DONACIÓN AMOROSA

 

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jueves, 30 de marzo de 2017

SÉ TU PROPIO AMADO


El mes de febrero, y el Día de San Valentín en particular, es un tiempo para celebrar el romance y el amor.

¿Por qué, cuando el Amor es nuestro derecho de nacimiento, la mayoría de nosotros vivimos nuestras vidas separados de su presencia sanadora?

Es porque hemos estado condicionados a buscar el Amor fuera de nosotros mismos, lo que lleva inevitablemente a una búsqueda a menudo interminable, y sobre todo insatisfactoria, de alguien que nos ame.

Sí, podemos disfrutar de amar y ser amados por otras personas, pero ese tipo de amor viene y va.

¿Qué pasaría si reconocieras que el Amor que verdaderamente deseas está siempre contigo, aquí mismo, ahora mismo, en ti?

¿Qué pasaría si te dieras cuenta de que el Amor no es algo que necesitas encontrar sino activar?

Durante eones, muchísimas personas que han accedido a grandes expansiones de consciencia a través de una experiencia cercana a la muerte, o meditación profunda o incluso un gran trauma, dicen que experimentaron el Amor irradiado hacia todo. La ciencia lo confirma. Ahora se sabe que todo - árboles, aire, hormigón, nuestro cuerpo, la hierba, las estrellas, e incluso la suciedad, están hechos de átomos preñados de luz.

Eben Alexander, neurocirujano y autor del best seller, Prueba del Cielo, escribió sobre lo que sucedió mientras estaba en un coma de siete días por una meningitis espinal. Cuando se le preguntó cuál era el núcleo de lo que experimentó mientras estaba fuera de su cuerpo, dijo:

"El amor es, sin duda, la base de todo".

De hecho, cada célula de nuestro ser está llena de Amor, y cuanto más nos abrimos a la verdad del Amor, ¡más radiantes nos sentimos!

Al aprender a vivir desde nuestro corazón, nos volvemos tan iluminados como el sol, dando la  energía del Amor no sólo a nosotros mismos, lo que es esencial, sino a cada ser que encontremos a lo largo del día.

Pero reconozcamos que para hacerlo tenemos que amarnos y aceptar nuestras sombras...

Hacer espacio en nuestros corazones para esas partes nuestras que ocultaríamos de buena gana…verlas con comprensión, dejar que nos toquen, en lugar de caer en ellas, y si caemos, bien va…ya lo lograremos en otra vuelta de espiral...

Acallar el crítico interior que nos acusa constantemente robándonos la paz de nuestra inocencia espiritual...

Aceptar que podemos sentir ira, irritación, duda, confusión, celos, envidia, tristeza, miedo, depresión, o lo que sea, sin dejar de ser valiosas piezas del rompecabezas divino.

¿Qué pasaría si viendo la naturaleza compulsiva de nuestra mente - ya sea acerca de sexo, comida, alcohol, trabajo, obsesiones, o la lucha misma contra algunos pensamientos - en lugar de declararles la guerra los consideramos desde el corazón como aprendizaje, procesos que no nos impiden amarnos?

¡La aceptación es magia!

Así que los invito a convertirse en su propio Valentín…en su propio “Amado”…ese amado al que todos los espiritualistas se refieren cuando tratan de guiarnos al Ser Esencial.

Luego de lograr acceder a ese Amor esencial, podemos sí irradiarlo a Todo.

En lugar de correr desenfrenadamente a comprar regalos, enviar tarjetas o saludos…trascendamos esa etapa infantil del Amor y re-descubrámoslo en nuestro centro, hacia afuera…cada vez que recordemos su verdadera esencia incondicional.

Puedes darte el gusto de hacer lo que desees...aún seguir el juego de las tarjetas, mensajes, corazones y regalos...que eso tampoco te impida AMARTE...con todas las letras...y respeta, sobre todo, el modo en que los "otros-yo" se expresan en éstos días.

Con Amor.

Tahíta

jueves, 23 de marzo de 2017

De la resistencia a la observación compasiva


Hace mucho tiempo, cuando era discípula recién iniciada de un Maestro con el que aún me contacto, en una época de crisis solía aparecerse en mis visiones diciéndome: “¡Endure!”…que significa en inglés, su lengua en ésta encarnación: “¡Resiste!”

