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miércoles, 24 de abril de 2019

El Poder de No Hacer Nada

Todo lo que puede ir bien, irá bien... si lo permitimos.

Y si va de otra manera, lo permitimos igual, porque así es el flujo de la Vida.

Tantas veces hemos experimentado o escuchado  “En realidad no hice nada" "¡Las cosas simplemente se pusieron en su lugar!" "¡Simplemente funcionó!"  Y es que aunque no figure en ningún enunciado de leyes Universales, la sincronicidad (la aparición simultánea de eventos significativamente relacionados sin una causa directa o reconocible) es uno de los caminos del Universo. 

A esta altura, ya no podemos creer en un Universo  de meras coincidencias, sino de sincronicidades perfectas llevadas al campo de la manifestación por un Energía todopoderosa que lo enlaza y lo abraza todo, poniendo las piezas en su lugar. Así han funcionado  siempre las cosas, solo que ahora, nos estamos dando cuenta  de que podemos ser capaces de abrirnos a la forma en  que el Universo lo hace todo…dejándonos poco control y poco para hacer.

No tenemos que hacer nada en el sentido de forzar, exigir, o insistir. Esas son las formas en que trabaja el ego. El mundo manifiesto es su campo de actuación y…de batalla.  No tiene otra alternativa que luchar, vencer, ganar o perder.

Sin embargo, en éste campo también tenemos nuestro centro de aprendizaje más amplio, y al menos por ahora hay algo por hacer. Hay acciones que tomar. No es un proceso creativo pasivo. Pero es diferente a la forma antigua de hacer. El "hacer" requerido tiene más que ver con: Clarificar - Seguir la intuición -Intentar - Soltar-.

Primero clarificamos lo que es realmente necesario hacer, por medio casi siempre de seguir nuestra intuición más profunda. Lo intentamos, y logrado o no, soltamos todo intento de forzar demasiado…lo que no es rendirse de la forma en que el mundo usa esa palabra, sino dejando el resultado en manos de una fuerza mayor que es sutil, suave pero a la vez fuerte y poderosa. Yo suelo llamarla El Campo, otros la llaman, Dios, el Universo

El poder de no hacer nada no es otra cosa que dejar ese “hacer” a cargo de una versión magnificada de lo que somos. Es solo renunciar a manejar la Vida que fluye, desde nuestra personalidad encabezada por un yo material, y a veces poco reconectado con el plan del Alma, que es conocido, reconocido y avalado en esferas más sutiles de la existencia.

Cada vez que nos sintamos impulsados a una acción refleja, apresurada o motivada  por emociones y sentimientos controversiales, podemos recordar cuanto poder emana de  la actitud de soltar el control y aquietarnos, sabiendo diferenciar el poder de la fuerza. Wayne Dyer siempre hablaba no de necesitar motivación, sino inspiración, ya que ésta última llega desde Dios, no del exterior. El poder y la fuerza.

El poder proviene de esa veta interna que nos lleva a actuar en pos del bien mayor.

 Fuerza es una energía arrolladora que nos arrastra a conseguir lo que deseamos, como sea y a costa casi siempre de la paz.

Cuando no hacemos nada aparentemente, en realidad siempre se está haciendo lo necesario.

La confianza en que esto es así, mueve todo el poder en favor de la realización del alma, y del Espíritu en nuestra faceta humana

¡Y las bendiciones fluyen!

Tahíta

 

miércoles, 17 de abril de 2019

Comprensión profunda, Visión y Unicidad

Estamos constantemente analizando, clasificando y etiquetando todos los objetos de nuestra experiencia. La experiencia más habitual de nuestra mente, es el juicio.

Esto sucede por un motivo concreto: el miedo. El problema principal es que no sabemos qué somos. Vivimos en la creencia absoluta y errónea de que somos un cuerpo, un punto localizado en el espacio que alberga pensamientos que suceden en el tiempo.

Nos identificamos con una forma material, una forma mental  y una personalidad.  Creemos ser algo concreto, nada más. Y nuestros sentidos nos dicen algo con gran claridad: todas las formas mueren y desaparecen. Entonces surge un gran miedo. Es el miedo a la muerte que se despliega en toda nuestra experiencia vital.

