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domingo, 7 de agosto de 2022

"Sí" a la Vida - Tahíta

 


Cuando éramos niños pequeños, seguramente todos teníamos un entusiasmo increíble por la pura experiencia de vivir. Una hormiga, una brizna de hierba, una palabra nueva, una judía verde, una sombra en el suelo, una tormenta, o la sonrisa de un extraño podría ser una fuente de gran curiosidad y deleite. Incluso si el momento fuera una experiencia de miedo, o de lágrimas, o un rotundo "no", era vivida plenamente, porque la experimentábamos abiertos al momento presente.

Un niño tiene el corazón muy abierto; lo que le falta es sabiduría y discernimiento.

Pero al crecer, mientras nos educan "sobre" el mundo, comenzamos a vivir cada vez más en el mundo del pensamiento en lugar de permanecer abiertos a la vida tal como es.

Se nos enseña a confiar en las ideas e interpretaciones más que en nuestra propia experiencia que nos dice lo que es verdad y lo que no lo es. Muy pronto, nos convencemos de que los pensamientos y las imágenes que hemos recopilado sobre un "yo" definen lo que somos en realidad.

La libertad de decir "¡Sí!" a la vida es la libertad de nuestra verdadera naturaleza.

El ego siempre está buscando "liberarse de" la vida, pero Lo-Que realmente somos, nos invita a una profunda libertad: la libertad de experimentar íntimamente todo en la vida.

 El despertar a nuestra verdadera naturaleza nos invita a ver el mundo con los ojos de la inocencia, a través de la sensación de nuestros cuerpos, a vivir en este momento más que en el pasado ( la memoria de la mente) o en el futuro (la proyección mental).

 Se nos invita a descubrir el mundo de nuevo, con la sabiduría y el amor de nuestra propia verdad más profunda.

Empezamos a confiar que a veces tenemos que decir "Sí" a nuestro propio "No".

Eso es aceptación también.

Muchas personas temen la idea de la muerte, pero este miedo a menudo enmascara un miedo aún más profundo: el miedo a vivir verdaderamente como Lo-Que somos aquí y ahora.

 Viviendo desde esa dimensión de nuestro Ser, descubrimos que lo que "pensamos" que sabemos no es verdadero "Saber", que la Vida se mueve perfectamente por sí misma con o sin nuestros pensamientos.

Hay una historia Zen de dos monjes, uno ve al otro a punto de marcharse en peregrinación. El primero le pregunta al otro cuál es el objetivo de su peregrinación. El monje a punto de embarcarse dice que no lo sabe. El primero responde, "No-saber es más genuino".

No-saber no es lo mismo que ser ignorante o estar confundido.

 No-saber nos permite permanecer abiertos, espaciosos, curiosos, e íntimos con la realidad del aquí y ahora.

 Ver y sentir el misterio y la magia de la experiencia en sí, nos invita a descubrir su inseparabilidad de lo que está silenciosamente Despierto en todas las experiencias y desplegándose en todos los momentos.

Decir "Sí" a la vida no nos hace pasivos.

 Nos devuelve a la totalidad de nuestro Ser y a la danza incesante del devenir de la vida…esa en la que temporalmente somos avatares humanos, con una esencia que se manifiesta perfectamente, nos gusten o no los disfraces con los que lo hace.

 

Gracias. Gracias. Gracias

domingo, 31 de julio de 2022

Abrir el corazón con confianza- Tahíta

 




Se dice que tradicionalmente, hay dos caminos hacia la realización del Ser. El camino del conocimiento y el del corazón. Son muy diferentes, pero ambos conducen a la misma verdad. El camino del conocimiento lleva a un momento de entendimiento, cuando te das cuenta de que la estructura que consideramos “nuestra vida”, que hemos estado construyendo durante muchos años, siempre fue una ilusión.

El camino del corazón ―devoción― conduce a la verdad a través de la entrega. Constantemente entregamos a la existencia todo lo que conocemos como “yo”.

Por este camino llegamos a la misma verdad. Debido a muchas pequeñas renuncias, este “yo”, la ilusión, disminuye gradualmente su poder.

La devoción no se encuentra en el exterior. No se trata de armar un altar o hacer ceremonias. Se trata de lo que sucede dentro nuestro.

Es entrega. Es renunciar al “yo”.

 Es una deconstrucción del ego. Ese que sabe, ese que juzga, ese que siempre está ocupado en algo. Entrega o devoción significa una renuncia sincera, una rendición a Dios. Dios está en todas partes y Dios es todo.

Entrega es rendirse a cada momento que surge.

Se trata de renunciar al conocedor y a todo lo que creemos que sabemos. Puede asustar. Puede provocar terror. La entrega solamente funciona cuando existe una confianza total. En Occidente nos resulta difícil confiar en algo o en alguien. Solo nos fiamos de nuestra “historia”. 

El camino del corazón trata de apertura.Cuando tenemos confianza, todo nuestro ser se abre a la vida. Estamos disponible.

Por entrega me refiero a aceptar el momento como es, a decir sí al momento. Si no nos entregamos, estamos diciendo sí al ser falso. Estamos diciendo sí al “yo”. “Yo he decidido no aceptar lo que está pasando.” ¿Quién es este “yo” que está decidiendo? Es, por supuesto, el ser falso. Es la parte de la mente que tiene ideas. Hacemos esto todo el tiempo sin darnos cuenta de lo que estamos eligiendo. Cuando no aceptamos el momento como es, estamos dando poder al ser falso.

Se necesita una consciencia minuciosa porque siempre existe la posibilidad de quedar atrapado en el “yo”. Cuando nos atrapa, empujémonos nosotros mismos de vuelta al ser.