Siempre interpreté esa palabra con uno de sus significados: soporta, aguanta sin decaer.

Sin embargo la palabra “resistir” tiene otra acepción que es menos recomendable, que es “rechazar con fuerza, oponerse con fuerza a algo”…y hubiera sido muy pernicioso haberla interpretado así, ya que eso puede destrozarte en medio de una noche oscura del alma.

Observen que se emplea mal desde ésta segunda acepción. Según la raíz etimológica es…

Re: volver a…

Sistere: detenerse, plantarse firme.

En ningún momento da la idea de “lucha” sino  todo lo contrario: detenerse  de nuevo; volver a detenerse o afirmarse para no caer, lo que se puede hacer centrándonos, enfrentando lo que llega, pero sin lucha.

Incluso, saben que heredo de una sabia maestra la costumbre de “jugar” con las palabras para descifrarlas en mensajes subjetivo. Así…”re-sistir” puede convertirse en un “re-asistir”. Cuando en la escuela nos tomaban asistencia, contestábamos “Presente” ya que tomar asistencia significaba cerciorarse de quién estaba presente.

Cuando pensemos en la palabra resistencia…podemos usarla internamente como un volver al presente, un detenernos y centrarnos para no desequilibrarnos, y olvidarnos de sus connotaciones de lucha u oposición.

Cuando en un texto sea usada con el criterio de oponernos enérgicamente, podemos soltarla.

Así, ante vientos externos u internos que nos azotan, centrarnos en el Espíritu y  soportar lo que viene confiando en nuestra resistencia es lo mejor, pero no luchar contra lo que enfrentamos…y noten que “enfrentar”, a lo que equivocadamente le damos la connotación de lucha, solo quiere decir “poner en frente”. Y ¿para qué querríamos solo ponerlo enfrente? Para observarlo conscientemente.

Y que ésta observación sea siempre compasiva (compasivo= “com-pasivo”…acompaño en presencia pero siendo pasivo en juicios)…o sea sin juzgarme ni juzgar…acompaño en ese drama interno. Solo acompaño. Eso como actitud interior.

Siempre tratamos de empujar el río, pero el río fluye solo. En lugar de estar siempre tratando de "hacer las cosas bien" podemos empezar a darnos cuenta de que estamos siendo despertados por la vida y la vida conoce el calendario de nuestra sanación, el calendario de cuándo decir "no" o decir "sí" y permanecer en conexión consciente con nosotros mismos. 

Podríamos resumirlo proponiéndonos algo así como:

"En este momento, en lugar de resistirme a la vida…elijo acompañarla. Elijo  ser observador, sin forzar el proceso.

Una bella cita de Pema Chodrón dice:

"Ante lo que surge, entrenémonos una y otra vez en mirarlo y verlo como lo que es sin ponerle nombres, sin arrojarle piedras, sin evitarlo. Que todas estas historias pasen. La esencia íntima de la mente es imparcial…surgen cosas y se disuelven. Es así como ES. "

 

Y así es como hallamos contentamiento y paz: dejando de forzar, solo dándonos  cuenta de lo que ES.

Amor a toda Vida.

Tahíta

¡PIEDRA LIBRE PARA NUESTRA SOMBRA!


Lo que pensamos que somos flota en el espacio sin límites de lo que realmente somos.

 Y nuestra mente (la misma que lucha) busca constantemente negar esto y mantenerse  atrapada en la lucha

Siempre que somos incapaces de mantenernos en el ahora, cada dolor emocional deja tras de sí un residuo de dolor que sigue activo en nosotros, solapadamente o no. Se fusiona con el dolor del pasado y queda alojado en nuestro  cuerpo y nuestra  mente. Este dolor acumulado es un campo de energía negativa. Eckhart Tolle lo concibe como casi una entidad invisible. Es el cuerpo de dolor emocional

Y tiene dos modos de operatividad: está inactivo o activo. Cualquier cosa puede dispararlo, especialmente si resuena con un patrón de dolor de nuestro pasado. El cuerpo del dolor quiere sobrevivir al igual que cualquier otra entidad en existencia y  sólo puede sobrevivir si arrastra a nuestro inconsciente, si lo engancha y lo controla por nuestra falta de presencia o sea, por dejarnos arrastrar inconscientemente al pasado.

