directrices hacia “lo que es”…y las siembro como regalo.

Se trata solo de examinar y ver qué es lo que funciona en este mundo. La mayoría de las personas cree o siente que es la autora de su existencia, pensamientos, sentimientos y acciones. Si pueden cuestionarse esto honestamente, lograrán una profunda percepción.

En esto no hay doctrina. No hay nada para aprender o creer. Cada uno ha de cuestionarse, buscar y ver por sí mismo, en un proceso de inquirir qué fuerza le da vida a todo, incluyendo al cuerpo-mente que creemos ser.

No encontrarás aquí una doctrina que te diga “Lo que realmente eres es…”.Pero sí directrices, señales, o afirmaciones como…”Lo que realmente somos es consciencia. Lo que realmente somos es Dios. Lo que realmente somos es la fuente”…y ellas te invitan a que busques por ti mismo. Sin embargo no debes tomarte estas afirmaciones como la verdad, sino que tienes que examinarlas profundamente.

Estudié las enseñanzas de un maravilloso maestro que aunque era un aristócrata irlandés, era llamado Wei Wu Wei. Él empleaba el término “apercepción”…o sea, un saber más allá de cualquier individuo que percibiera, un saber, de la totalidad, no relativo de una sola persona. La Biblia se refiere a esta apercepción como “la paz que sobrepasa todo entendimiento”. En cuanto la entiendes, pasa a ser “la paz que ahora entiendes”. Sobrepasa todo lo relativo, por lo tanto puede coexistir con todo lo que ocurra en el mundo manifestado…o sea podemos conservarla, pase lo que pase. Podemos seguir teniendo preferencias, gustos, aversión…preferencias sobre cómo manejaríamos los asuntos si estuviéramos al mando. Pero esa paz total reconoce que no estamos dirigiendo ls cosas, sino que todo lo que existe en este momento se debe al perfecto funcionamiento del Universo, no a ningún logro o falla personal.

A lo que apunta esta enseñanza Advaita es a que la vida y la muerte ocurren, la salud y la enfermedad ocurren. Vienen y van, como parte del movimiento perfecto del Universo…son parte de la manifestación de la existencia.

Con la aceptación de que todo forma parte de un funcionamiento  perfecto, la resistencia ante lo que ocurre se suaviza o cae y dejamos de estar a la defensiva, disminuyendo el sufrimiento.
Sin embargo, seguiremos teniendo que enfrentar los  sucesos de la vida, y teniendo que solucionar problemas, pero sin la sensación de que se trata de una falla nuestra o de los demás o de la vida misma…y esto produce un alivio importante y un ahorro de energías que  tendremos disponibles para enfrentar lo que sea que la vida traiga consigo.

Muchas veces, lo que la vida te traiga no será placentero, a veces será muy doloroso, pero solo se transformará en sufrimiento si crees que "lo que está ocurriendo no debería ocurrir”. No quiere decir que tenga que gustarte lo que está ocurriendo, ni que dejes de hacer algo para cambiarlo…solo quieres decir que aceptas que está ocurriendo, que existe, tal como es ahora, como parte de la manifestación de una Totalidad…y si cambia, también lo hace, no como mérito individual, sino como parte de ese flujo y reflujo del universo que ocurre aunque sigamos teniendo preferencias. Lo importante es no creer que debería ser de otra manera, pues eso solo nos acarrea sufrimiento adicional.

Todo lo que el mundo hace es siempre el funcionamiento de la conciencia. La Conciencia lo es TODO…y somos parte de ese TODO.

Un discípulo de Ramesh Balsekar cuenta que después de recibir esta enseñanza de su maestro fue a su casa y encontrando a su hijo de cinco años haciendo algo que repetidas veces le había ordenado que no hiciera, le gritó furioso y le hizo encerrarse en su cuarto castigado. Luego se quedó con un malestar terrible pensando “Acabo de aprender que todo lo que pasa, incluso lo que hizo mi hijo es parte del funcionamiento de la conciencia, y lo que hago es castigarle y reforzar en él la creencia de que es culpable de algo. Al otro día le relató compungido a su maestro  lo que consideraba su mayor acción egoica y este le dijo sonriendo… “El que gritaras a tu hijo, también es parte de la misma Totalidad…y aunque esto no quiere decir que no deba observarse, no es fuente de culpa, ni de orgullo, claro”.

Siempre creemos estar implicados, y el percibir la acción de la Totalidad esa percepción corta el sentimiento de estar implicados, corta la acción del ego. Así comienza el fin del sufrimiento, pues este surge de la implicación del ego en todo. El sufrimiento no surge del ahora…surge cuando las acciones y reacciones de un momento se prolongan en el tiempo y son proyectadas más allá del momento presente. Surge de pensar “No debería haber…”…y todas las implicancias de ese no debería.

Por supuesto, incluso el sufrimiento, si surge, es divino.

En el maravilloso tapiz de la existencia, todo es perfecto. Llegar a un momento del proceso en el que comprendemos y sentimos esto, es  liberador.