En realidad, no podemos decidir rendirnos, pero podemos vivir una vida de entrega.

 Podemos vivir con un sí abierto, y, cuando hay un sí abierto, hay aceptación.

Además de entrega, se necesita confianza. Ambas van unidas. A medida que confiamos más, la entrega se hace más total; y cuanto más nos entregamos, más fácil es confiar.

No podemos experimentar amor a menos que seamos capaz de abrir la razón y confiar. Todos hemos tenido momentos en que el corazón está abierto y se ha vuelto a cerrar porque ha aparecido algún dolor y entonces nos montamos alguna historia sobre el amor, sobre el corazón abierto. Resulta que no confiamos. Y el amor trata de confianza.

Un escalador resbala y cae por un precipicio; en el último momento, consigue agarrarse a una rama y se queda colgando.
“¡Socorro! ¿Hay alguien ahí?”, grita.
Una voz majestuosa retumba por el desfiladero: “Te ayudaré hijo mío, pero primero tienes que tener fe en mí”.
“¡Sí, sí, confío en ti!”, grita el hombre.
“Suelta la rama”, truena la voz.
Después de un largo silencio, el hombre grita de nuevo, “¿Hay alguien más ahí arriba con quién pueda hablar?”.

Para confiar, es fundamental la aceptación de lo que es, incluso aunque pensemos, por la razón que sea, por el juicio que sea, por la idea que sea, que no nos gusta.

Esto parece muy fastidioso, pero tiene un efecto enorme. Si de manera continua abandonamos nuestras aspiraciones personales, hallaremos que todos nuestros juicios, ideas, deseos y comparaciones empiezan a desaparecer y nos sentimos más cerca del Ser, más cerca de la existencia, más cerca de nuestra propia esencia.

Es así como sucede.

 Mientras estamos ocupados “haciendo lo correcto” con nuestro “yo” personal, nos mantenemos apartados, creamos separación.

Servir es una manera magnífica de abrir el corazón, de abandonar los anhelos personales y de desaparecer en el Ser.

Fregar los platos en la cocina, por ejemplo, como lo hacen los monjes o servidores, parece no aportarnos nada. Pero si continuamos fregando, nos daremos cuenta de que, al final, algo sucede. Con este sencillo servicio todo el sistema energético puede abrirse. El corazón se abre y el ego, este “yo” separado, comienza a desmontarse, por hacer algo simple sin interés personal.

El verdadero servicio surge del corazón junto con la compasión y la humildad.

Cuando servimos de una manera sincera, obtenemos el beneficio de un corazón abierto.

Observemos lo que sucede en nuestra vida y busquemos maneras de servir a otros cuando podamos.

Dar, abrirá nuestro corazón y permitirá que surja la confianza.

 

Gracias. Gracias. Gracias

miércoles, 27 de julio de 2022

Más Amor, nunca menos- Tahíta

 



 

Más amor. No menos.

No hay experiencia en la vida que requiera menos amor. No hay seres, estados, circunstancias, que merezcan menos Amor.

Hay, como humanos, una herencia de dolor y trauma que debemos transformar expandiendo más amor, no menos.

Hay que cavar profundo para descubrir que nuestra médula, núcleo o esencia es… AMOR.

El amor no es pasar por alto la naturaleza de la totalidad de la vida, poniéndole nuestras condiciones personales. No es determinar…esta parte sirve, esa parte no sirve, esta parte debe desaparecer o cortarse, esta parte debe hacerse más grande, o vamos a ponerle una máscara a esta parte.

 Enmascaramos el amor incondicional cuando nos escondemos de partes de nosotros mismos que no han sentido o conocido el amor.

Este es nuestro dolor…el aspecto, rincón, percepción en los que hasta hoy no veíamos amor. 

Al principio, puede escocer que el amor purifique y “revuelva la olla” haciendo que surja de todo, y duela. Pero también derrama los bálsamos de la compasión y la comprensión, la curiosidad que lleva a la auto indagación y el perdón... atención y presencia. 

El amor profundo no aparta la mirada, sino que se abre y se profundiza aún más.

Este es el tipo de amor que aún no hemos aprendido a darnos a nosotros mismos, a volcar luego hacia “afuera” …ese es el amor profundo que podemos permitirnos percibir, sentir, internalizar y expandir infinitamente.

Abrirnos y volcar Amor a nuestro dolor, a nuestra rabia, a nuestro miedo. Más amor al desvío, al escape y al aferramiento. Más amor a nuestros cuerpos dolientes, enfermedades y a nuestras penas. Más amor a nuestra alegría, pequeños placeres y nuestros deseos. Más amor a nuestra hambre y vergüenza. Más amor a nuestros dones. Más amor a nuestra luz y a nuestra oscuridad.

Más amor a los corazones desnudos bajo las tormentas de cada momento presente.

Nunca rehusar aprender y trasmitir los caminos de este Amor. 

¿Cómo puedo ofrecerme a mí mismo, a este corazón, esta alma, a este ser humano más amor y percibiendo la unicidad, desplegarlo sin medida hacia lo que generalmente se considera “lo otro?

No siempre llegamos a ver las cosas como son.

Diría que casi nunca, por lo tanto, tratar de juzgar cuando algo merece o no que lo incluyamos en el AMOR sería, aun humanamente, ridículo.

Además, si llamamos a este Amor…INCONDICIONAL…eso implica que no se le pone condiciones, barreras, prejuicio ni juicios…solo se le deja fluir desde su fuente que es LO QUE SOMOS…LO QUE ES

Más amor siempre, eternamente…nunca menos amor.

 

Gracias. Gracias. Gracias