martes, 30 de mayo de 2017

Enfrentar nuestros Demonios Internos


El título de arriba es exactamente el de un artículo totalmente  “combativo” ante lo que se suelen llamar demonios internos, y a lo que nosotros, guiados por  genios como Jung, denominamos “sombra”…que por supuesto es  parte nuestra y una parte necesaria y valiosa…si no,  no existiría.

Es cierto que todos tenemos esos “demonios”, y que nos acompañan  durante todo el proceso de la vida, aunque cambien de disfraz, pero más cierto es aún que no tenemos que “lidiar” o “luchar” contra ellos. Ya que nos tomamos tanto tiempo para crearlos y esconderlos en el inconsciente, lo mejor es que comencemos a dejar que salgan a la luz y darles la atención debida, sin miedo ni vergüenza.

No considero que sean como dicen, aspectos que “debemos dominar”…ya que estamos aprendiendo que no estamos en dominio ni control de nada, y poco nos ha servido hasta ahora esa actitud controladora, tanto hacia nosotros como hacia los demás .Estos demonios no tienen como labor exclusiva sabotear todos nuestros intentos por tener éxito, sino que nos muestran los aspectos a aceptar y a amar.

A lo largo de nuestra vida, vamos asimilando vivencias, recuerdos, experiencias, frustraciones, sinsabores, alegrías, tristezas y una larga lista de cosas que hasta ahora considerábamos no dignas de ser mostradas y tratamos de esconder…pero no por eso dejan de influenciarnos, pues el inconsciente tiene una enorme injerencia en nuestra vida, por lo tanto, lo ideal es dejar que fluyan  a su momento, o sea cuando el Alma lo decida, lo muestre y luego  desde nuestro aspecto testigo, ver, observar profundamente eso que tanto nos disgustaba mostrar y permitirnos luego SENTIR lo que tanto evitábamos.

Si lo hacemos así, volviéndolos conscientes, evitamos los estallidos emocionales que provocan desde la parte “sombra” o inconsciente, o al menos los suavizamos, ya que el trabajo es de por vida.

Eckhart Tolle dice que estos aspectos llegan casi a configurar una especie de entidad que actúa por modus propio, a la que llama “el cuerpo de dolor”…y lo importante es mantenernos conscientes para que no actúe precisamente como una entidad separada y dominante. De a poco…ese cuerpo de dolor va haciéndose cada vez menos potente, cuando ya no nos identificamos con todo lo inconsciente, sino que lo aceptamos solo como partes fragmentarias de una historia pasada que podemos trascender, sin necesidad  de que nos tome como presas…sino viéndolas como  componentes evolutivos que fueron necesarios y que luego de reconocer, podemos soltar en paz.

Nos han llenado tanto la mente con otras historias  como las de demonios reales y ángeles caídos, que nos olvidamos de considerar que solo son símbolos de esas emociones que por miedo ponemos bajo la alfombra.

En éstos momentos evolutivos tan intensos no se mantendrán más ocultas, y surgirán ante cualquier disparador…por eso es conveniente estar alertas, atentos y tratar con la mayor calma posible de hacer frente a cuanto llegue, compasivamente y agradeciendo poder ver, comprender, aceptar y soltar lo que fue creado en el pasado, que ahora surgen en el presente.

Eso de catalogar a una emoción de alta o baja vibración  es para soltar…en su lugar solo nos permitiremos SENTIRLA…y cómo la sentimos nos dará la pauta para catalogarla, o sea que no nos llevaremos por carteles externos que la cualifiquen…y menos la dejaremos ir sin experimentarla. Por ejemplo, nos dicen que la tristeza es de baja vibración y no tenemos que  dejarla expandir…por cierto no es agradable, pero si llega trae encubierto un dolor antiguo que se ha activado, y aceptar sentirla no la expande, todo lo contrario…permite que esa energía se manifieste y se extinga dejando de aparecer cada tanto. Si seguimos negándonos a lo incómodo…volverá potenciado sin permitir salir lo que encubre…sea lo que sea y  que podemos, al exponer, dejar desaparecer.

Es una práctica de sanación que nos va a producir cierto miedo, pero precisamente el miedo es una de las cosas que siempre volverá si no lo dejamos entrar…y no hablo de hacerlo mayor con elucubraciones mentales sino de solo respirar hondo y permanecer presentes.

Algunos lamentables artículos de internet nos hablan de “excluir” esas emociones… ¿cómo  podemos excluir lo que creamos para trabajar luego con ello y crecer?...no estaremos completos hasta que dejemos de tratar de separar la sombra de lo que somos humanamente en tarea.

Otros artículos hablan de “combatirlas”….y la verdad es infantilismo, respetable en cierta etapa, pero sabemos los resultados de vivir en lucha con lo que sentimos.

Lo más simple y natural es abrirnos a lo que llega, conscientes de nuestra presencia interior que puede tratar y ocuparse desde un nivel alto y profundo…ella sí que puede manejar el asunto. Es lo mismo que pedirle al Espíritu que se encargue de ellas, sin lucha humana.

Por eso seamos cuidadosos con todo ese material que nos insta a ponernos en guerra contra lo que surge…si surge: así está permitido para sostenernos en nuestra Presencia o el Espíritu, y simplemente afrontarlo con amor compasivo, sin luchas desgastadoras.

La fortaleza del Espíritu del que somos partes y el Amor compasivo hace innecesario que tomemos  todo como una lucha en la Vida…y nos permite abrazarlo como la tarea evolutiva que el Alma planificó en cada viaje a la reencarnación.

Siendo Amor.

Tahíta

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