martes, 27 de febrero de 2018

Bajando el volumen de lo Externo -  por Tahíta


En nuestra vida diaria continuas distracciones llaman nuestra atención aquí y allá. Algunas nos invitan a participar en las cosas más inverosímiles o inútiles. Otras nos invitan a escapar, a evadirnos… y aún otras a reaccionar.

Esta es la razón por la que a lo largo de la historia muchos en el camino espiritual se aislaron en monasterios o se convirtieron en ermitaños lejos de otras personas: la vida mundana es extremadamente ruidosa en muchísimos sentidos.  Es tan ruidosa, que de hecho, requiere un toque consciente poder  escuchar la voz quieta y sutil, la voz interior genuina.

Esta voz interior es la principal forma en que podemos conectarnos con lo Divino, que también podemos llamar intuición, Fuente, etc.

 Es nuestra conexión con TODO LO QUE ES, y cuando no podemos escucharla, fácilmente sucumbimos a sentirnos confundidos, abrumados, perdidos en el ruido exterior.
Pero no todos podemos recluirnos en monasterios o cuevas en lo alto de las montañas.
 ¿Cómo hacer para escuchar la guía interna que siempre está ahí?

A primera vista, parece que la respuesta es simplemente hacer silencio, mejor aún, hacer silencio  y meditar. Sin embargo, cuando trato de hacerlo, las voces, la charla y el ruido del mundo no solo me siguen a ese espacio silencioso, sino que comienzan a rivalizar y a causar más alboroto.

Estas voces, están siempre allí, y hábilmente compiten por mi atención, embargándome, cuando me pillan fuera de foco, en potentes emociones para ganar posición, para que crea que el pensamiento es importante. Estas voces a menudo son incluso más fuertes que las que trato de evitar en el mundo exterior. También hacen todo lo posible para ahogar la única voz pura de cordura que reside dentro.
Lo único por hacer es agregar conciencia y el discernimiento al proceso. Sin lucha, sin supresión, sino un agregado.

Cuando  traigo la consciencia al proceso del pensamiento entonces puedo vislumbrar o ver directamente patrones que están enfocados en el pasado o en el futuro, siendo casi siempre proyecciones, especulaciones, historias o medias verdades sobre lo que está sucediendo, que no tienen nada que ver con lo que en realidad sucede en el momento presente.

Esos patrones mentales  me solían cargar de culpas, temores y hasta angustia.

La voz quieta y pequeña de lo Divino o de la intuición no es para nada así.

Es amorosa, amable, paciente y sabia, aunque puede ser firme y directa, sin ambigüedades.
No hay en ella caos.

 Está enfocada en el presente, es sumamente tranquila, y solo pone su intención en el mayor Bien para cada fragmento de su Ser.

 Su intención es afirmar la vida, no todas las tonterías que el mundo que nos  rodea  dice que son lo mejor. Está ahí para guiarnos en el camino de la evolución del Alma.

Se requiere coraje y práctica para rasgar los velos de pensamientos y ruidos alrededor nuestro, para filtrarlos, para dejar de presionarnos, para descubrir y descartar las conductas y actividades que nos agotan la energía y aniquilan los planes del alma. Si aprendemos a escuchar la diferencia entre esta charla interna y externa, que en definitiva, es siempre externa al SER, y escuchamos la Voz real en nuestro interior, ya no nos sentiremos solos o perdidos.

Tenemos acceso a una guía que nos llevará exactamente a donde necesitemos ir y hacia lo que elegimos  hacer.

Escuchar no puede quedarse allí, sino que tenemos que seguir las instrucciones de esta guía interna. Cuando lo hacemos, descubrimos que siempre se nos cuida, cosa que tratan de negar muchas veces los pensamientos aleatorios en nuestra  mente o los pensamientos de los demás.

Para elevarnos por encima del reino de los meros pensamientos, es necesario sintonizar una frecuencia más alta, la que está alineada con esa  Voz interior.

Entonces, la vida misma nos habla donde sea que estemos. Recibimos señales en el mundo externo que identificaremos con certeza como guía perfecta.

Lo he experimentado por más de sesenta años…y cuando lo he olvidado, cuando  llevada por otros vientos promuevo una virtual separación de esa inmanente Presencia…entonces sí vuelven a tomar poder los fantasmas que tratan siempre de convencerme de que “soy poco”, fragmentada, inerme, no amada…

Los pensamientos no son el enemigo. Son una herramienta diseñada para servirnos, pero nunca para tomar la delantera. La personalidad tiene un papel que jugar, pero nunca se suponía que condujera nuestra vida.

No sabe nada sobre nuestra esencia.

Cuando bajamos el volumen de todos los pensamientos y preocupaciones propios del ego personal, lo que estamos haciendo es abrirnos a volver a conectar con nuestro Ser auténtico.

Ahí está la liberación de tanto ruido innecesario.

Lo que es sorprenderte es que en esa aparente vacuidad, en lugar de sentirnos extraños, confundidos, desorientados, perdidos, angustiados…nos sentimos como si hubiéramos vuelto a casa. Y esto…está siempre disponible para todos, sin excepción.

Solo hay que des-aprender los ruidos…estén o no, como primer mandato y a la vez re-aprender a escuchar por sobre todas las manifestaciones faltas de verdadero Amor, compasión, comprensión infinita, paciencia…una Voz que siempre nos confirma como INOCENTES…una Voz que nos mantiene enhebrados en el hilo del Espíritu, como cuentas valiosas y luminosas en el collar de Lo Eterno.

Y LAS BENDICIONES FLUYEN!

Tahíta

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