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lunes, 20 de abril de 2020

Enfrentando la tormenta

Muchos de nosotros luchamos en estos días con sentimientos difíciles y nuestras mentes parecen un poco más hiperactivas de lo habitual. 
Aburrimiento. Ansiedad. Inquietud. Soledad. Miedo por "lo que podría ser".
 

Los sentimientos que hemos reprimido durante tantos años ahora están saliendo a la superficie, a la luz de la conciencia, para ser recibidos y procesados, en una 'crisis' interna de curación. Sensaciones que buscan ser abordadas con conciencia amorosa. Dolor que anhela recibir un hogar en nuestros corazones vulnerables y a la vez poderosos. Lágrimas que piden salir. Ansiedad por muerte, pérdida, cambio, sentido de impermanencia, que reclama ser sentida

Durante muchos años he tratado de abrirme paso para, en lugar de luchar y librar contiendas internas, poder "bendecir el desastre" bendecir la tormenta interna. Dejar de luchar con lo que es y comenzar a descansar en lo que es, haciéndome amiga del dolor. Volver al cuerpo, a la respiración, a las imágenes, a los sonidos, a los olores y las sensaciones del Ahora, y encontrar descanso aun en la inquietud

 Me siento muy agradecida por haberlo muchas veces logrado, por esa enseñanza de aceptación que me llegó y nutrió cuando más la necesitaba.  Hubo momentos en que el dolor dentro mío era muy intenso. Sentimientos de falta de arraigo, incertidumbre, remolinos de emociones tan fuera del control de la mente que no sabía ni donde estaba situada. Pero ... pude ir al encuentro del “desastre”, de la “tormenta” dentro de mí. Pude aportar conciencia amorosa a mi mente y cuerpo cansados y respirar en las zonas contraídas del cuerpo y de mi interior. Eso no hizo que el dolor desapareciera, pero el dolor se vio rodeado por mi compasiva presencia

 Y me di cuenta de que no era mi tarea arreglarlo, curarlo, transmutarlo o "deshacerme" de él. No era vergonzoso sentir más o menos dolor, ni era más o menos espiritual. Con esa comprensión, pude albergar profundamente el dolor, por el tiempo que durara. 

El dolor fue una puerta al amor y la compasión: a una conexión con todos los seres vivos. 

Solo tuve que permitirme romperme. Dejar entrar la vida, toda la vida, la alegría y la tristeza de la misma. Dejar ir lo conocido, lo esperado, lo deseado, y abrirme a lo desconocido, rendirme más allá de toda rendición, y dejar ir más allá de todo lo que había dejado ir, de pie en la crudeza del momento presente. 

En ese momento encontré mi paz, y allí es donde todos podemos encontrarla, si estamos dispuestos a despertar a la verdad, por devastadora que sea. 

Todo aquello de lo que queremos librarnos en nosotros mismos puede ser solo una puerta que la vida nos invita a atravesar.  

No siempre es fácil. Especialmente en momentos como este. 

Necesitaremos algo de coraje para afrontar la tormenta interior.

 Una disposición a tocar los lugares que duelen. Un poder verlos no como enemigos, sino como partes de nosotros pidiendo ayuda, aliento y comprensión. 

 No tengan miedo de derrumbarse. 

No tengan miedo de llorar y colapsar, exhaustos. 

 Y no tengan miedo de tener miedo. 

 Para algunos de nosotros, esta crisis nos despertará a nuestra humanidad y nuestra compasión. Abrirá nuestros corazones.

 Otros serán empujados aún más hacia el miedo y la identificación con la mente. 

Crisis significa oportunidad, no desastre.

Estamos en un punto de inflexión, personal y colectivamente, y en cada momento se nos ofrece la mejor invitación de la vida: aceptarlo todo y enfrentar de pie cada tormenta, cada desastre, cada ola que golpea y abre el corazón, porque…

 ES LO QUE ES, Y NO PUEDE SER DE OTRA MANERA.

 

Gracias. Gracias. Gracias

 

Tahíta

 

 

 

 

El padre y yo somos UNO



Hace más de dos mil años se cree que vivió un ser tan despierto para su época, al que confundieron con la totalidad de la fuente, que sembró en la consciencia de miles, una verdad que pocos comprendieron…
 
EL PADRE Y YO SOMOS UNO.
 
Entonces las mentes de esa época, veladas por un sistema de creencias que aún persiste, creyeron que había un “alguien” llamado “Padre” y que quien predicaba esa unión mística era la personificación de ese alguien. Y no era incorrecto como comienzo.
 
Llegaron nuevos mensajeros y cada uno de ellos sumando o restando claridad a tan sencilla pero contundente frase, no pudieron sin embargo nunca refrendarla…
 
EL PADRE Y YO SOMOS UNO.
 
