viernes, 3 de agosto de 2018

LA TECNOLOGÍA NOS DESCONECTA DE NOSOTROS MISMOS


Cuando nos enganchamos al celular, internet o los medios, en gran  parte estamos renunciando a algo invaluable: nuestro espacio de tranquilidad y profundidad de pensamiento en soledad.

En la década de 1980, el futurista Alvin Toffler acuñó el término "Sobrecarga de información" prediciendo hacia dónde se dirigía la tecnología en nuestra sociedad. Según estudios, somos  bombardeados hoy con más de cien mil palabras y digerimos alrededor de 12 horas de información y medios de comunicación cada día, aun haciendo otras tareas.

Y 12 horas no es tanto una exageración. Con notificaciones, correos electrónicos, mensajes de texto, correos de voz, "me gusta", fotos y tweets de Instagram, comentarios, etiquetas y publicaciones, así como, fotos, videos, titulares, blogs, suscripciones, descargas, cargas, anuncios, tonos de llamada, mp3, aplicaciones, juegos, nombres de usuario, contraseñas, captchas, carpetas, archivos, feeds, y búsquedas ... no es sorprendente que siempre estemos tan ocupados.

Siempre he sido tachada de introspectiva…y me alegra haberlo sido, porque he aprendido a observar y observarme, a sentir y sentirme, a darme cuenta energéticamente de que “hay algo raro” antes de que saltaran los tapones emocionales o una llamada interna el apaciguamiento se hiciera más evidente. Vivimos en una sociedad extrospectiva , una que piensa que la felicidad se encuentra en el mundo exterior. Tendemos a creer de todo corazón que cuanto más nos enganchamos con fuentes externas de disfrute, emoción y placer, más estamos viviendo.

La vida a menudo se piensa en términos externos, como una serie de eventos que se desarrollan en el mundo físico en el que todos habitamos. Sin embargo, experimentamos todos estos eventos que suceden en la vida interiormente a través de nuestros pensamientos y sentimientos. No nos damos cuenta que aún lo más hermoso de la experiencia externa queda relegada por el automatismo y la prisa.

 Un paseo por el parque ya no es solo un paseo, es un concierto de música con el iPod, mientras se aplaca el hambre con una hamburguesa y se hace ejercicio con los monitores electrónicos, todo mientras se admira el carnaval de noticias con el que los medios nos llenan la cabeza.

Sigo saliendo a caminar con mi perra, mi caña tallada y mi sombrero camuflado…me detengo a observar un árbol que pierde sus hojas o a escuchar a un pájaro carpintero  en su sinfonía de toc-tocs en cualquier tronco…pero si viviera en la ciudad, como alguna vez lo hice,  prestaría atención a las personas con las que me cruzo, percibiría los olores a comida en un mediodía tórrido o me dejaría atrapar por la vidriera de una librería o una colección de antigüedades, o los niños jugando en un parque…porque siempre podemos “estar sintiendo adentro” sea cual sea el escenario…cosa de la que nos priva la tecnología mal usada…que es la más.

La creatividad y el pensamiento se han subordinado a la singular ambición de saturar nuestros sentidos. La estimulación se ha convertido en el nuevo orden mundial.  La profundidad de enfocarnos en algo profunda y conscientemente se ha vuelto obsoleta.

Nos sumergimos superficialmente en todo lo que hacemos.

Cuando salgo a caminar ¿siento la paz y la emoción de la soledad?  Me encuentro con un hermoso pájaro ¿lo disfruto o compulsivamente lo hago virtual sacando el teléfono o la cámara para tomar una foto? ¿Renuncio a la posibilidad de estar completa y absolutamente presente en ese momento, a cambio de la ansiedad de admirar una foto de el en el futuro? Me ha pasado…tal vez por eso la Vida que es sabia ha hecho que Gatiña orinara sobre mi cámara digital haciéndola inservible…y como no uso teléfono celular…disfruto la realidad sensorial sin hacerla virtual.

Tal vez estés caminando y sientas que tu teléfono vibra. Es una notificación de que alguien te recomendó una película, o recibiste un comentario o "me gusta" en línea, tienes una factura vencida, alguien acaba de tener un bebé, un tsunami acaba de matar a cientos en el sur de Asia, o tu tío se está haciendo un examen de colon. Todas estas distracciones son impedimentos para la capacidad de sumergirnos en cada lugar en el que nos encontramos, de estar en PRESENCIA en la Vida.