Entonces se alimenta de cualquier experiencia que resuene con su propio tipo de energía, lo que crea más dolor en cualquiera de sus formas: ira, destrucción, odio, dolor, drama emocional, violencia e incluso enfermedad.

El único modo de disolver esos patrones alimentados con el inconsciente, ya sea de nuestros antepasados, otras vidas o hechos de ésta misma que han dejado su profunda huella inconsciente ¿cuál es?...HACERLOS CONSCIENTE. Detenernos como observadores aún antes de que se disparen o después, si ya hemos sido arrastrados en su corriente inconsciente.

Su supervivencia depende de nuestra  identificación con ellos, así como nuestro miedo a enfrentar el dolor que vive en esa sombra. Pero si no nos enfrentamos a ella, revivirán una y otra vez causando sufrimiento desde programas que “no somos”…pues no los queremos ni los reconocemos como algo con lo que deseamos identificarnos ¿verdad?

Allí está nuestra intuición en pie…NO SOMOS LO QUE DETESTAMOS …cuando nos arrasan esos patrones o programas. Y eso que sí somos tiene el poder de  señalizarnos, al menos lo que no somos, para pillarnos antes de ser arrasados.

Es una observación sin juicio en donde no somos culpables de nada…sino experimentadores que están sacando al área consciente todo lo que ya no quieren cargar…para que no se convierta en “nuestro destino” como decía Jung.

Sé que no les estoy diciendo nada que la mayoría no sepa ya, pero tenemos que re-cordarlo, es decir pasarlo repetidamente por nuestro corazón, no como órgano sino  por lo que es en nuestro campo energético, el centro intuitivo, que nos dirigirá siempre como centro operativo de “lo divino” a la resolución de todas las experiencias en ésta dualidad.

En nuestra sombra no hay monstruos…tal vez sí muchos “fantasmas” en forma de energías de personalidades múltiples, mas todos ellos no pueden ante el poder de nuestra presencia consciente…es más, no es necesario luchar, sino abrazarlos en consciencia perdonando la energía allí acumulada, redimiéndola y dándole un lugar consciente en donde si podamos elegir, desde lo que somos, cómo queremos actuar y  sentir, sin esas programaciones.

Enfrento estos fantasmas a diario…muchas veces al día y estoy  tratando y logrando cada vez más  descubrir sus escondites preferidos y darles un “piedra libre” como en el juego de las escondidas, para librarme y librar a todos los seres de esas zonas inconscientes que  nos dificultan una vida más plena.

Seguramente en el momento que observamos este campo de dolor, sintamos su energía dentro de nosotros  y es el momento de detenernos, poner atención en él y romper esa identificación…dejar de creernos que somos él y poder tomar la decisión de responder libremente. Se logra poco a poco, y cada vez tendremos más éxito en “pillarlo”. Cuando lo hacemos, actuamos desde una dimensión superior de conciencia: nuestra PRESENCIA y desde ella somos el testigo o el observador del cuerpo del dolor. 

Esto significa que no puede actuar más  haciéndose pasar por nosotros, ni puede alimentarse de nuestra inconsciencia.

Tratemos desde este mismo instante de “relacionarnos” con el dolor dentro de nosotros…en lugar de “identificarnos” con él pensando que de esa sombra deriva nuestra identidad.

Cuanta lucha llega, se presenta para señalarnos, mostrarnos, una porción de ese cuerpo de dolor para que podamos verla bien, desde fuera, para darnos cuenta así que NO SOMOS ÉL…ni lo que contiene.

Eso que contiene puede dejar de ser disparadores de sentimientos, pensamientos o acciones que ya no queremos en nuestro campo, para ser indicadores que den su “piedra libre” en éste juego en el que escondimos tanto dolor en la sombra que apenas nos animamos a seguir en el juego. Pero vale la pena…y como estamos todos tejidos en el mismo tapiz del SER…cuando logramos descubrir, concienciar y liberar esas sombras…lo hacemos, como en el juego de las escondidas…PARA TODOS NUESTROS COMPAÑEROS DE JUEGO.

Así sea, y ¡ASÍ ES!

Tahíta

 

 

Nuestros Guardianes


 

Los desafíos son parte de la vida.

Si nos resistimos a ellos, nos creamos sufrimiento

Pero si nos abrimos, ellos se abren ante nosotros mostrándonos su tesoro. No es casualidad que todos los tesoros de nuestros grandes mitos están ocultos en los lugares de difícil acceso.