Cuando quienes llamábamos “buscadores espirituales” fuimos acomodando medianamente las piezas de éste puzzle consciencial, nos dimos cuenta que la expresión “Padre” podía significar diferentes aspectos de una misma realidad, dependiendo el proceso que cada quien estuviera vivenciando.
 
Unos llamaron “Padre” a una entidad más o menos personalizada denominada también “Dios”…otros interpretaron que se refería a una entidad que había tomado a éste avatar bajo su proyección, y lo etiquetaron como “el Arcángel Miguel”…muchos, aún anclados en el plano físico, llaman “Padre” a su Yo Superior, o a su Alma individualizada…y unos pocos comienzan a entrever o casi a cerciorarse de que Padre…es la totalidad de LO QUE ES…en la cual como humanos…vivimos, nos movemos y tenemos el ser…el más pequeño, ya que toda individualidad o separación nos comienza a resultar pequeña, fragmentada y limitada.
 
Lo cierto es que ese fragmento del Uno al que muchos llaman Jesús, fue quien primero nos despertó al sentido de la Unicidad con la FUENTE, lo que no es poco.
 
EL PADRE Y YO SOMOS UNO…
 
Realmente podemos llamarlo cómo queramos o concebirlo como nos alcance nuestro ámbito consciencial…pero en todos resuena esa nostalgia de filiación y Unicidad cuando escuchamos o pronunciamos una verdad que no necesita de defensa alguna ni de comprobación…solo un sentir interno de anhelo de integración al que no hace falta doctrina ni religión en la cual apoyarse.
 
Hace dos mil años lo tomamos de forma velada como alguien a quien aferrarse, alguien a quien necesitábamos para ser “salvos y perdonados” (¿por qué y de qué?)…hoy podemos comprender cuán difícil pudo haberle resultado a un ser tan despierto tratar de trasmitir a una humanidad dormida vislumbres de una Real-idad de tal magnitud. Y le idolatraron, y lo subieron a la cruz de los incomprendidos y enaltecidos espíritus “despertadores” que siguen sembrando aquí y allá pequeñas migajas de un banquete al que aún no accedemos porque nos seguimos considerando “poca cosa”, pecadores, necesitados de ser salvados externamente, SEPARADOS DEL UNO…no UNO MANIFESTADO.
 
EL PADRE Y YO SOMOS UNO…
 
Una frase para repetirnos desde nuestro Ser más profundo, con nuestra propia identidad y voz, no la de ningún muy amado y eternamente UNO EN NOSOTROS fragmento “despertador de consciencia”.
Hasta él nos diría…
 
SUELTEN YA LA CRUZ…EL PADRE Y NOSOTROS SOMOS UNO.
¿La soltamos?
 
Hay libre albedrío…puedes seguir experimentándolo como sientas.
 
Todo es perfecto…no hay juicio…el tiempo no existe, y SOMOS UNO.
 
Tahíta

El silencio en las Crisis

Por lo general, en las crisis nos sentimos impelidos a la acción, por urgencias genuinas, por miedo, angustia, incertidumbre y miedo al fin. Para este torbellino en el que nos vemos envueltos, la mejor respuesta es entrar en el silencio. No podemos como muchos autores hacen hablar de “mente silenciosa” …porque la característica de la mente es la actividad, y una mente silenciosa, es solo una mente forzosamente silenciada.

Sí podemos hablar de un silencio consciente, no forzado con dureza, sino una entrega al silencio interior que mora muy profundo en la consciencia del momento presente.

Ese silencio proviene de la Fuente y nos conecta con ese campo sin fin que somos, en el que el silencio es posible, si dejamos el ego relegado y nos refugiamos en el centro consciente que es la chipa que nos une y a través de la cual nos interrelacionamos.

La mente es activa, está constantemente pensando y sintiendo. Pero cuando estos sentimientos de miedo urgen como ansiedad, la alarma, el temor y la incertidumbre, la mente activa no puede salir de su propia espiral o bucle de pensamientos. Y claro, la actividad mental se vuelve inútil para curarse a sí misma de esta sobreactividad.

Los pensamientos son recibidos por cada célula de nuestro cuerpo y afectan todo tipo de procesos: la respuesta inmune, los ciclos hormonales, el sueño y el equilibrio general del cuerpo-mente, o la homeostasis. Si la mente activa se vuelve confusa y caótica, el equilibrio se interrumpe.

Ya en el Antiguo Testamento se nos decía: “Aquiétate y sabe que soy Dios." Si reemplazamos a Dios con "fuente” “campo” “espíritu”, el mensaje llega a los oídos modernos: “Quédate quieto y sabe que eres espíritu, campo infinito, consciencia”. El resultado directo de escuchar este mensaje sería meditar, porque la meditación da acceso directo al silencio.

