miércoles, 24 de enero de 2018

No digas eso ante una Pérdida


Habiendo hablado con personas que pasan por un momento doloroso, especialmente la pérdida de seres queridos. Les pregunté qué fue lo que más les ayudó y qué lo que menos ayudó en su proceso de pérdida. La abrumadora respuesta que generalmente recibí no me sorprende. 

La mayoría de la gente estuvo de acuerdo en que algunas cosas que las personas dicen en esas circunstancias ayudan, y otras lastiman. 

Algo no necesariamente incorrecto, dicho en el momento inadecuado, puede hacer encender en ira a alguien muy pacífico. Todos coincidieron en que preferirían que alguien dijera poco o nada en lugar de balbucear nerviosamente y decir cosas inadecuadas. Las palabras son poderosas Pueden unir o separar, sanar o herir, fortalecer o debilitar al escucharlas. 

Es todo un arte aprender a usar palabras compasivas que ayuden a sanar y no hieran. Especialmente en momentos de pérdida.

Consideremos algunas cosas que solemos decir que no ayudan:

"Es la voluntad de Dios". Si bien eso es cierto para aquellos que creen en un Poder Superior, oírlo decir no ayuda. Puede hacer que las personas se enojen aún más de lo que ya están con Dios a causa de su dolor. 

"No debes enojarte con Dios; eso está mal ", le dijo una persona a una amiga cuando murió su hijo y expresó su enojo con Dios. "No puedes sentirte de esa manera", le dijo. "Es incorrecto. Enfadarte con Dios te aleja de tu fuente de ayuda y apoyo”. Estas palabras no ayudaron. Ahora mi amiga sentía culpa adicional por sus sentimientos “inadecuados” además del tremendo dolor de haber perdido un hijo, que la acompañó mucho tiempo. Sentirse culpable por estar enojado con Dios es una emoción innecesaria. Dios, el Campo de Energía, la Vida, o como quieras llamarlo, es lo suficientemente grande como para manejar nuestra rabia. Sentirse enojado con la otra persona es parte de cualquier relación íntima normal. Sentirse lo suficientemente cerca de Dios como para permitirnos enojarnos con él es muestra de intimidad. Está perfectamente bien si así es como nos sentimos.

"Sé cómo te sientes". No: tú no lo sabes. Incluso si experimentaste una pérdida similar, ¿cómo sabe que la otra persona se siente exactamente como te sentiste? Cada uno de nosotros tiene nuestras propias respuestas emocionales únicas ante una pérdida. Si realmente supieras cómo se siente alguien, no necesitarías expresarlo, porque sabría que lo entendiste. No pidas nada al otro. Deja que las personas sean lo que son y sientan de la manera en que lo hacen. Date cuenta de que cómo se sienten puede ser diferente a cómo lo sentiste o sentirías.

"¿Todavía no has terminado con ese duelo?" Fue la primera Navidad después de la muerte del hijo de mi amiga. Ella  caminaba por un centro comercial cuando un viejo amigo se le acercó. "¿Cómo estás?", Le preguntó. "No muy  bien", respondió. Él pareció sorprendido. "¿Por qué no? ¿Qué ocurre? ", preguntó. "Mi hijo murió", le dijo. Él retrocedió como si tuviera lepra. "¿No lo has superado todavía?", Preguntó. Esas, según ella, fueron las palabras más hirientes que alguien le dijo. Tendemos a castigar y castigarnos poniéndole plazos al dolor, como si hubiera una regla acerca de cuánto tiempo debe tomarnos procesar y sobreponernos a una pérdida. No es así. Es compasivo tomarse el tiempo necesario. No siempre podemos movernos tan rápido como otros en el dolor.

La mayoría de las personas tarda unos ocho años en superar la peor parte de perder un hijo. A mi amiga le tomó cerca de diez y está bien. Cada uno de nosotros tiene un ritmo y tiempo personal, nuestro propio ritmo. Probablemente no nos moveremos a la misma velocidad que el resto del mundo. Es nuestro dolor, nuestra pérdida.

"Él (o ella) es más feliz o está mejor ahora". Cuando hemos visto a alguien sufrir una larga y prolongada enfermedad, considerar que ha dejado de sufrir puede ser una bendición. Pero dejemos que la persona llegue a esa conclusión por sí mismo. ¿Qué esposa quiere pensar que su marido es más feliz sin ella? ¿Qué padre quiere saber que su hijo está mejor sin su padre? Estas no son palabras de consuelo: son palabras que lastiman a la persona afligida.

