martes, 4 de marzo de 2014

La bolsa, el colador y el Espíritu Encontrador….


Periódicamente Juan recoge las cáscaras de las dos naranjas que come cada día y la reserva secándolas para usarlas en una bebida natural que prepara.

Periódicamente, Elías come pastas y como es demasiado exigente con todo, no quiere utilizar para colarla un colador que se apoye sobre la pileta, sino que me pidió uno con mango para sostenerlo en la colada de fideos, sin que toque nada.

La semana pasada compré un colador, aunque sabía que tenía uno en el garaje en unas cajas a cierta altura, mas de regreso a casa por la calle, se deslizó fuera de la bolsa y lo perdí. Ouuuup.

Mientras…Juan estaba llenándome la cocina de hermosas y largas cáscaras de naranjas que descendían enroscadas de cuanto adorno colgante reloj o taza penden de las paredes de la cocina.

Recordé una bolsa de trama abierto, roja, en las que vienen las verduras a las verdulerías, que justamente pedí a mi verdulero para poner dentro hierbas medicinales que pongo a la sombra y al aire a secar…solo que mi memoria no es tan exuberante como mi intuición, por lo que por lo general la segunda debe suplir ampliamente a la primera.

Ayer, Elías protestaba en busca de su colador con mango y por toda la cocina las fragantes cáscaras de naranjas comenzaban a caer al piso cuando tocabas una taza o un paño repasador…así que como siempre, pedí ayuda interna. Había estado buscando la bolsa desde días atrás en cuanto cobertizo y galpón hay en la casa, sin recordar su paradero. Me dirigí al garaje a llevar unas botellas vacías para reciclar, habiendo entregado el asunto al maestro interno cuando miré hacia arriba y vi dos cajas grandes .Fui decidida hacia una de ellas creyendo que allí había un colador de pastas con mango, pero ,me dí cuanta de que era muy pesada y lo dejé para otro momento en que Elías estuviera cerca para bajarla…pero antes de irme toqué “sin querer” la otra de al lado, la que me sonó liviana por lo cual en puntillas logré empujarla hacia el borde del estante y la bajé.

Pues dentro no había un colador de pastas, sino dos, casi nuevos y esperando ser de utilidad…además encontré un recipiente adecuado para conservar un alimento que hace días estuve a punto de comprar, que no recordaba tener, un mate y muchas cosas que me eran necesarias. Contenta, soplé el polvo de lo que decidí trasladar a la cocina y traté, también en puntillas, de reacomodar la caja, que estaba muy alta en la parte superior de un mueble y no pude al primer intento. Tomando aliento la empujé suavemente y no tanto al segundo intento, y de encima, no sé cómo voló sobre mi cabeza aterrizando a mis pies todo un lote de bolsas de plástico prolijamente anudadas, livianas como plumas pero demasiado “sincronizadamente” lanzadas hacia mí.

Luego de acomodar la caja, pude haberla tirado de nuevo por allí, pero no dejo de pasar esas sincronicidades, así que desaté la bolsa exterior, y la otra, y dentro…estaba la bolsa roja de red que tanto buscaba. Me sentí feliz…no por el colador y la bolsa que realmente eran bienvenidas, sino por la presteza con que responde el espíritu a las cosas más pequeñas, no tan pequeñas y mayores que le dejamos en sus manos, si realmente lo hacemos y permanecemos atentos a ser llevados hacia lo que pedimos.

Pedir es fácil…mas luego está el confiar absolutamente en ser guiados y saber que está en marcha, no importa si se tarda o no…y NUNCA desperdiciar cualquier pequeño hecho que se nos muestre. Si la intención es buena y eres parte de la trama del espíritu de manera conscientemente atenta, todo se hace más fácil

Cada cosa que llega porta además un don…cuando perdí por la calle el colador nuevo, sentí que se me advertía que estaba perdiendo la atención en lo que filtraba lo esencial de lo intrascendente…después de dejar de lado asuntos no esenciales y dedicar una hora al día a contactar en silencio y a SENTIR la presencia del espíritu…él me mostró que no necesitaba comprar nada que tenía mucho más guardado (dos coladores, no uno), pero que debía estar atenta y disponible para poder utilizar esos dones que siempre traen algo más aparejado (la bolsa)…un recipiente o canal de trama abierta, abierta al Espíritu…para que pongamos las fragantes señales que cada día abundan y se nos muestran…y como no hacemos caso…comienzan a hacerse evidentes y “recargarnos”…hasta que le damos la atención debida, las ponemos en un sitio adecuado disponibles para ser aprovechadas, no sofocadas y enmohecidas, sino aireadas en la red de la amorosa consciencia del momento presente.

SÍ ES!!!

Tahíta.

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