A las experiencias que favorecen a nuestro cuerpo o mente las llamamos positivas, y a las que ponen en peligro al cuerpo o a nuestra seguridad, negativas. Buscar  bienestar y seguridad no está mal…el problema es que parece ser que nuestra mente trabaja en exclusiva para nuestro cuerpo y muy poco para nuestra alma.

Decimos “soy profesor, soy madre, soy espiritual, soy religioso” pero estas son solo formas que nos creamos, ya que los demás nos hacen la función de “espejo” .Y con esas formas, a lo largo del tiempo, creamos una historia de vida, que efectivamente no es más que eso: una historia.

Nuestra falsa identidad  se asienta en los recuerdos del pasado. Este pasado configura nuestra identidad personal. Pero es algo temporal,  y como lo sabemos tememos. 

La mente dual que aceptamos como jefe nos mantiene presos de lo exterior. Produce una emocionalidad que da saltos de un sitio al otro haciéndonos dependientes de lo que ocurra fuera. 

El ego se encarga una y otra vez de ofrecernos un guion con problemas sin solución real, definitiva.

Si alcanzamos el  éxito profesional, nuestras relaciones se desmoronan. Conseguimos  prosperidad y la perdemos justo cuando todo parecía perfecto. Llega el fracaso en la profesión y nos sentimos perdidos.  Nuestros amigos se convierten, de la noche a la mañana, en enemigos y tambalea nuestra vida de relación.

Cada tesoro en el cual confiamos tan solo es un espejismo. Miramos las noticias y ahí fuera todo parece ir peor cada día.

Podemos salir de este programa mental ampliando nuestra visión y comprensión.

La comprensión es el proceso mental por el cual la fuente- el amor- invita a sus partes, desperdigadas a causa de cierto confuso pensamiento de separación, a re-unificarse .

La unión nos hace regresar a casa.

El amor es la energía de integración y comprensión. Deepak Chopra lo denomina “el pegamento del universo”. A nivel mental integra todos los conceptos en él. El proceso mental de integración que usa es la comprensión.

Sucede en nuestra mente cuando repentinamente cae una barrera que nos mantenía separados de la verdad. Es una fusión de partes fragmentadas de la mente. Un “¡Ajá!” interno, una captación de lo total, una liberación de energía estancada, una conexión trascendente con nuestro Ser.

Cuando la comprensión sucede, no se necesita demostración ni corroboración externa alguna, porque da lugar a la evidencia, a un sentir interno que nos lleva a la certeza de estar en presencia de la verdad.

Cuando comprendemos, adquirimos verdadera visión, una  visión de la verdad que poco tiene que ver con la visión de nuestros  ojos físicos.

Comprender es algo tan vasto que aún tendremos que ahondar mucho en su profundidad para poder cabalmente experimentarla, expandirla y vivenciar todo su amoroso y espiritual don… que se nos ha otorgado como herencia...por siempre.

Esa comprensión, sí o sí, nos llevará a la Unicidad.

Estamos interconectados desde la perspectiva más material y tangible, o relativa, a la perspectiva más sutil o absoluta. Desde el nivel más físico o relativo, nuestras acciones afectan a los demás. Vivimos en relación unos con otros y nos afectamos en todo tipo de formas: física, emocional, mental y espiritualmente. Reconocer esto y poder responder en consecuencia es reconocer nuestra interconexión y, en última instancia, nuestra unidad.

Desde la perspectiva más amplia, todo es uno. No hay separación.

Esta unicidad es el latido del corazón de la vida.

 En esta unicidad la vida se celebra a sí misma y celebra su origen divino.

¡Y las bendiciones fluyen!

Tahíta

 

Las violetas de las montañas han roto las rocas

"Las violetas de la montaña han roto las rocas". Epitafio de Tennessee William

La voluntad dura, fría y opresiva, por fin, se desintegra por una fuerza que es hermosa, natural, colorida y viva. 

Somos un grupo de violetas que se abren paso a través de las rocas. Y lo logran. La roca termina  agrietándose. La roca, la dureza de corazón, se rompe. 

Aplico esas palabras a mí misma y permito que lo que es bello, natural, colorido y vivo rompa las rocas que me preocupan.