Los tesoros más valiosos están escondidos y llegar hasta ellos no es al camino fácil de quien vive superficialmente, sino del que  atravesando sus miedos , se enfrenta a su sombra…en donde sabe que están los tesoros del conocimiento de sí mismo, de la sanación, de la unicidad.

Wendell  Berry lo expresó más o menos así en uno de sus poemas:

 

Andar en la oscuridad con una luz es conocer la luz.

Para conocer la oscuridad: camina en la oscuridad…anda sin ver.

Y encuentra que la oscuridad, también florece y canta,

Y que es recorrida con pies oscuros y alas oscuras.

 

Para conocer la luz, hay que animarse a recorrer la sombra, que florece y canta pues nos devela aquello oculto que tiene que mostrarse para abrazarse, amarse e integrarse…SIN MIEDO O CON ÉL.Y maravillosamente nos da a entender que hasta las criaturas más angélicas la transitan…no solo pies oscuros, sino alas oscuras.

Una herramienta muy práctica cuando nos enfrentamos a las tormentas que se mueven a través de nosotros o  alrededor nuestro en forma de retos, es ponerle un nombre a nuestra experiencia. De esa manera, elegimos relacionarnos con lo que sea que aparezca, en lugar de perdernos en ello, de darle el poder de invadirnos y tomar el control.

Por ejemplo, podríamos denominar a una experiencia "depresión”... diciendo "percibo que la depresión está aquí." En lugar de "estoy deprimido." Pero me resulta más eficaz darle un nombre diferente... la palabra "depresión" tiene tanto cargado, que de por sí agobia más…por lo tanto es una oportunidad única comenzar a darle a esos estados que ocultan de nuestra verdadera percepción lo que hemos cubierto, en cualquier tiempo y lugar, otro nombre. Y si entendimos que este estado no consciente nos mantiene distraídos de lo que estamos viviendo en verdad, aquello que ahora aceptamos experimentar, podríamos llamarlo de otra forma. Yo he elegido llamarlo "el guardián." A medida que reconozcamos a este guardián y lleguemos a conocerlo... comenzaremos a notar las sensaciones físicas que vienen con él sin huir, pues al observarlo sin permitirnos escapar…su función de guardián, o de cuidador, o como decidan llamarlo, cambiará y nos abrirá las puertas para que enfrentemos aquello  que custodiaba.

El Guardián, como lo llamo, es útil hasta que tenemos el valor y la fuerza suficiente como para pasar a mayores y atrevernos,  aún vulnerables, a conocer lo que escondía para sanarlo. Es un acto de libre albedrío reconocerlo, hacerlo consciente y hacernos cargo de lo que custodiaba. No siempre lo que escondimos se presentará a la mente…lo importante es PERMANECER Y SENTIR lo que sea, para que solo se diluya por poder de nuestra presencia consciente. En éstos tiempos, ni siquiera tenemos que revivir hechos traumáticos como en el psicoanálisis…por gracia, y debido a la llegada de tantos cambios energéticos, el abrirnos y poner la intención de hacernos cargo, comienza el proceso de sanación.

Es una sanación muy sutil. No importa si nuestros cuerpos y mentes no muestran una condición sana inmediatamente…siglos lineales de percepciones erróneas no se pueden quitar de un plumazo. (En realidad sí se puede...fuera de la linea del tiempo) Pero estén seguros que uno a uno, cada estado “guardián” cede permitiéndonos más liberación.

Cuando percibo que un estado desequilibrante o perturbador  acecha mi mente u emociones…o aun habiendo ya caído en su campo energético…trato de reunir fuerza y con coherencia (cuerpos unificados en el presente) pregunto:

“¿Qué ocultas? Aquí estoy…ABRE”

Es como en el cuento…cuarenta ladrones ( o más) en forma de estados alterados o al menos que no reconocemos como  esenciales, nos han escondido un tesoro…y no es coherente  tratar de luchar contra cada uno de ellos, cuando tenemos un estado intencional y de Presencia consciente que con un “ÁBRETE”…comienza el proceso.

Soy paciente conmigo misma. Soy paciente con el guardián que disfrazado de pensamiento o emoción compulsiva me sale al paso. Soy paciente sabiendo que lo he creado y he creado aquello que oculta.