"Avísame si hay algo que necesites". Estas palabras no duelen pero tampoco ayudan. Las personas afligidas a menudo no tienen idea de lo que necesitan. Lo que quieren es que la pérdida no haya ocurrido. Pensemos en algo útil que podamos hacer, y luego hagámoslo. Hacer las compras puede serle una tarea difícil por un tiempo, aunque más tarde se convierta en una tarea reconfortante. Las películas pueden ayudar a algunas personas en duelo; les gusta ver una historia. Les ayuda a sanar. Si ese es el caso, llevémosle a la persona algunos DVD o veamos películas con ellos. La compañía puede ser reconfortante, pero consideremos que hay personas, como yo misma, que prefieren procesar el dolor en soledad.

 A otras personas les gusta leer. Podemos facilitarles lo que les gustaría leer. Podemos cocinar para quienes están sumidos en su dolor e incluso  ponerles alimentos en el freezer para que tenga cuando su ánimo no le permita cocinarse. No esperemos una invitación para comer. Es posible que la persona quiera comer sola o que no tenga apetito. Algunas veces, hacer tareas como cortar el césped, lavar el automóvil o hacer otros trámites pueden ser útiles. Pero antes de involucrarnos demasiado y asumir  demasiado, preguntémosle si hacer alguna tarea particular es algo que le gustaría. Respetemos los límites y privacidad de las personas.

"Necesitas dar un regalo a todos los que estuvieron a tu lado la semana de la muerte de tu hijo”. Sí, alguien realmente le dijo eso a mi amiga. Las personas en duelo, especialmente ante pérdidas profundas, son extremadamente vulnerables. Necesitan protección, no tener que ocuparse de los que debieran ayudarlas. Mi amiga me expresó que esperaba que la vida la  protegiera después de su pérdida, pero sucedió todo lo contrario, algunos esperaban que ella en sus condiciones aún les ofreciera comida  o atenciones. Realmente, muchos no aprenden aún a “caminar en los zapatos del otro”.Aún así, recordemos que son los zapatos del otro.

Pasemos a las cosas que podemos decir que sí ayudan, aunque no hay una forma precisa de poder consolar y ayudar a alguien en duelo.

Podemos considerar decir:

"No tengo palabras" o "Todo lo que pueda decir es que te amo y siento tu pérdida". Recordemos que nuestra misión es consolar, no consolarnos. Cuando tengamos dudas sobre qué decir, digamos la verdad y seamos breves.

"Es terrible que tengas que pasar por esto, pero sé que eres fuerte y lo superarás". No tratemos de buscar el lado positivo. A veces la vida apesta. Admitámoslo. Digamos la verdad. Expresemos las cosas tal cual son o se sienten. Es sincero para el que sufre y para nosotros, honesto y simple. Sin adornos.

"Llámame a cualquier hora del día o de la noche. Nunca es demasiado temprano o demasiado tarde si necesitas y quieres hablar” .No presionemos a nuestros seres queridos para que hablen, pero tampoco dejemos de escucharlos cuando lo necesiten. Puede ser que quiera contar la historia de su pérdida una y otra vez. La gente necesita hacer esto para integrar lo impensable en sus vidas. Pero…no los llamemos en el medio de la noche a menos que la persona específicamente nos pida que lo hagamos. Puede ser molesto, inquietante, y no ayuda. 

 Preguntémosle a la persona si se siente cómoda hablando de la pérdida. Algunos quieren hablar; otros no. Si a la persona no le importa hablar, compartamos su recuerdo favorito sobre el amado que murió. Ayuda a mantener a la persona viva de una manera amorosa. Un gran temor cuando perdemos a alguien es que nos olvidaremos de la persona o que nos olvidará. Compartir recuerdos especiales puede hacer que se sienta bien aunque llore. Asegurémonos de que sea un recuerdo positivo, divertido o amoroso que se refiera a las buenas cualidades de la persona. Los recuerdos que compartamos serán profundamente apreciados.

Estar cerca de alguien con un dolor intenso, o incluso moderado es incómodo. No es nuestro trabajo solucionarle la vida a nadie o quitarle el dolor. No tenemos tanto poder. Intentar componer a alguien también implica considerar que no está bien que tenga esos sentimientos. Lo que se siente, es lo adecuado. Permitirle a cada quien ser como es, como siente ser. Si no estamos seguros de qué decir, cuanto menos digamos, mejor. Dejemos que maneje su dolor a su modo. Usemos nuestros dones y habilidades para descubrir lo que el otro realmente necesita. Permitámonos percibirlo y apoyar al otro haciéndole saber que lo que siente y el tiempo que le lleve el duelo, están perfectamente bien.

Recordemos, no asumir que el otro quiera hablar de su pérdida. Respetémoslo en su silencio también.

El  solo hecho de asegurarle a quien ha sufrido la pérdida que creemos en su poder para sobrellevar lo que están experimentando puede ser muy sanador.

Seguramente si cuidamos nuestras palabras, no solo esa persona sino también nosotros nos facilitaremos el camino hacia la paz.

Tahíta

 

 

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