La mayoría de las veces lo que necesitamos (como la sociedad lo necesita) es solo un cambio de perspectiva de mente o corazón. Cuando la percepción cambia y somos conscientes de de esas sutiles violetas internas, perfora la roca más gruesa, que suele ser un pensamiento en forma de resistencia a lo que es.

¿Cuántas veces nos hacemos daño por forzar las cosas? ¿Cuántas veces atacamos con la idea de que algo externo nos la quita o impide, sin ver dentro de nosotros?

Hay una fuerza suave y a la vez poderosa dentro de nosotros que busca la luz y la encuentra como sea. Las violetas en las montañas siempre acaban rompiendo las rocas. La luz en nuestra alma se abre paso siempre a través de las rocas que creamos, como las violetas, a causa de una fuerza inexplicable que las dirige hacia más Luz.

La montaña aparentemente dura  puede expandirse, solo hay que percibir cuánto espacio podemos crear. Si bien es sólida, hay permeabilidad a la montaña: hay aberturas que permiten el resurgir y la expansión de la vida desde semillas fértiles que brotan y cubren la cima de la montaña y los lados  para extenderse en todas las direcciones hasta las estribaciones más alejadas. 

Nos volvemos más y más conscientes  cada vez que recordamos ese poder que con suavidad y amor, pero determinación, nos permite florecer tras abrirse paso a través de lo más duro de la vida, a través de situaciones que creímos imposibles de trascender o superar.

Esa fuerza sutil es parte de un Campo de energía a los que muchos llaman Dios, al que llamo Espíritu…el Campo en que somos Una sola fuerza, por lo tanto, esa Fuerza, Espíritu, Energía, está disponible para todos porque la compartimos, la creamos cada día, la nutrimos y la expandimos con cada pensamiento, acción, palabra, intención y sentimiento…y es tan fragante,  amorosa y exquisita como una violeta…una violeta que puede abrirse paso a través de la roca más dura y aparentemente compacta…esa roca que el ego contrapone pensando que es  imbatible.

Cuando Tennessee Williams usa como epitafio las palabras… Las violetas en las montañas han roto las rocas…reconoce que lo sutil triunfará una vez más sobre lo aparentemente sólido y su Espíritu seguirá viviendo a pesar de la muerte de su cuerpo, libre, fragante, sutil.

No necesitamos esperar la hora de la partida física para reconocer el poder de esa energía en nosotros. Teniéndola en cuenta  se nos aliviana la pesadez de la roca y empoderamos la parte nuestra que siempre vence la dureza de las situaciones de la Vida…pues sabemos que SIEMPRE, las violetas, como el agua, pueden romper  la aparente dura y fría consistencia temporal de un conflicto que el ego crea.

Que la Luz irrumpa hoy en tu Vida.

Tahíta

lunes, 25 de marzo de 2019

Observando la Ira

 Todo el mundo experimenta ira en un momento u otro. ¿Se puede hacer algo acerca de la ira?

 ¿Qué debo hacer con toda esta energía? ¡A veces tengo ganas de gritar! ¿Está bien gritar?

Es una buena pregunta, qué hacer con energía poderosa como la ira. La respuesta que más me resuena es…Convertirla en Consciente “¡Que sea conciencia! ¡La conciencia es energía!

Cuando una emoción poderosa conduce a la simple conciencia, lo que surge no será gritos, sino perspicacia.

Las teorías sobre qué hacer con la ira abundan y cambian con el tiempo. No sé si la ira debe ser expresada o no debería ser. El hecho es que nos enojamos, y se expresa de manera instantánea, verbal y no verbal, en todo el cuerpo. Entonces, ¿qué es esta ira? ¿Podemos ir más allá de la pregunta, "¿Qué debo hacer con esto?" Y más allá de las respuestas como: "Debería sentirlo en mi cuerpo o expresarlo verbalmente, físicamente, o debería controlarlo".

Hay mucho que sentir cuando estamos enojados. Moviliza a todo el organismo, mental y físicamente, sin que una sola célula deje de ser afectada. Las historias mentales corren desenfrenadamente, manteniendo la agitación en marcha. ¿Podemos sentir todas estas manifestaciones físicas y mentales sin resistencia? 

No es fácil, pero lo que me digo a mí misma es :”Si hay resistencia, entonces siéntela, mírala. No intentes apagarla diciéndote que es peligroso experimentar enojo, ni trates de justificarte sobre lo que estás sintiendo”. Cada pensamiento, cada juicio al respecto intensifica la confusión y la agitación.