Este Advaita del que hablo no se aferra a ningún principio…abarca una serie de directrices y conceptos y aclara que ninguno de ellos es verdadero en el sentido absoluto…solo nuestra propia indagación tiene que llevarnos a declarar algo como valedero.  Más que una verdad, es un proceso.
La herramienta primordial del  Advaita es que todo es conciencia, que  todo es Uno.
Advaita significa “no dos”…y esto no es una verdad sino una directriz que podemos utilizar para averiguar qué es válido, para indagar dentro nuestro y descubrir nuestra propia naturaleza. Ese proceso es parte del  fluir de la vida.

El Advaita es como un deshacerse de los juguetes que ya no proporcionan alegría. Sin embargo, para algunos es como una pérdida. Si le quitas a un niño de dos años un cuchillo para que no se dañe, él  chillará porque se estaba divirtiendo con él. Quitárselo es un acto de compasión, sin embargo él no lo ve así.

El Advaita puede quitarte todos los juguetes mentales, ponerte incómodo, hacer que te plantees preguntas difíciles…sin embargo sembrar les semillas del Advaita  es un acto compasivo, ya que al fin ayuda a disolver el sufrimiento de aferrarnos a un yo que no es nuestra esencia.


domingo, 31 de mayo de 2020

Invitación al Zen





Dicen que el Zen que puede explicarse, no es Zen, sin embargo, para mí el Zen es una actitud más allá de cualquier creencia o religión, un modo de vida en el que se abrazan la no dualidad con la vida cotidiana, en presencia.

Es complicado explicarlo, pero…

Zen es ser normal, ser cotidiano. La práctica del Zen es la práctica de lo ordinario, aceptar que el Universo se encierra en una brizna de hierba, en un grano de arena, en una gota de agua. Aplica aquí el dicho de Thich Nha Than:

“De igual forma que un árbol es árbol, una persona debería ser persona. Si una persona es verdaderamente persona, viviendo feliz, sonriente, entonces todos nosotros, todo el mundo, se beneficiará de esta persona. Una persona no tiene que hacer un montón de cosas para salvar el mundo. Una persona ha de ser una persona”

Zen es Presencia, es estar aquí, realmente aquí, sin justificación, ni nada que explique el hecho de ser, sin perderse el hecho de ser y estar aquí. Es mostrar lo que somos en cada momento, no esforzadamente, sino simplemente ser, manifestarse.

Zen es pregunta, indagación profunda, que marca la cualidad del involucrarse, de fundirse con la vida. Es pregunta que no tiene respuesta mental, es vida en proceso, sin encasillar, que nos lleva a un interés sincero, no condicionado, por lo que pasa.

Zen es Wu – Wei, dejar hacer, practicar la preciosa gratuidad y espontaneidad de realizar lo que toca y luego dejarlo, dejar que las cosas sean, no resistirse al flujo, vivir desde la sencillez, la flexibilidad y la tolerancia del que no es dueño de la vida, sino que es vida en sí misma. Es la libertad de no poseer, de no esperar, y al tiempo hacer lo que toca, no haciendo nada. Es la belleza de dejar que las cosas sean.

Zen es vida gozosa, contemplar y gozar del universo recreándose a sí mismo, es abrazar las cosas y los seres, es contemplarse a uno mismo desde el amor, la tolerancia y el no juicio, es compartir con todos la presencia vital, aun en el dolor, aun en el drama. Zen es reír y es llorar.

 Zen es la sutileza del espíritu. Es seguir el camino de los acontecimientos con gracia y gratitud, aceptar el cambio y saber morir en gracia, como parte del vivir.

 Zen es libertad. Es la liberación de los apegos, la superación del ego-ismo, es no acepción de personas. Es ser libre de pérdidas y ganancias. Es coherencia, ecuanimidad y despertar cotidiano.

Zen es sencillez, simplicidadHaceos como niños, decía un maestro. Es cultivar la simplicidad de vivir en lo concreto, en lo ordinario, abandonando preocupaciones del pasado y expectativas del futuro.

Zen es la aceptación natural, gozosa, de la propia muerte, la propia desaparición. Es vivir muriendo, esto es abandonando, soltando, vaciándose de todo agarre a la vida separada. Es sentir que la Unicidad implica la desaparición individual, y gozar al contemplar ese Uno que somos, cuando dejamos de creer ser este ser individual que aparentamos.

Zen es la belleza de nuestra existencia limitada e imperfecta, que fluye sin resistencia. Acepto aun consciente de la Unidad de todo, ser persona, acepto ser forma concreta con toda su imperfección aparente. Es sabiduría profunda enriquecida con experiencia, produciendo una belleza espiritual que logra amor por la vida, sin apego a los deseos alocados del ego.

Zen es, en síntesis, Annata, no-yo; es Anytia, impermanencia; es Wu-Wei, dejar hacer y ser; es Brahma Vihara, no juicio, prejuicio ni elección frente a personas.

 Es no-dos, pues Todo es Uno.

Pero…el zen solo puede entenderse adecuadamente a través de la experiencia directa, por lo tanto, cada quien recibe la invitación a vivirlo, sin atarse a ningún preconcepto o creencia.

Gracias. Gracias. Gracias.

Tahíta