Pero muchas personas han intentado la meditación, y no experimentan alivio en las crisis. En parte esto se debe a que comienzan y la dejan de lado enseguida o solo meditan cuando necesitan un parche psicológico. Lo que realmente es positivo es persistir en tratar de estar en un estado consciente, despierto y alerta…incluso cuando todo parece ir bien.

Si sales a correr, tu ritmo cardíaco, respiración, flujo sanguíneo a los músculos, proceso digestivo, etc. se desequilibran, pero una vez que dejas de correr, se restablece la homeostasis. Si experimentas un gran shock, la respuesta de lucha o huida te lanza a un desequilibrio extremo, pero cuando termina el shock, se restablece el equilibrio. Desafortunadamente, bajo una amenaza constante que puede durar mucho tiempo, como un desastre ecológico, una pandemia, una guerra… el shock no termina. La respuesta al estrés habitual está diseñada para durar no más de unos minutos. Extendido a días y semanas comienza a producir daños.

El daño aparece primero psicológicamente. Bajo un estrés constante, las personas se sienten cansadas, malhumoradas, deprimidas, ansiosas, irritables, impacientes, etc. Si sigue la presión, y la siguiente etapa es fatiga, letargo, embotamiento y depresión. Si el estrés no disminuye, los síntomas físicos aumentan, a menudo comenzando con insomnio como resultado de las interacciones hormonales que se pierden. 

El Centro que nos reestablece no se encuentra en nuestras células, ni siquiera en nuestras células cerebrales, ni en la mente activa. El centro de comando está en el Campo, el Espíritu, la Fuente. Por eso la meditación o el estado consciente, en el que estamos reconectando con esa Fuente, afecta la frecuencia cardíaca, la respiración, la actividad cerebral, los marcadores de inflamación y los niveles de estrés. 

En el Centro de es Consciencia infinita hay aquietamiento y silencio. A medida que la conciencia comienza a moverse desde su fuente silenciosa hacia lo superficial, vuelve a los caminos de la dualidad del ego… Miedo o amor, Separación o unidad, Sufrimiento o dicha, Seguridad o inseguridad, Aceptación o resistencia, Conciencia o inconsciencia.

Si una persona está consciente o despierta, los caminos se dirigen hacia las experiencias deseables de amor, seguridad, seguridad, etc. Pero tal como están las cosas, todos estamos enredados en una red de opciones que se mezclan.

Una crisis nos arroja a una confusión más profunda. La curación consiste en permitir que el silencio nos sane, aunque sea en breves intervalos.

La crisis puede llevar a la curación, porque sin duda todos sentimos necesidad de descansar y de entrar en el silencio.

El silencio, en este caso puede abrirnos a descubrir nuevas vías de reconexión con la Esencia, y con ello con el Amor, la compasión, la paz y la aceptación, sabiendo que en ese Campo…ESTAMOS A SALVO.

Permitamos que el silencio sea el combustible interno para vivir en coherencia, sin reacciones emocionales desgastantes, con Amor y respeto hacia todo lo que surge.

Esta es una oportunidad única para captar esas energías tan necesarias, sumergirnos en ellas, expandirlas y ser una extensión de ese océano de Amor en el que tenemos el Ser.

 

Gracias. Gracias. Gracias.

Tahíta

martes, 31 de marzo de 2020

¡Quedémonos en casa! - Tahíta




Estamos teniendo mucho trabajo tratando de mantener nuestras emociones sin sobresalto…ya sea por acontecimientos planetarios que nos mueven el miedo o por la energía mental con que nos recargamos. Lo cierto es que vastas coyunturas energéticas se derraman sobre nuestra parte humana haciendo vacilar todas nuestras estructuras. Por eso…


No importa en qué situación vital transcurra el momento presente.

No importa que duela profunda un acontecimiento de aprendizaje, anclaje o limpieza.

No importa que las energías que nos impulsan nos estén dando duro en los cuerpos y en las emociones en especial.

Lo importante es abrirse para que todo ocurra sin resistencias que empeorarían, y de hecho lo hacen, cualquier suceso o estado.

Tenemos tanto miedo de no poder soportar más la carga, de volvernos más vulnerables y de tambalear…que nos cerramos impidiendo el paso energético y haciendo caso omiso de las señales que nos piden aquietarnos.

Es hora de apartar el miedo y dejar que lo que llegó cumpla su tarea y pase, porque…ESTO TAMBIÉN PASARÁ.

En un Universo signado por el cambio continuo, nada llega para quedarse, salvo la esencialidad que ES y esa, no llega…ES SIEMPRE…aunque haya que develarla y dejarla manifestarse.