¿Puede la simple conciencia arrojar luz, crear espacio? Sinceramente no solo lo creo sino que lo he experimentado cuando en lugar de reaccionar observo, lo que no resulta al principio fácil con ese poder de reacción que tenemos.

Rastreo la ira mientras sucede. ¿Por qué me estoy enojando? ¿Qué hay en la base de esto? ¿Puedo disolverla con atención? Al mirarla, cuestionarla, observarla a la luz de la pregunta, lo que se revela es que funcionamos bajo patrones de energía que forman cadenas de reacciones. Lo que ha sido programado en el cerebro y en todo el cuerpo acerca de cómo somos, cómo deben ser las cosas, qué está bien y qué está mal funcionan automáticamente, pero cuando se interfieren, aparece la ira.

Estas estructuras se programan desde el primer día de vida.  Lo que aporta satisfacción, calidez y protección es bueno, es correcto, vale la pena repetirlo una y otra vez. Lo que produce tristeza, displacer o el dolor es malo, debe ser evitado. Así que, desde el principio, esos programas nos dicen lo que está bien y lo que está mal hacer, estar, sentir, pensar, decir. La sociedad los sigue reforzando luego. Lo que queremos y lo que nos ha dado placer se convierte en lo que debe aceptarse y experimentarse incesantemente y defenderse.

Cuando lo que queremos se iobstaculiza o  frustra, o cuando alguien transgrede lo que creemos que es correcto, la energía que mantiene el sistema en piloto automático explota. “¡Lo que hicieron estuvo mal! ¡Cómo se atreven! ”

 La ira es el resultado de falta de aceptación y apertura. Observar a alguien hacer lo que nuestro cerebro ha etiquetado como incorrecto provoca una erupción de energía. Se siente como si hubiéramos sido heridos personalmente.

Me he estado preguntando acerca de esto por mucho tiempo: ¿por qué nos enojamos cuando alguien más actúa de una manera “estúpida”? Sentimos una ira que creemos justa hacia aquellos cuyos caminos chocan con los nuestros.

¿Por qué nos enojamos? No nos demos explicaciones o excusas ni hagamos  acusaciones, sino observemos directamente lo que realmente está sucediendo. ¿Por qué seguimos enojados?¿Qué mantiene el fuego después de la explosión?

Podemos pensar que continuamos enojados debido a la rabia acumulada dentro de nosotros que solo puede agotarse con el tiempo. Pero en realidad he observado que la ira se disipa increíblemente rápido si la historia de lo que nos ha sucedido se ve claramente como eso: una historia y se entiende que es ella la que nos mantiene encendidos. Con una visión renovada podemos dejar de crear escenarios violentos y de imaginarnos  víctimas de la estupidez o la maldad de otras personas. Sin una visión clara, las historias del enojo siguen  alimentando la ira una y otra vez.

 Afortunadamente, las emociones pueden disiparse cuando se ve la historia y se transforma en  observación profunda. 

 ¡Observa las historias y déjalas ir! El cuerpo tiene una habilidad sorprendente para reestablecer la armonía cuando se le deja tranquilo.

Pero…"¿No hay situaciones en las que deberíamos defender lo que es correcto, sentirnos indignados contra la explotación o el abuso? ¿Qué sucede cuando somos explotados, maltratados, humillados, burlados, o cuando vemos que le sucede a otros?

No sé qué deberíamos sentir o debemos hacer. 

Nunca hemos aprendido una manera sabia de lidiar profundamente con esto porque estamos acostumbrados a soportarlo, a sufrirlo, a combatirlo o a explotar. O continuamos oscuramente en nuestros patrones condicionados, o hay un despertar sobre lo que está sucediendo para todos nosotros: el abusador y el maltratado. Esto no tiene nada que ver con sancionar el comportamiento hiriente, disculparlo o permitir que continúe.

¿Podemos simplemente contemplarnos como somos de momento en momento? ¿Nos vemos,  y vemos a todos, como resultados de patrones condicionados de milenios que han gobernado nuestro comportamiento aunque no lo queramos conscientemente? No solo tener una comprensión intelectual de esto, sino una visión directa del poder de nuestro condicionamiento.