La Vida determina siempre el momento justo de  cada pequeña liberación…mas le hago saber que estoy intencionalmente abierta y lista para el “ABRE”.

 

En Unidad.

Tahíta

REGALOS


Muchos colapsaron ante el triunfo de Trump, en la mayor potencia del mundo…otros se sienten sobrecogidos de temor por el avance del terrorismo  y muchísimos no pueden creer la devastación provocada por los incendios en Chile, el paso de aluviones de lodo que se llevan pueblos enteros o las consecuencias de la deforestación y el cambio climático.

En lugar de reaccionar a todo lo que sucede en estos tiempos cada vez más caóticos, se nos da una oportunidad importante de responder inteligentemente en lugar de reaccionar a todo lo que se presenta, sea donde sea que vivamos ésta experiencia humana.

¿Podemos responder lo más cercanamente posible a ese cetro de Paz esencial que es nuestro verdadero Ser? No siempre podremos centrarnos completamente como para que las cosas “nos resbalen” pero sí podemos, con cada cosa que nos toca de cerca o aún en las noticias, probar situarnos algo por encima del personaje que se involucra de lleno en “la historia” …aunque sea un poco por encima para que cada aluvión no nos arrastre y cada fuego no nos queme y cualquier personaje político que surja pueda ser visto desde esa postura como “un voluntario” que viene a ponernos las “papas en el fuego” para que aprendamos a no meter las manos donde no es conveniente…o la cabeza, bah!

Lo peor es meter la cabeza en esos asuntos ya que la mayoría piensa en la vida en lugar de experimentarla, viviéndola de segunda mano, o sea mezclando opiniones, conceptos, creencias, dramas creados y aumentados por los medios de comunicación o por nuestros temerosos egos.. Como dijo el maestro zen Alan Watts una vez:

 "No importa cuántas veces pronuncies la palabra agua, nunca te mojará".

¡Tienes que mojarte para saber lo que es el agua, o beberla o cualquier cosa que sea experimentarla! No pensarla.

¿Estamos usando con discernimiento nuestra mente  en lugar de estar perdidos en ella? ¿Cómo nos cabe eso de “responder” en lugar de “reaccionar” no importa lo que nos esté sucediendo? El primer paso es profundizar. Cuando aprendemos a profundizar en aquello de lo cual nuestra  mente está hablando, podemos darnos cuenta que en su usual fase parlanchina nos quiere convencer de lo que le gusta y lo que no le gusta, lo que siente que está bien y lo que está mal, lo que es bueno o es malo. Si observamos desde  un poco más cerca, nos damos cuenta que de que todo es alimentado por el miedo y ese señor, siempre se acompaña de otro buen amigo: el juicio

 La mayoría de las veces el miedo aparece como un sutil sentimiento de malestar, pero puede surgir como olas de ansiedad e incluso de terror. Lo mismo es cierto sobre el Juicio. La mayoría de nosotros juzgamos demasiado, aún sin darnos cuenta. Y allí están éstos boicoteadores, impregnando  la mayoría de nuestros pensamientos. El lugar de poder ver con mayor claridad, nos aterramos por lo que creemos dramas inesperados (cuando en realidad son eventos sincronizados por el alma con un fin)…y esgrimimos el juicio, y tal vez recurramos al ataque.

Nos olvidamos de la compasión…a los que creemos “los otros” y a nosotros mismos, porque haciendo uso del ataque, nos atacamos y nos perdemos de la paz que  la inofensividad  nos regala.

La compasión es un regalo. La inofensividad es un regalo. El no ataque es un regalo. Pero…

¿Podemos ver como un regalo maravilloso de la vida que Trump haya ganado unas elecciones, que el fuego limpie lo que vino  a limpiar, que un alud de barro cumpla con el propósito que muchas almas eligieron, y lo mismo con el cambio climático, la deforestación, etc?.

yo me he indignado con muchas de esas cosas… (yo con minúscula) …hasta que Yo comprendí que  la mente no alcanza a develar la perfección montada tras la escena.

La vida nos traerá diferentes situaciones donde podemos “comenzar a ver” nuestro  miedo y los juicios que emitimos en lugar de ser arrastrados o dirigidos por ellos. Como Pema Chodron dijo una vez:

"Prefiero crecer y relacionarme con la vida directamente a vivir y morir con miedo"

Una de las cosas más poderosas que podemos hacer para sanar lo que parece caos es sanar nuestra manera de ver las cosas, o sea, nuestras perspectivas. Tu sanación, sana “el campo”, la matrix, la zona en que todos somos sanados por los que van despertando a otro modo de ver las cosas y de influir en ese espacio sagrado.