Hoy especialmente, sea el momento que sea que estés leyendo éste mensaje es el instante en que resuena el llamado para abrir el corazón y dejar que florezca.

Las aperturas no son todas fáciles ni instantáneas, pero con tu intención basta para que comience en tu vida un nuevo ciclo de florecimientos sin obstáculos que te reconectará con la esencia que compartimos.

La no resistencia, la aceptación y la entrega siempre son la clave en cada situación, y si a ellas le sumamos la aspiración y práctica, aún mínima, de vivir solo el presente y de poner en él plena atención…es seguro que una paz indescriptible comenzará a surgir y a envolvernos…y la gratitud y el amor serán el perfume obvio de tal florecer interior.

Mantenernos lo más equilibrados posibles es necesario y casi imprescindible. Para ello: 

QUEDÉMONOS EN CASA…lo que significa tratar de estar CENTRADOS en nuestra identidad maestra interior, como observadores de cada proceso.

Cuando nos damos cuenta, usando una constante ATENCIÓN, que nos salimos y estamos reaccionando desde el amado y útil, mas no omnisapiente ego, podemos VOLVER A CASA y reconocernos como el co-creador de éste proceso que puede cada vez más involucrar nuestros vehículos para que juntos se abran al AMOR que subyace en todo éste juego cósmico.

¡Les auguro, en Unión, una sutil y amorosa apertura al Mayor Bien que espera siempre una pequeña brecha en nuestra consciencia para filtrar la Luz en nuestra existencia humana…Y MÁS ALLÁ!!!

Gracias. Gracias. Gracias

Tahíta

jueves, 19 de marzo de 2020

Sin Cuestionamientos- Tahíta





Me estoy permitiendo cada día más, descansar en la esencia de mi Ser sin cuestionarme casi nada de lo que me llega…y es que es demasiado, y hasta contradictorio, por lo tanto, me conformo considerando que es innecesario cuestionarme nada, sino sentirme en amor y compasión el mayor tiempo posible. Eso es bello y sabe a Hogar…sea cual sea la noción que cada uno tenga de ello.

No me interesa ser un Trabajador de la Luz, término que no me cuadra mucho pues para ser lo que somos, sea lo que sea, no hay que trabajar, solo SERLO. Ser no es lo mismo que tener que trabajar para ser algo. Lo que todos han buscado tanto a través del esfuerzo, con una suave inclinación amorosa hacia el espíritu, hacia lo que se ES …se logra…sin trabajo.

Tampoco sostengo que haya que ayunar o meditar, o cualquier práctica que se les pueda ocurrir…solo sé que lo más acertado para mí, aquí y ahora, es hacer lo más cercano a lo que la intuición muestra y sentirme ampliamente abierta a todas las energías que llegan de otras partes del Todo, para cumplimentarnos, sin demasiadas disciplinas, cursos, modalidades ni ritos.

Puede ser que para algunos esas cosas sean aún necesarias y bendigo y respeto profundamente ese aspecto de su camino, aún sin seguirlo, solo observando cómo cada quien puede recibir lo que llega a su vida y sentir cuan adecuado es permitirse experimentarlo o no.

Y es que la Libertad es un atributo para ser ejercido al máximo en el camino de cada personaje del sueño de la Vida. Descansar de dogmas, reglas, creencias y limitaciones es una delicia…y sentir cómo se expande la libertad cada vez que la experimentamos y trasmitimos…no tiene palabras para ser expresado.

Por eso no hay consejos fijos. No hay manera en que les diga cómo obtener la alegría sino siéndola, ni cómo revisar y sanar las partes de ustedes que aún duelen… sino dejando que duelan hasta que solas hallen el camino de la mano de su SER. Si quieren verlas dejar que sangren y sanen, bien, y si quieren permanecer en un capullo aún, también bien…porque el tiempo no existe más que en la relatividad de cada proceso, y cada quien puede extender las alas o replegarlas hasta que el miedo suelte amarras y entonces se facilite el vuelo.

Se trata solo de abrirse y aceptar que todo es perfecto, sin ironías, sin invenciones no creídas sino en un profundo convencimiento de que más allá de ésta faceta humana en la que experimentamos la dualidad, se mueve un océano de AMOR INFINITO que SOMOS y que ES PERFECTO.

No lo creo. Lo sé y lo siento. No lo crean ustedes porque se los digo…solo ábranse y traten de sentir lo que más allá de las apariencias se despliega maravillosamente.

Eso es el ELLO…la innombrable realidad en la que no hay cabida más que para la Luz.Y en la que, como paradoja, cabemos todos, experimentándonos en un espejismo que en cualquier momento se disuelve y nos muestra la Real-idad que anhelamos.

QUE ASÍ SEA

Tahíta