 Entonces, tal vez, podemos comenzar a cuestionar las cosas juntos y comunicarnos unos con otros de una manera nueva, inteligente y compasiva. La ira, con sus toxinas químicas, no es propicia para examinar e investigar claramente. Por el contrario, produce confusión en la mente.

Lo que se necesitamos es no estar contaminados al observar lo que está sucediendo. De una visión clara surge la energía para actuar de manera clara.  Puede haber una conciencia cada vez mayor de cómo reaccionamos y cómo reaccionan los demás ante nosotros. ¡Todos estamos enredados en reacciones en cadena! ¡Saquémoslas a la luz! Tengamos en cuenta que cuando hablamos con alguien enojados es probable que responda de la misma manera, provocando una mayor irritación.

La mayoría de nosotros tiene miedo de las personas irascibles, a las que vemos gritando, atacando, culpando. Por miedo, respondemos con enojo. Un momento de claridad y comprensión trae una sensibilidad y un cuidado asombrosos. Observación, atención, comprensión.

Entonces, ¿podemos tener infinita paciencia con nuestra propia ira y la ira de los demás? ¿Pueden nuestras reacciones ser reemplazadas por conciencia? ¿Podemos tratar de entendernos en el nivel más profundo?

 Somos los únicos laboratorios para desarrollar esta comprensión.

 La ira brota en todos nosotros. ¿Por qué? 

Dejemos que se revele plenamente en la conciencia más allá de la limitación de los juicios o los conceptos psicológicos cambiantes.

¡Y las bendiciones fluyen!

Tahíta

martes, 19 de marzo de 2019

Un despertar sin pretensiones


Estuve a punto de traducir un artículo sobre las etapas del despertar cuando “desperté” al verdadero sentir de que no deseaba  sumarme a los recitadores de ítems que clasifican, delimitan y etiquetan un proceso que para mí y para muchos de los maestros que me han inspirado es “sin fin”…o sea que no acaba nunca mientras estamos en éstos vehículos.

La mayoría sueña con un  espontaneo e ideal suceso de despertar, pero siento decirles que eso no existe, ni aún en los que dicen haberlo vivido, sino que es un proceso de ilimitada extensión en el tiempo. Por más que nos deslumbren las descripciones de despertares  instantáneos, sinceramente pienso que, por debajo de los niveles conscientes, ese echo estuvo precedido por una orquestación desapercibida o empujado por circunstancias que jalaron con fuerza de la consciencia hasta que tuvo que estallar por absoluta necesidad.

Aun en quienes sí aceptan el despertar como un proceso largo, encuentro delimitaciones que están de más…por ejemplo decir que pasamos de una vida mundana a un cuestionarnos, luego a un alejamiento de las creencias, después a considerar y responder preguntas como… ¿Quién soy yo? ¿Por qué estoy aquí?...en la siguiente etapa abrazar la introspección y la soledad…hasta que el YO verdadero triunfa y ya no hay dudas, ni creencias limitantes, ni preguntas ni desconexión con el Ser.

La mayoría de nosotros no pasamos de una a otra etapa, generalmente y en lo que a mí concierne, las experimento todas  trabajando con cada uno de esos aspectos y sin llegar a ese punto que creo aún lejano de: nada que cuestionamiento, sabiduría absoluta…y la verdad ni siquiera aspiro a él, porque mientras estamos en ésta dualidad, me enfoco en el viaje, no el destino, y ese destino es misterioso y formalmente inaccesible por lo pronto (fuera de las formas, no). Fuera del tiempo…YA ES, pero en éste sistema de aprendizaje, la mejor respuesta a la que adhiero es: NO SÉ.

Sí es cierto que gradualmente dejan de atarnos tanto las actividades mundanas, pero siguen tironeándonos porque deseamos cosas, estados, realizaciones, relaciones o lo que sea. Y aunque sabemos que la clave es el desapego, eso se muele muy fino y muy lento.

Después, dejamos las creencias en religiones estereotipadas…pero caemos en prácticas, talleres, cursos y lecturas que son también PROGRAMAS, y necesarios claro, porque nos punzan por todos lados hasta que nos vamos sacudiendo de ellos, pero tranquilos si vuelven de una manera u otra, porque, por algo será.

