jueves, 8 de diciembre de 2016

No es malo sentirse mal


“El momento en que aceptas lo que te preocupa, la puerta se abrirá. "

~ Rumi

¿Te sucede que intentes aplicar mucho de lo que lees en tu vida, y no puedes?

Todas las afirmaciones en el mundo ¿hacen que te ames a ti mismo?

Cuanto más tratas de "estar presente" ¿más te pierdes en la mente y el exceso de pensamientos?

La atención plena… ¿no es plena ni nada parecido para ti?

Observar tus pensamientos ¿te hace enrollarte en ellos en una espiral de análisis y bla bla bla?

Cuando trataste de "soltarte" ¿te aferraste más a aquello que deseabas soltar?

Y es que en la vida del día a día 2 más 2 no siempre es cuatro.

Podemos leer cientos de libros populares de autoayuda durante muchos años…estudiar intensamente como para un doctorado, experimentando con las técnicas que varios centenares de tales libros sugirieren, pero aun así nuestra vida puede no estaba funcionando como pensamos que debiera funcionar.

Nuestra mente puede ser una tormenta de pensamientos y emociones. A veces pueden aparecer ataques de pánico, podemos tratar de salir de ellos con drogas farmacéuticas o caer en conductas compulsivas en un intento por superar el desánimo, el miedo, la pena o depresión que caen sobre nosotros como repentina lluvia de las nubes más oscuras que imaginemos.

Al principio tal vez pensemos que solo nosotros estamos experimentando ese tipo de problemas, pero si hablamos con otras personas nos daremos cuenta de que muchísimas en la época actual, aun habiendo leído y tratado de poner en práctica leyes de pensamiento positivo están experimentando las mismas frustraciones.

Aunque saben que "deberían" ser positivos y centrarse sólo en lo que quieren, no pueden hacerlo. Y luego se sienten mal por no poder hacerlo.

No te dejes presionar pensando que sí o sí en todo momento debes ser positivo y sentirte bien. No es real.

"Ser positivo" se ha convertido en la nueva forma de decirle a alguien que todo el tiempo debe estar bien. No funcionó cuando surgió, y no funciona ahora tampoco. Por supuesto que ya lo sabes. Por supuesto que lo has oído un millón de veces antes. Y es francamente molesto e inútil que te lo digan de nuevo.

Este movimiento de "pensamiento positivo" parece sobrevivir anclado a un ideal de perfección total que no existe. Además de no sentirnos bien, también ahora cargaremos con la culpa de no poder lograrlo.

Negar nuestras emociones es un insulto al viaje que significa ser humano en éste juego, y no hace nada para ayudar a las personas a sentirse mejor.

Incluso los grandes santos y místicos no eran perfectos. Tenían malos días, y estaban abiertos al respecto. El budismo, por ejemplo, enseña en las Nobles Verdades que el dolor es universal e inevitable.

A diferencia de ciertas "enseñanzas" dudosas de la Nueva Era, estos maestros auténticos entendieron que el pensamiento negativo es parte del viaje humano, y que está bien sentirse a veces por debajo de “lo mejor”. Y también sabían que es una ruta rápida hacia el auto-odio esperar más de ti mismo de lo que puedes dar en cierto tramo del camino. No es autoamarte ni sentir auto consideración.

Sin experimentar emociones de baja frecuencia, no sentiríamos y apreciaríamos las emociones de alta frecuencia. Y otra cosa: son los retos los que realmente nos hacen evolucionar y sacan lo mejor de nosotros fortaleciendo nuestros músculos "mentales".

La tensión de la vida nos hace evolucionar.

Cuando nos sentimos mal, la mente eclosiona en un sinfín de pensamientos y empezamos a tratar de encontrar una manera de salir de ese nefasto estado de ánimo. Aunque hacer esto tiene sentido, es exactamente lo que nos mantiene atascados allí. Como luchar con la telaraña de una araña gigante, cuanto más tratemos de escapar, más nos enredamos en ella.