Nos estoy haciendo una invitación a ver que todos vivimos en el miedo y el juicio . Todos exageramos, negamos, atacamos, defendemos y juzgamos. Estas cualidades dentro de nosotros pueden no ser tan evidentes, porque somos muy buenos en esconderlas incluso de nosotros mismos, pero están allí dentro de nosotros de la misma manera que lo están en lo que llamamos “fuera”, creando los hechos que repudiamos y en “los otros”, que nos reflejan.

Lo doloroso que vemos  aparece para ser sanado.

No se trata de entrar en una lucha denodada contra lo que sentimos y no nos agrada, sino de darnos cuenta de esos contadores de historia que llevamos en la mente y que nos cuentan la historia a su manera, basándose en viejos programas…ahora podemos ir viéndolo y elegir, no la lucha sino la observación consciente para sanar y dejar de culpar, de echarnos más miedos encima y de tratar de  pasar todo por la lógica.

Tardaremos un poco en crear los puentes inexistentes aún entre el verdadero saber de la intuición y los procesos mentales, pero entretanto, podemos  aceptar quedarnos suspendidos en el no saber, en lugar de juzgar o reaccionar.

Estamos recién aprendiendo a ver esos programas antiguos y aprendiendo a no dejar que nos sigan manejando…solo concientizándonos. Y en esa transición, los “trumps”, los “Hitler”, las catastro-fes (mediciones de fe), etc…son las herramientas que permitimos, aceptamos y agradecemos, aunque nos duelan en la parte  más humana.

Cuando juzgamos lo que sea, también nos juzgamos a nosotros mismos Te invito a decir, "¿Qué estoy dispuesto a ver acerca de mí en éste juicio que estoy  haciendo? Contestando esta pregunta, en lugar de perderte en  lo que pasa te estás respondiendo a ti mismo, a lo que te enrostras disfrazadamente.

Avanzando de la mente lógica a la intuición, descubriremos que ella, a diferencia del intelecto, es inclusiva y no exclusiva, es empática más que crítica…ve más allá de lo que los sentidos perciben… no importa cuál sea el color de nuestra piel, nuestra religión, nuestra orientación sexual, nuestro género o incluso nuestras creencias políticas, sabe que estamos todos juntos en esto, cada uno de nosotros siendo un hilo necesario en el tapiz de la totalidad.

La vida está en constante evolución. Entre un patrón que ya no funciona y se desvanece y uno nuevo que está surgiendo, siempre hay caos.

 ¿Qué pasaría en nuestra vida si comprendiéramos que la vieja manera de reaccionar con temor y juicio está cediendo para que una inteligencia más allá de la lógica surja y nos libere de las apariencias dramáticas?

Esto está sucediendo dentro de cada molécula de vida.

Lo que queda es permitirnos rever el miedo, la culpa, nuestras nociones de dramas, etc…comenzando a dejar  que funcione en nosotros esa inteligencia inmensa,  a puertas abiertas…convirtiéndonos en parte de la cura… sin juicio, sin ataque, sin limitaciones mentales.

¿Podemos “percibir” el regalo en cada persona situación cosa que estemos “viendo por encima” desde nuestra programación antigua y desechable?

¡Adelante con las nuevas gafas!

 

EJERCICIO SIMPLE DE UN CURSO DE MILAGROS…

Hay otra manera de ver el mundo.

Puedes cambiar tu percepción del mundo tanto en su aspecto externo como en el interno.

Mira simplemente de pasada al mundo que percibes como externo a ti. Luego cierra los ojos y examina tus pensamientos internos de la misma manera. Trata de ser igualmente desapegado con ambos, y de mantener ese desapego cuando repitas la idea en el transcurso del día.

En estas prácticas, di:

Hay otra manera de ver esto.

Recuerda aplicar la idea en el momento en que notes cualquier molestia.

Quizá sea necesario sentarte en silencio un minuto más o menos y repetir la idea para tus adentros varias veces.

Cerrar los ojos probablemente te ayudará en este tipo de aplicación.

Hay otra manera de ver esto.

Con amor.

Tahíta