¿Quién soy yo? ¿Por qué estoy aquí?...son preguntas que muchos creen que ya develaron. Con humildad bajo la cabeza cada vez que me doy cuenta de que las respondo de distinta manera según el proceso se arma y desarma, así que mucho de mí responde, como ya dije…NO SÉ…y no pasa nada. Está bien soltarse de la necesidad de tener las respuestas o de ufanarse de tenerlas y decir…SOY UN ESPIRITU TENIENDO UNA EXPRIENCIA HUMANA. Pues yo ya me borro de eso que también hemos leído, no porque no sea cierto, sino porque está prefabricado por otros y quisiera llegar internamente a responder, sin basarme en clichés. Para saber si es cierto, tengo que tener claro lo que es un espíritu, o espíritu sin identidad, etc…por lo tanto, la no-dualidad diría que "no hay ningún yo en ningún camino, esperando por ningún despertar", y eso tampoco lo acepto, solo lo observo y trato de abrirme, pues es que nunca nos salimos de esta etapa de duda, al menos en el espacio-tiempo.

Hace mucho que he abrazo el silencio y la soledad y en mi caso, no abandonamos nunca esa potencialidad sanadora. No se pasa de esta etapa, y sin embargo, escribo, hablo a veces demasiado y tengo sí o sí que tener trato con otras personas.

En cuanto a alcanzar una pretendida etapa de conexión total con la fuente: soy parte de la fuente, del Campo, eso Soy, aunque estoy aquí  también…NUNCA PUEDO DESCONETARME DE LO QUE SOY…NUNCA PUEDO ESTAR MÁS QUE AQUÍ Y AHORA…sin embargo, me enojo desde mi ego con quien me fastidia olvidando lo que Soy y suelo tener que arrinconar al egoísmo y enfrentar el desánimo que atraviesan ese Campo…así que SÍ…solemos sentirnos y actuar como desconectados del Campo que somos…pero no podemos tener como fin unificarnos a LO QUE YA SOMOS…ni pretender actuar desde lo máximo si aún  estamos atados a esta pequeña identidad inexistente para el Espíritu que nos hemos permitido crear…y que gira aún en la danza del sentirnos separados. POR ALGO ES QUE ES COMO ES.

TRES PASOS ADELANTE DOS ATRÁS…así suele ser  el proceso que al menos yo experimento: abrazo la soledad y la amo y al silencio, pero me embarco en la locuacidad y la compañía. Suelo experimentar la omniabarcante e infinita inconmensurabilidad del Espíritu, y retorcerme entre las emociones más debilitantes. Porque somos duales en nuestra manifestación humana, que es la que estamos aquí y ahora procesando, aunque en el trasfondo el Espíritu sea nuestra esencialidad.

Y esa esencialidad es  LO QUE SOMOS…que seguramente ha decidido experimentarse en lo que erróneamente llamamos mundano, en las dudas, en la incertidumbre, en la red de las creencias limitantes, los apegos, las demandas de compañía o de soledad, la aspiración, la negación, la represión, la libración…y cuanta cosa estemos viviendo.

Por eso, no me preocupo demasiado si vuelvo a desear algo, si no puedo responder ya a casi nada, aunque me puedan tildar de simplista, si caigo aún en la creencia de que solté las creencias cuando no es cierto al cien por cien, si veo a mi sombra caminando a mi lado y acaricio al ego tratando siempre de que vaya por detrás, para no olvidarme de esa esencialidad que está permitiéndole el juego.

El juego, tal vez sea como Conny Mendez decía… “una de cal una de arena” aunque en otro contexto, yo le llamo tres adelante dos atrás, cuatro adelante uno atrás, o como sea que venga…porque lo más cautivante de éste proceso es que no puede delimitarse ni etiquetarse en etapas, ni en pretendidas realizaciones que supuestamente ya debiéramos haber  tocado y disfrutado…lo inédito y sorprendente nos acompaña siempre sin juzgar siquiera lo que es adelante, atrás, evolutivo, involutivo, bueno o malo…porque: hay que estar muy dormido como para pensar que la mente puede programar algo llamado Despertar y establecerlo como algo predeterminado y mensurable.

Si existe un Despertar definitivo…les cuento cuando lo experimente.

¡Y las bendiciones fluyen!

Tahíta