miércoles, 24 de enero de 2018

No hacer: el espacio entre lo viejo y lo nuevo


Los problemas que experimentamos en nuestras vidas y en el mundo provienen del empobrecimiento energético y la desconexión. De nuestra falta de capacidad para sentirnos a nosotros mismos, a la Tierra y de no percibir cómo la Vida se mueve y evoluciona a través nuestro.

 El problema no es si actuar o no, si  "hacer algo" o no hacerlo, sino qué es lo que realmente nos impulsa a actuar.

Antes de poder pasar a una nueva historia, la mayoría de la gente -y probablemente la mayoría de las sociedades también- primero tienen que navegar por el pasado.

Entre lo viejo y lo nuevo, hay un espacio, un vacío. Es el espacio en el que las lecciones y los aprendizajes de nuestra  vieja historia tienen que integrarse. Solo cuando las integramos, lo anterior estará realmente completo.

Es un trabajo de integración sutil en el que cerramos un ciclo, comprendiendo que no queremos seguir  con eso, de esa manera.

Y el vacío del no hacer es fundamental.

Entonces podemos palpar el vacío preñado de lo que todo surge. Preñado de posibilidades latentes, ya que la nada no existe, y el vacío es solo un campo inmenso de posibilidades potenciales que necesitamos explorar para dar atención a lo que aspiramos que surja. HE AQUÍ EL PODER DE LA MANIFESTACIÓN Y CO CREACIÓN CONSCIENTES.

Volviendo a la esencia, recuperamos la capacidad de actuar desde la esencia.

Volviendo al espacio entre historias, podemos elegir  la libertad y no el hábito.

Poder cortar con viejos hábitos es tan liberador como  imposible de hacer sin un acto de consciencia profunda  emergente de ese espacio que nos concedemos.

Un buen momento para no hacer nada es cuando nos sentimos atrapados.

Éste, para mí, es un buen momento para no volver a repetir las viejas historias y darme la oportunidad de nuevas decisiones o un nuevo fluir. Abandonar todo esfuerzo  y permitir que se detengan las demandas.

No temamos hacer lugar al vacío. Es la fuente a la que debemos regresar si queremos ser libres de las historias y los hábitos que nos atrapan.

Si estamos atascados y no optamos por visitar el lugar vacío, con el tiempo terminaremos allí de todos modos.

 El viejo mundo se viene abajo, pero lo nuevo no ha surgido. Todo lo que alguna vez pareció permanente y real se revela como una especie de sueño. No sabemos qué pensar, qué hacer. La trayectoria de vida que trazamos parece absurda, y no podemos imaginar otra. Todo es incierto.

Sin los espejismos de orden que alguna vez parecieron protegernos y filtrar la realidad, nos sentimos desnudos y vulnerables.

 Pero también percibimos cómo surge cierta libertad. Las posibilidades que ni siquiera existían en la vieja historia se encuentran ante nosotros, aun sin saber cómo llegaremos a ellas.

Ese es el espacio donde el viejo mundo se derrumba pero lo nuevo aún no ha emergido.

El desafío es permitirnos estar en ese espacio, confiar en que la siguiente historia surgirá cuando el tiempo de transición que nos permitimos haya terminado, y que lo reconoceremos.

 Se nos ha enseñado a no detenernos nunca, a que sigamos, a  que "hagamos algo".

Si estás como yo, en el espacio sagrado entre las historias, permítete estar allí.

 Suena  aterrador perder las seguras y viejas estructuras, pero incluso si perdemos cosas que nos era impensable perder, estará bien.

Hay un tipo de gracia que nos protege en el espacio entre historias, la llames como la llames.

 No es que no perderemos nuestro matrimonio, dinero,  trabajo. De hecho, es muy probable que perdamos alguna de estas cosas. Pero incluso habiendo perdido eso, todavía estaremos bien. Nos encontraremos en contacto  estrecho con algo mucho más precioso; algo que el moho no puede corroer y los ladrones no pueden robar.

 Algo que nadie puede arrebatarnos porque no se puede perder. Algo que siempre está ahí, esperándonos.

Este es el lugar de descanso al que volvemos cuando la vieja historia se desmorona. Libre de su niebla, ahora podemos recibir una visión verdadera de la próxima historia, la próxima fase de la vida. De la unión de esta visión y este vacío, nace un gran poder.

 Posibilidades que ni siquiera existían en la vieja historia se abren ante nosotros.

 No hacer nada surge naturalmente del colapso de la "vieja historia" y los "viejos actos".

También como civilización, en algún momento, vamos a tener que parar.

Solo paremos, sin ninguna idea de qué hacer.

Aún si estamos perdidos en un infierno con un mapa que nos lleva en círculos, sin una salida…reconozcamos que para salir, tendremos que soltar el mapa y observar los  alrededores.

La procrastinación, la pereza, el poco entusiasmo nos  indican que la vieja historia ya no nos está motivando. Lo que una vez tuvo sentido, ya no tiene sentido. Estamos comenzando a retirarnos de ese mundo. La sociedad hace todo lo posible para persuadirnos de que no nos retiremos a un  vacío transitorio. Pero…se requieren medios motivacionales y químicos cada vez más potentes para mantenernos enfocados en aquello en lo que no queremos centrarnos y motivados en hacer aquello que ya no nos importa. Los sistemas no quieren que nos retiremos a vacíos conscientes.

Por eso, no hacer nada…es un arte imperativo.

Y es perfecto para el momento en que termina una historia y entramos en el espacio entre las historias. Estoy hablando de “wu-wei”. Algunas veces traducido como "no-hacer", aunque también equivale a "no presionar" o "no forzar". Significa espacio, libertad de reflexionar: actuar cuando es el momento de actuar, no actuar cuando no es el momento de actuar.

Todas las cosas regresan a su raíz.

Volviendo a la raíz, hay quietud.

En la quietud, el verdadero propósito se manifiesta.

 Podemos elegir darnos el espacio sagrado de un vacío del que surjan, sin forzar nada, nuevas perspectivas, la posibilidad de desarraigarnos de viejas historias y regalarnos nuevos comienzos más conscientes, ligeros, amorosos…y cuanto queramos dejar fluir.

En eso estoy.

Solo hay que saltar fuera de las estructuras que nos creamos, de los programas que tomamos como adecuados, de los hábitos que repetimos…

Hay que saltar al vacío…para descubrir que no es la nada, que está preñado de posibilidades inimaginables, y nosotros aún si atrevernos  VIVIR.

Si puedes…para y salta♥

 

Las bendiciones fluyen!!!

Tahíta

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