jueves, 17 de agosto de 2017

Está bien no estar siempre Felices


 

Exigimos felicidad porque nunca aprendimos a estar “no-felices”.

Estamos consumidos por la necesidad de ser felices. Pasamos una enorme cantidad de tiempo y energía tratando de hacer que la felicidad llegue, de sentirla… y aun así a menudo no estamos contentos, es decir, no nos gusta nuestra situación de vida.

Hay una creencia en esta cultura que supone que la vida es feliz. Los medios de comunicación presentan la vida como una especie de parque de diversiones con helado, risas y premios. Nuestra concepción de lo que se supone que debemos sentir está basada en una vida que no está alineada con lo que es real.

Ciertamente, una parte de la vida es alegría. Pero la vida también es desafiante y dolorosa a veces. Todas estas experiencias son parte del viaje. Tenemos que hacer cosas que no queremos hacer, tenemos que interactuar con las personas que nos hacen daño, tenemos que vivir dentro de un cuerpo que se enferma y, finalmente, tenemos que dejar ir todo y a todos los que amamos. Esperar solo alegría es una vía segura a la decepción.

En esta sociedad, cuando no somos felices, somos fracasados por no ser capaces de crear una vida feliz. No ser capaz de ser felices  significa que hay algo mal en nosotros.

Como resultado de estas creencias, nos desesperamos. Debemos estar vigilantes en el control de nuestra experiencia, asegurarnos de que la vida se sienta bien y que otros sepan que nos está yendo bien. Pero hacer que el momento presente se sienta bien frecuentemente cuesta demasiado.

Hemos limitado nuestro bien a algo tan efímero e incontrolable como el placer de una situación determinada, y apostamos nuestro bienestar a  nuestra capacidad de mantenerlo. Sería prudente volver a examinar nuestra meta.

Nuestros intentos de ser felices no son el problema. El problema es que no somos conscientes de una alternativa viable a la felicidad. Como vemos, la única alternativa a la felicidad es la miseria o el vacío. No sabemos cómo no sentirnos felices y  aún estar bien, completos, presentes.

Saber estar “no felices” es un posicionamiento en el cual podemos estar en paz o sentirnos bien con nosotros mismos. No se nos enseña cómo aliviar nuestra incomodidad, aliviar nuestra tristeza, simplemente “estando” “permaneciendo” con la incomodidad, como si estos estados no fueran parte de una vida regular, una buena vida.

Nos instruyen a mantener la frente en alto, a hacer limonada si lo que tenemos es limones, y con eso distraernos, cuando lo más simple y directo es aprender a estar en cualquier estado en el que estamos sin huir….en lugar de ello se nos invita a polarizarnos, a saltar a  otra cosa, a alejarnos de lo que sentimos y volvernos a lo que nos hace felices. No se nos ha enseñado cómo permanecer con nuestra no-felicidad de una manera que todavía pueda  permitirnos sentirnos  bien.

¿Por qué se nos entrena para creer que la no-felicidad es algo espantoso?... ¿porque no sabemos cómo manejarlo? Miedo. Creemos que la no-felicidad nos deja indefensos y abandonados, y por lo tanto debe ser evitada a toda costa.

Hemos diseñado un sistema que exige que permanezcamos felices,  un sistema que depende de nuestro control sobre algo que no puede ser controlado. A pesar de la constante transitoriedad, desafío e incontrolable naturaleza de la vida, seguimos insistiendo en que la vida puede ser y de hecho es incesantemente agradable.

¿Continuamos exigiendo y esperando la felicidad?

Consideremos los métodos que utilizamos para hacernos felices, y por qué fallan.

Con el fin de servir a nuestra constante necesidad de felicidad hemos creado una industria multimillonaria de autoayuda plagada de gurús psicológicos y espirituales, todos enseñándonos cómo disfrutar sin cesar de la vida. Esto no quiere decir que los gurús reales no existan.

Un  maestro adecuado en el momento adecuado puede cambiar nuestra vida. Sin embargo, la corriente de expertos de autoayuda y programas de auto-mejora  que llena y rellena nuestras estanterías de librería es interminable. Más rápido de lo que podemos incluso digerir el contenido de un libro, la industria de autoayuda genera y comercializa una colección de nuevos hallazgos para mantenernos enganchados con esa industria.

La autoayuda moderna  se maneja en tres campos.

El primer campo de auto-ayuda (pensamiento positivo, ley de atracción, manifestando tu vida, etc.) nos vende programas sobre cómo tomar el control de nuestra situación de vida, para crear una situación de vida que sea de nuestro agrado y placentera. El primer campo nos dice que recibiremos lo que pongamos en el mundo: todo depende de nosotros.

El segundo campo (terapia cognitivo-conductual, control de la mente, etc.) nos enseña cómo controlar nuestros sentimientos. Este campo nos enseña cómo asegurarnos de que, al final del día, nuestros sentimientos acerca de nuestra situación de vida sumen en lugar de restar a nuestro bienestar. Una vez más, depende de nosotros el control de cómo nos sentimos acerca de nuestra vida.

El tercer campo adopta un enfoque diferente: nos instruye sobre cómo superar completamente nuestra experiencia humana y acceder directamente a un estado trascendente, donde lo que nos sucede a nosotros realmente: no importa. Al igual que otros campos, esta forma de espiritualidad equivocada apoya nuestra creencia de que no podemos experimentar la no-felicidad y al mismo tiempo  estar bien, incluso muy bien.

Culparnos por la situación de nuestra vida nunca nos dará felicidad.

La industria de la autoayuda que mueve millones de dólares tiene poca o ninguna tolerancia para el flujo y reflujo natural de la felicidad que ocurre en cada vida humana. La autoayuda apuesta su valor en nuestra  habilidad de alcanzar un estado emocional  placentero que ciertamente no podemos sostener.

Éstas “escuelas de la felicidad”…está todo el tiempo diciéndonos… ¡HAZ QUE SUCEDA!

Y ¿qué pasa si no sucede?

Se centra todo en tomar el control de nuestra situación de vida.

Sin embargo… no se trata de  descubrir una manera de controlar las cosas para que nunca necesitemos experimentar emociones difíciles. Por más que se nos muestren caminos para  la visión, las afirmaciones, y otras técnicas para manifestar nuestros deseos y para traernos una vida placentera, el problema es que el sistema falla cuando las cosas no van de la manera que visualizamos.

Todos estos caminos dejan fuera de concurso la aceptación, al sentirnos bien con lo que llega sabiendo que lo maneja la inteligencia del Uno, no nuestro ego.

Así, podemos movernos a un experimentar lo que sea que llegue, sin pretender ser felices todo el tiempo como nos programaron que deberíamos sentirnos .Esto no nos puede legarlo ningún gurú o técnica…solo tenemos que soltar la expectativas y pretensiones y experimentar cada uno a su modo, guiados por la intuición y la sabiduría interior, que no nos cobrarán por aprender a vivir sin las ilusiones que pretende comprar el ego.

Tal vez descubramos, en  el fondo que sí podemos acceder a una felicidad duradera, pero que no está ligada a nuestra situación sino a cómo aceptamos  ser vividos por la vida, sin querer controlarlo todo.

 

Por supuesto, ésta es solo un una invitación a la autoindagación.

En el Uno.

Tahíta

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