En medio del mal humor pensamos que la opción es sentirse bien o no, ser "positivos" o "ser negativos". Pero no lo es. Las dos opciones son más limitadas que ésta: estar bien en la situación en que estamos o luchar contra ella.

La mente asustada realmente se abruma de pensamientos y así intentar ser positivos se vuelve casi imposible. Tratar de ser positivo es en realidad una autocrítica. Estamos enviando el mensaje que "no deberíamos" sentirnos mal. Buscamos libros que nos ayuden, sugerencias que nos ayuden a salir del estado de ánimo, mientras que nos anclamos más profundamente en la oscuridad.

En lugar de eso, volvamos a la situación y enfrentémosla. En otras palabras, si sentimos ansiedad, miedo, desánimo, o lo que sea, caminemos con ello, sintámoslo en lugar de huir o contraatacar…es el consejo de muchos que ya se han dado cuenta que la resistencia y el “tener que”…no funcionan, sino que se afianzan y aunque pueden encubrirse con la recitación de pensamientos positivos…van a reclamar nuestra atención una y otra vez hasta que nos pongamos frente a ellos y les dejemos manifestarse, aun sintiéndonos mucho menos que bien. Una de cal y otra de arena… ¿recuerdan? La vida no es solo momentos placenteros y aquietamiento…eso no nos permitiría avanzar a la maestría de las emociones y sentimientos…lo que lo hará es “gestionarlos” como podamos, sin negarlos ni huir ni mucho menos sentirnos un fracaso por sentirlos.

Es posible que no queramos estar allí, sintiendo eso, pero no tiene sentido. Hacer las paces con una situación en el que no queremos estar parece ilógico, pero es un paso necesario para pasar a donde sí queremos estar.

Cuando me siento decaída, malhumorada, triste o lo que sea, sé que no es el fin del mundo. Es parte de la vida. Cuando me siento de esta manera, también sé que el cambio un positivo está en camino. Sé que mi vida está evolucionando…que nuevos pensamientos y sensaciones llegarán tras esto.

Podemos darle la bienvenida a esa tensión. Aceptar el proceso. Y aceptarnos, incluso cuando sentimos que no podemos aceptar el proceso en cualquier momento.

Nada va mal si nos encontramos sintiéndonos bajos de vibración a veces, a pesar de todo lo que hemos leído.

El pensamiento negativo no hará que nuestro mundo se desmorone, sino todo lo contrario. Es la fuente de nuestra evolución. Y el primer paso para sentirnos mejor es darnos cuenta de que es parte del proceso, y está bien. Al igual que aquello a lo que nos resistimos, persiste, es sólo en la aceptación que podemos dejar ir y pasar a mejores sentimientos y mejores experiencias.

Olvidémonos de reorganizar los pensamientos tratando de tamizar lo positivo de lo negativo. Para cambiar nuestra vida, un enfoque más "serio" es necesario. Y ahí es donde la meditación entra en juego. Es algo que se ha demostrado durante siglos a través de todas las religiones y filosofías. En resumen: funciona.

A través de la meditación, entramos en el momento presente y fomentamos una sensación de calma interior. No se trata de cambiar nuestros pensamientos. Se trata de aprender a no apegarnos a ellos y disminuir su poder sobre nosotros. Y si eres de los que no pueden meditar durante mucho tiempo, tal vez cinco minutos de silencio cuando puedas, lo cambian todo.

Una vez que nos amigamos con lo que estamos viviendo, un poco de atención, meditación o silencio. Aún por pocos minutos cada vez, nos capacitarán para gestionar mejor esas tormentas de negatividad que suelen agobiarnos a todos.

Lo seguimos repitiendo porque solo estamos recordándonos lo que ya no funciona y lo que sí funciona, por ahora…aceptación, observación y no huida de lo que llega…pues si llega, lo hemos aceptado como plan del alma, para pasar a más amplias posibilidades.

Ser positivo…no es esperar que suceda lo que deseamos, sino pensar que lo que nos sucede, siempre es lo mejor…LO QUE ES.

Con Amor siempre.

Tahíta

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