viernes, 28 de junio de 2013

¿QUÉ HACEMOS CON ESAS EMOCIONES?


Sí, esas emociones… las que parecen venir de la nada y nos arrastran vez otras vez, como si estuviéramos por ellas poseídos. Esas que nos hacen hacer o decir cosas que sabemos que vamos a lamentar, y sin embargo, no podemos frenar.

¿Qué podemos hacer con esas emociones? Reflexionemos juntos sobre algunos puntos.

Primero: las emociones son neutrales, no son buenas ni malas. Es la mente la que las juzga, es la mente la que decide que algunas están bien y otras no. Es nuestra mente la que nos hace sentir culpables o mal por tener ciertas emociones, y conformes por experimentar otras. Así que no hay necesidad de rechazarlas, suprimirlas o sentir vergüenza por ellas.

Segundo: las emociones son simplemente expresiones diferentes de energía. Al igual que a veces el clima está tormentoso, y a veces calmo. A veces está oscuro y lluvioso, otras, luminoso y soleado. Así es la vida. Como es adentro es afuera, y viceversa. Podemos quejarnos y decir que no deseamos que esté lluvioso, que queremos que esté soleado, pero… ¿podemos cambiar eso? Sólo nos hace sentir impotentes, eso es todo. Y entonces, perdemos la alegría que una hermosa lluvia podría inspirarnos y los maravillosos misterios que la oscuridad devela. Desperdiciamos tesoros, empobrecemos nuestra vida con expectativas e ideas de “cómo debería ser”, tal o cual cosa.

Lo mismo sucede con las emociones - no son más que la energía, unas veces tormentosa, y otras, soleada. Y como toda forma de energía, siempre están cambiando y moviéndose.

Tercero: las emociones no son perjudiciales, a menos que nos identifiquemos con ellas. Y la identificación pasa por la mente. Por ejemplo, cuando estamos tristes, la mente siempre tiene una razón - "Estoy triste porque mi pareja me ha dejado por otra/o”. Y entonces, nos ahogamos en la historia, en el drama que nuestra mente repite una y otra vez, encarcelándonos.

Ahora, puede ser un hecho que nuestra pareja haya encontrado otra persona que nos reemplace, y está bien si nos sentimos tristes. Esa es la realidad. Una vez que reconocemos la realidad, tenemos una opción. Podemos perdernos en la historia, las justificaciones - la mente nos acorralará con pensamientos acerca de que algo mal hay en nosotros, por lo cual haya preferido a la otra persona, o nos martillará: “¿cómo pudo hacerme esto?”, “¿cómo podré vivir sin él/ella?”, etc etc etc .Podemos rumiar esto durante días semanas o meses (todos sabemos muy bien cómo hacerlo).

Pero la atención plena en el presente, o la meditación, pueden ofrecernos otra alternativa. Cuando digo meditación digo…cualquier modo de dejar la mente fuera de escena, aunque sea mínimamente. Con la ayuda de la meditación, podemos separar la emoción de la historia que la mente ha creado a su alrededor. Ante el ataque de los pensamientos dramáticos, podemos reconocer: “Esta es la mente", y dejar que ella mastique el drama sin darle demasiada energía, como si fuera un perro viejo mascando un hueso también antiguo. Y podemos poner nuestra atención en profundidad, en la sensación física de la emoción misma.

El primer paso es reconocer que sí, efectivamente… “la tristeza está ahí”. Esto es una cosa muy diferente a decir "estoy triste". Y luego podemos permitir que la tristeza “esté allí”, como cualquier otra energía, sin juzgarla o tratar de rechazarla. Es, después de todo, una energía, y la energía es siempre neutral, cuando la mente no la califica.

No se trata de entregarnos a la emoción: la indulgencia significa estar atrapado en las razones de la mente, en una historia que nos cuenta como víctima. En cambio, esto se trata de explorar con un corazón abierto y sin prejuicios: ¿qué es la energía de la emoción llamada “tristeza”? ¿Cuál es la sensación física que me produce la misma?

Cuidado con las etiquetas peyorativas de la mente - por ejemplo, la mente puede clasificar la sensación como "pesada"”oscura”, lo que es un juicio. En su lugar, tratemos siempre de encontrar una palabra que no juzgue - por ejemplo, “profunda” o “aquietada” o “pasiva”. ¿Podemos seguir sintiendo lo que es la sensación de esta energía? ¿Cómo la sentimos en el cuerpo? Se trata de mover nuestra atención de la mente al cuerpo.

En realidad, tal vez podamos sentir que la tristeza tiene profundidad, e incluso dulzura. Hagamos nuestro propio descubrimiento. Todas las emociones tienen ciertas cualidades energéticas. Por ejemplo, la ira puede ser como un incendio abrasador. Con una energía así, yo he limpiado mi casa en un corto tiempo, en lugar de encerrarla en la mente o volcarla a otras personas…Es cierto!!!

Y la magia es, que si realmente podemos permitir que todas las diferentes energías “estén allí “cada vez que lleguen a nuestra vida, nunca sin un propósito, provocadas por una situación u otra, entonces no somos ya su esclavo, sino su testigo. Podemos verlas ir y venir, incluso disfrutarlas y utilizar esas diferentes energías de una manera creativa, y enriquecernos con ello.

Permitámosles estar allí cuando están allí, y no tratemos de desecharlas o encubrirlas…pues aceptarlas es el primer paso para que vayan siendo transformadas y maduren con nosotros. En un momento podemos estar llorando y al rato estamos riendo…eso es porque las emociones son versátiles, están continuamente cambiando….entonces….no dejemos que la mente nos haga prisioneros de estados que cambian, maduran y se renuevan si los dejamos jugar su juego sin entrar en el drama…sino solo observando el aprendizaje al que nos invitan.

Para que quede claro …usar nuestras emociones de una manera creativa no significa volcarlas sobre otra persona. La emoción estaba en nosotros…tal vez alguien hizo algo que la provocó, pero es nuestra reacción emocional, nuestra energía, no la de ellos. La ira, o lo que sea, ha surgido en nosotros, como reacción. El propietario de ella, (el que la siente) reconoce que surge de sí mismo, y asume la responsabilidad por ello. Entonces sí, podemos utilizar esta energía de manera creativa, correr, danzar, limpiar la casa, cantar, golpear almohadones, etc.

Si culpamos a alguien, estamos perdiendo el punto y negando nuestra propia energía, ni que hablar de que además estamos atrapados en una vieja rutina de la que no hayamos escapatoria, un círculo repetitivo impulsado por la mente. En su lugar, tratemos de decir a la otra persona, “Estoy sintiendo ira mí en este momento, y es mi ira, mi energía, así que tengo que ir a correr o bailar o dar un buen grito o golpear algunas almohadas”. O sentarnos solos y observarla. O todo lo anterior. Entonces podremos responder a la otra persona…no reaccionar.

Asumir la responsabilidad de que 'esta es mi reacción ", también nos da la oportunidad de ver qué idea o creencia en nuestra mente inconsciente está causado esta reacción, esta energía que surge. ¿Qué parte de nuestro ego se sintió herida, perdida, temerosa, insegura o culpable? ¿Qué vieja herida o miedo los otros, sin saberlo, desencadenan en nosotros? Puede ser una maravillosa puerta para descubrir otra capa inconsciente debajo de la que se esconde nuestro verdadero ser.

¿Resuena todo esto en ti?….Entonces a llevarlo a la práctica, que es el único modo de llegar a la maestría absoluta en la escuela del aquí y ahora.

MI CORAZÓN LES ABRAZA!

Tahíta

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