Pero lo peor de todo es que la tecnología nos quita lo que más necesitamos para la profundidad del pensamiento y la creatividad: la soledad. ¿No sientes como si cargaras con todo el mundo encima cuando llevas tu teléfono?...Pues si no lo sientes aun así LO ES

Sigues tal vez actualizando el software y buscando formas más rápidas de descargar. Sin saberlo, a medida que aumenta la intensidad de nuestros lazos con otras personas, estamos consolidando los barrotes de nuestras propias prisiones tecnológicas. Cuanto más conectados estamos, más dependemos del mundo exterior a nosotros mismos para decirnos cómo pensar y vivir.

Cuanto más dependemos de la tecnología y vivamos nuestras vidas absortas en pantallas brillantes y atractivas, más temerosos nos volveremos también. Solo piensa en los cientos de historias de asesinatos, suicidios, violaciones, bajas masivas, abusos, torturas y otras historias horribles con las que solemos cargarnos a diario. Toda esta violencia nos afecta.

No estoy tratando de decir que la tecnología es el engendro de Satanás: la tecnología hace que nuestras vidas sean mucho más cómodas y placenteras. No es la tecnología la culpable, en cambio, todo comenzó con el simple objetivo de mantenerse "en contacto" con todo y con todos todo el tiempo. Con nuestro deseo constante de estimulación extrospectiva, hemos convertido eso en "nunca estar fuera de contacto", haciendo que todos los días nos sintamos más frenéticos y apresurados.

Esta necesidad de "nunca estar fuera de contacto" ha sido atribuida por los psicólogos a condiciones como el trastorno por déficit de atención. Ha sido la causa de la Nomofobia, que es "el miedo a perder el contacto con el teléfono móvil". La necesidad de nunca estar fuera de contacto es tan grande, que en todo el mundo se han abierto centros de rehabilitación para niños tecnológicamente adictos .

En mi opinión, la creatividad y la profundidad del pensamiento se han visto muy afectadas por la necesidad de nunca estar fuera de contacto. Solo observemos a los niños modernos, supuestamente más creativos que los de antes…. Raramente salen de aventuras imaginarias o se sientan a hacer figuritas con palitos de paleta, o hacen sus propios cómics dibujados a mano. Cuando era niña…surcaba los caminos con mi caballo de caña, construíamos con  creatividad verdadera los juguetes que no teníamos, y disfrutábamos de los que sí teníamos…y que nunca consistían en pantallas que nos sacaran de las experiencias de relación absolutamente necesarias.

Para los niños de hoy, Como seguramente para sus padres, la realidad parece demasiado silenciosa, aburrida…demasiado frustrante  y no interactiva. La sensación de asombro y misterio se está perdiendo. Y lastimosamente para ellos…esa realidad es lo único que vinimos a experimentar para no ser robots manejables. Cuanto más nos conectamos a través de la tecnología, más nuestros pensamientos se inclinan hacia afuera. 

 

Lo que hace que la vida tenga sentido son nuestros sentimientos internos, nuestras pasiones, nuestros  sueños. Y cultivarlos requiere introspección, un profundo enfoque mental y autodescubrimiento.

La tecnología trae la carga de que cualquier persona, cualquier información, en cualquier lugar siempre está a nuestro alcance. Esto nos hace sentir que deberíamos aprovechar toda la información, y nos sobre estimula.

Espero que algunos de ustedes sientan el deseo de alejarse del tumulto de la multitud tecnológica de la misma manera que yo. Para poder disfrutar plenamente de la tecnología, sería una buena idea aprender a cultivar el tiempo desconectado del eterno zumbido cibernético que nos rodea.

Solo cuando aprendamos a estar cómodos en soledad, sin la necesidad de estimulación, nos podremos sentir interiormente plenos. Cuando dejemos de lado la necesidad de otros y otras cosas para estimularnos, podremos  desarrollar la capacidad de pensar en otras personas y otros seres con más cuidado e interés. 

Intentemos tomarnos un tiempo para poner algo de espacio entre nuestro invalorable AHORA  y la multitud cibernética, para recuperar la atención, la presencia creativa, la interioridad que nos  diferencia de las máquinas, el amor presente, la admiración, aprecio y guardianaje de la naturaleza, el verdadero cuidado de nuestros niños y animales, el gozo de cultivar o ver un jardín, la atención que merece nuestro trabajo, sea el que sea.

SALGAMOS DE LAS TRAMPAS SIBERNÉTICAS LO QUE PODAMOS…A LA VIDA

Y LAS BENDICIONES FLUYEN!

Tahíta

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